El Museo Thyssen rescata del olvido la rebeldía de Regoyos, máximo representante del impresionismo

La pinacoteca acoge una exposición temporal en la que muestra a través de 61 obras la luz y el color del pintor
Baronesa Thyssen inaugura la exposición temporal de Darío de Regoyos en Málag
Baronesa Thyssen inaugura la exposición temporal de Darío de Regoyos en Málag
EUROPA PRESS / LEFOE-JOSEGONZALEZ

Desde su juventud, Darío de Regoyos rechazó los formalismos y restricciones que limitaran su libre manera de entender el arte, tanto que, se le describe contradiciendo a su padre en el deseo de que, siguiendo la tradición familiar, fuera arquitecto. El Museo Carmen Thyssen Málaga ha rescatado del olvido a este pintor con una exposición temporal, titulada 'Darío de Regoyos (1857-1913). La aventura impresionista', en la que invita al visitante a sumergirse en la luz y el color de los paisajes del máximo representante del impresionismo español.

Regoyos es el único al que cabe inscribir, por derecho propio, dentro de la corriente del impresionismo español, tal y como ha reivindicado este viernes el comisario de la muestra, Juan San Nicolás, durante la inauguración de la misma, a la que también han asistido la presidenta de la Fundación Palacio de Villalón, la baronesa Carmen Thyssen; el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, la directora artística del museo, Lourdes Moreno y el gerente, Javier Ferrer.

La muestra, compuesta por un total de 61 obras y organizada con ocasión del centenario del fallecimiento del pintor, llega a Málaga después de haber pasado por el Museo de Bellas Artes de Bilbao y el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, y estará abierta al público hasta el próximo 13 de octubre.

Una vez que el visitante se adentra en la sala de exposiciones temporales, podrá descubrir la originalidad cromática y la audaz representación de los fenómenos lumínicos y atmosféricos del pintor de origen asturiano junto a los aguafuertes y óleos que representan la tradición cultural española más sombría, que formularía la estética de la España negra.

Entre las piezas más relevantes de la exposición destacan 'Los almendros en flor' (1905); 'La Concha, nocturno' (1906); 'Las redes' (1893); 'El gallinero' (1912) o 'El baño en Rentería' (1900).

Pero, la exposición da a conocer no solo sus obras, sino también al personaje que se oculta tras ellas, y que "es tan importante como su obra", según ha subrayado la directora artística del museo. El propio Regoyos se definía a sí mismo, en una carta escrita en 1910, "como un amante de la libertad, de la paleta y de la guitarra".

Regoyos fue, en palabras de la directora artística de la pinacoteca, "un amante de la libertad, un viajero incansable que recorrió toda España buscando inspiración y paisajes que plasmó con un lirismo especial". Tanto Moreno como el comisario de la exposición, Juan San Nicolás, han matizado que se mantuvo "valiente, fuera de todas las corrientes".

Por ello, la muestra comienza con una presentación del pintor, en la Sala Noble, a través de documentos y libros que contextualizan su vida y obra, destacando un autorretrato y algunos retratos realizados por sus amigos, como 'Guitarrista. Retrato del pintor español Darío de Regoyos' (1882), de Théo van Rysselberghe, que muestra el lado más humano del artista.

Según han explicado, ha sido precisamente esa independencia y su rechazo a someterse a las normas y disciplinas que en aquella época "gobernaban los criterios de elogio y aplauso a los pintores", las razones de su olvido. "Esta exposición es el mejor homenaje que se le puede hacer a un pintor que en España ha sido olvidado por ser impresionista", ha señalado.

En este sentido, el comisario ha definido a Regoyos como "un rebelde", porque "luchaba en contra del clasicismo y esa lucha le llevó a ser impresionista y a irse de España". Pronto entendió que España estaría limitado por la presión que los autores consagrados y la Academia ejercían sobre los artistas. "Nunca fue esclavo de las normas", ha sostenido el comisario. De ahí sur marcha a Bélgica, donde tuvo la oportunidad de formarse.

Se trata de un pintor que, ha explicado San Nicolás, pasó del preimpresionismo al puntillismo para volver después al impresionismo, "con una riqueza en sus matices y texturas" que enriqueció sus obras. "En España solo tuvimos uno", ha reivindicado.

Así, en sus obras recoge un paisaje que para él "estaba denostado". "Es alguien que sinceramente pinta lo que piensa, lo que en un momento determinado veía, y es tan honesto que no lo retoca para dejarlo bonito". Según ha explicado, Regoyos sigue pagando aún hoy el rechazo inicial de su época.

Durante la presentación, la baronesa Carmen Thyssen se ha declarado una "gran admiradora" de la obra de Regoyos, y ha expresado que "me emocioné" al contemplar la exposición en Madrid. "Es un orgullo presentar una obra de esta belleza y con esta importancia histórica", ha afirmado.

Asimismo, la baronesa ha explicado que "mi ilusión, y por lo que siempre estoy luchando, es porque nuestros pintores salgan a la luz", agregando que "han estado muchos años olvidados".

Por su parte, el alcalde de la ciudad ha afirmado que esta exposición temporal servirá para atraer visitantes y fortalecer el proyecto cultural del Museo Thyssen de Málaga. "Las exposiciones temporales son claves para el éxito y la proyección del museo se consolide", ha señalado.

TRAYECTORIA

A lo largo de su amplia producción, la pintura de Regoyos tuvo varias etapas. Un primer periodo belga, en el que aparecen retratos y paisajes y el interés por los efectos de la luz. Le sigue lo que él mismo denominó la serie 'España negra', más filosófica y simbolista, y que le convierte en "precursor de la generación del 98". Después un periodo marcado por la técnica puntillista, que conoció gracias a su amistad con pintores como Seurat, Signac y Pissarro, y por último, el Regoyos impresionista.

Así, hasta los años finales del siglo, compaginó sus estancias de trabajo en Bélgica y España. En Bruselas se vinculó a dos de los grandes grupos artísticos más avanzados, L'Essor y Les XX, y se dejó seducir por una pintura en ocasiones algo sombría, pero siempre interesada por los efectos lumínicos.

En 1887 se interesó por el neoimpresionismo, o divisionismo, tras conocer en París y Bruselas sus primeras formulaciones de la mano de Seurat, Signac o Pissarro. 'Las redes' es una obra muestra de este periodo, que en Regoyos fue breve, debido a que esta nueva técnica le impedía pintar al aire libre. Después emplearía, ocasionalmente, el característico toque puntillista para conseguir nuevas texturas y matices de luz en sus paisajes.

Para Regoyos, el impresionismo era "un infinito capaz de renovarse siempre, al ser el reflejo de ese otro infinito, la naturaleza, que se transforma constantemente". Precisamente fue el paisaje lo que le permitió investigar sobre la luz y el color en sus distintas gradaciones y matices.

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