'Sin vida propia'
Una imagen de la webserie valenciana 'Sin vida propia'. Archivo

Desde sus inicios, han sido consideradas un género menor, una especie de cajón de sastre que acoge proyectos de bajo presupuesto y calidad amateur. Pero algo está cambiando en el mundo de las webseries (ficciones ideadas para ser difundidas por Internet). No solo están creciendo en número (se estima que actualmente funcionan más de 500 en España, una de las cifras más altas de Europa); además, "se están profesionalizando", explica Amanda Pons, cofundadora del  Festival Español de Webseries (FEW), que este viernes abrirá sus puertas por primera vez.

Prueba de ello son propuestas como Con pelos en la lengua, que es la más vista del ciberespacio español. O la valenciana Sin vida propia, que tras recoger los premios a mejor comedia de habla no inglesa en el Festival de Webseries de Los Ángeles y en el Vancouver Web Fest, compite ahora en Miami, Austin, Italia, Marsella y Australia.

Junto a equipos primerizos, cada vez son más los profesionales de televisión y cine (el actor Dani Mateo, el realizador de RTVE Miguel Campos, el guionista Cristóbal Garrido...) que prueban suerte en un soporte que tiene sus propias normas de juego. "Los formatos para Internet son más breves, más rápidos y más arriesgados que los televisivos", resume Pons. Ana Ramón, directora de Sin vida propia, añade otras características: "los planos cerrados" que facilitan el visionado "en pantallas pequeñas, de móviles", más diálogos y menos número de tramas para un espectador "que suele estar menos atento que el de la televisión".

Por último, tanto Pons como Ramón coinciden en destacar la posibilidad de dirigirse a un segmento muy concreto de la población, como sucede en Chessboxing, cuyo argumento "gira en torno a un deporte peculiar que mezcla ajedrez y boxeo, algo que difícilmente difundiría una cadena generalista".

Los flirteos con la televisión

Otro síntoma del empuje de las webseries, además del nacimiento de festivales ad hoc (aparte del FEW, el gallego Carballo Interplay), es el interés que las televisiones convencionales están empezando a mostrar por estas ficciones de corta duración. Así, MTV acaba de lanzar la webserie Hipsteria y Atresmedia les dedica un espacio en su web (El Sótano) e, incluso, ha producido algunas como El Tránsito o la citada Chessboxing. "Están en alza y son el trampolín de muchísimos creadores más grandes", reflexionan desde la cadena, a la vez que admiten "un posible contagio" entre los contenidos televisivos y digitales.

Todavía son muchos quienes no descartan que la proliferación de webseries responde a las facilidades que ofrece Internet frente a la cerrazón de la televisión: "La tele no compra algo que no es famoso. No eres famoso si no sales por la tele. Este es un círculo vicioso que Internet ha llegado para romper", explica Manu Franco, director de la ficción para Internet The Becquer's Guide, proyecto que ha logrado financiarse con una estrategia de crowdfunding y ahora prepara su tercera temporada. 

'Web-programas' y 'app-series'

Las webseries no son las únicas que están modificando el paisaje de Internet. El rapero y actor El Langui acaba de lanzar Taraská TV, un programa que se emite a través de YouTube y que cuenta no solo con un equipo técnico de conocida solvencia, sino con invitados de la talla de Butragueño, Imanol Arias, Santiago Segura o Amparo Larrañaga. ¿Las ventajas respecto a la televisión, a quien el músico admite que le gustaría llegar? La libertad. "Aquí puedes hacer lo que te plazca, sin tantos filtros".

Otro formato nuevo: las app-series. Es decir, las series destinadas a ser difundidas por el móvil. Su número aún es escaso. A la cabeza, El gran día de los feos.