Iman, 1992
Iman, una de las mujeres que cambió el canon de las supermodelos © Michel Comte

La lejanía casi intocable de la primera supermodelo, Lisa Fonsagrives, culta y esnob; la refinada Suzy Parker, la angulosa Dovima, la cien por cien pop Twiggy, la dulcemente loca Veruschka, quizá la última de una estirpe de damas que nunca se dejaron mercadear... Son solamente media decena de referentes históricos para las top model más recientes, las mediáticas y globales Kate Moss, expuesta desde los 14 años al ojo del público; Claudia Schiffer, Naomi Campbell, Amber Valleta... El etcétera crece a diario con la búsqueda casi enfermiza de nuevas mujeres-objeto para vender esto y aquello.

Supermodels, then and now (Supermodelos, entonces y ahora), la nueva exposición de la galería CWC Camera Work, de Berlín (Alemania), intenta mostrar, del 28 de junio al 6 de septiembre, cómo ha cambiado el canon, pero se ha mantenido el brillo. Con un centener de fotos, todas de artistas exigentes y poco dados al efectismo o la explotación de la mujer, la muestra quiere probar cómo la fotografía de supermodelos se ha convertido en un "género artístico" en sí misma, una realidad palpable, añaden, cuando se coteja el precio en ascenso que marcan en las subastas las obras con top model incluída.

Culto fanático

Las supermodelos son necesarias porque "inspiran al diseñador [de moda] y representan sus intenciones", pero tal como se han exagerado el culto fanático a estas profesionales, convertidas en verdaderas figuras de adoración popular, las supermodelos pueden convertirse por sí mismas "en una marca propia". Son  iconos, "hermosas diosas inaccesibles y sin defectos". La ropa que lleven puesta es lo de menos.

Son mutables, pero las supermodelos son un espejo de su tiempo La exposición reúne imágenes de los últimos cincuenta años de primeras figuras de la fotografía —entre otros, Richard Avedon, Peter Lindbergh, Michel Comte, Ellen von Unwerth, Paolo Roversi, Patrick Demarchelier, Herb Ritts y Albert Watson— que, aunque muestran la "mutabilidad de las modelos" también confirman que se trata de mujeres que son "un espejo de su tiempo".

Basta con la "belleza natural"

Los organizadores no ven más diferencias que las formales entre las fotos de Twiggy o Veruschka de Avedon que ilustraban la revolución cultural de finales de los años sesenta con las de Naomi Campbell, Linda Evangelista, Iman o Christy Turlington con las que Lindbergh y Comte cambiaron el estilo de las supermodelos entre finales de los ochenta y principios de los noventa. Desde entonces, añaden, la atención pública hacia las supermodelos "ha aumentado de tal forma" que sólo basta con que el fotógrafo muestre la "belleza natural" de las chicas para que las fotos tengan impacto.

En los desnudos de Amber Valletta de Irving Penn importa más la sombra  Aún así, los fotógrafos más inspirados han seguido buscando fomentar "relaciones especiales y de confianza" con sus "musas". Citan como ejemplos los retratos de gran naturalidad de Lindbergh a Berri Smithers, en los que sólo la tranquilidad profuda de la modelo importa o los desnudos expresionistas de Irving Penn a Amber Valletta, donde las sombras dicen más que la luz.

Supermodelos como musas

En el apartado de las supermodelos como musas destacan las provocativas fotos de Comte a la no menos transgresora Iman; los retratos de directa naturalidad de Bruno Bisang a Schiffer, y las las numerosísimas tomas deo Watson, Comte y Ritts a modelos como Christy Turlington, Carla Bruni o Laetitia Casta, que se ponían con toda confianza en manos del fotógrafo-artista no sólo para mostrar prendas de vestir, sino para dejar que su imagen perdurase.

Un apartado especial  de la exposición está dedicado a Kate Moss, de quien se exhiben fotos firmadas por varios artistas que han convertido a la modelo en una "marca global" que ha influido poderosamente en la sociedad. También se concede especial importancia a la serie de desnudos de Roversi en las que el fotógrafo utiliza la técnica de "dibujar con la luz" para acrecentar la sensualidad y el misterio.