Nativel Preciado alaba a las fotorreporteras con 'Canta solo para mí', su última novela

  • El libro arroja una mirada periodística para hablar del propio periodismo, situado entre el ocaso de la Dictadura y los inicios de la Transición.
  • "Estamos en una situación similar a la de los años 70, con una crisis económica y un cambio generacional muy fuerte", señala la escritora.
La escritora Nativel Preciado
La escritora Nativel Preciado
EFE

Mujeres fotoperiodistas como Queca Campillo o Marisa Flórez, que empezaron a surgir en los años 70 y retrataron con su cámara aquellos años convulsos y de cambio, son a las que Nativel Preciado homenajea en Canta solo para mí, su nueva novela situada en los últimos años del franquismo.

"Me gusta reivindicar cosas que no son heroicas; el suyo parecía un oficio intrascendente, y ahora empezamos a valorar su trabajo y el de la fotografía", afirma la autora (Madrid, 1948) en una entrevista con Efe en la que ha hablado de su novela "más periodística".

Una etiqueta, la de "periodística", que antes "no se atrevía" a enlazar con su ficción, pero con la que ahora juega en su beneficio, recogiendo las "enseñanzas" que da el oficio para plasmarlas en la historia de Muriel, una fotorreportera que rememora sus años de juventud, sus "amores tóxicos" y las dificultades que entrañaba su trabajo.

De Canta solo para mí (Planeta) se escapa una mirada periodística para hablar del propio periodismo; de uno situado entre el ocaso de la Dictadura y los inicios de la Transición, que se vive por los protagonistas como algo idealizado, aunque Preciado rompe con esta idea: "No era la profesión más importante, pero estaba a la altura de las circunstancias históricas que le tocaba vivir".

Sin embargo, rebate la creencia de que haya "cosechas excelentes" en el ámbito periodístico, y en la novela, ganadora del Premio Fernando Lara, contrapone los recuerdos "épicos" con un punto de vista más actual, ya que, "cuando eres joven, todo te parece sublime", y en realidad no es así.

De hecho, señala, "en aquella época empiezan a producirse trampas con los ídolos que eran iconos y con los movimientos en los que se creía, como en Cuba o Argelia"; alcanzar el poder suponía, en muchos casos, comenzar a "romper promesas" y a inclinarse hacia la desigualdad.

La pluma de la escritora se encarga de denunciar, a través de la incorporación de personajes y hechos históricos reales, los "errores" en los que caían esos gobernantes, como "la relegación de las mujeres, las tropelías políticas y el uso de la violencia".

En el caso de España, es el tiempo, opina Preciado, lo que permitirá "juzgar de una manera más equilibrada" la década de los 70 y sus cambios, algo que solo podrá darse "cuando desaparezcan los que hicieron o vieron en primera línea la Transición", dentro de los cuales se incluye ella misma, que ejerció entonces como cronista parlamentaria.

La autora apunta que estamos en mitad de una "situación histórica similar a aquella, con una crisis económica y un cambio generacional muy fuerte", circunstancias llenas de "incertidumbre y esperanza" que le gustaría vivir desde los veinte años "para volver a contarlas", reconoce.

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