Rafael Frühbeck de Burgos
El director de orquesta Rafael Frühbeck de Burgos, durante una entrevista en septiembre de 2013. EFE

El maestro Rafael Frühbeck de Burgos ha fallecido este miércoles por la mañana en Pamplona a los 80 años a causa de un proceso canceroso que había obligado a su hospitalización en una clínica de esa ciudad el pasado 13 de abril, han informado a Efe fuentes próximas a la familia.

El director, fallecido poco antes de las nueve de la mañana, había tenido una actividad incansable hasta el pasado 15 de marzo, cuando sufrió un vahído mientras dirigía a la Sinfónica de Washington, en el Kennedy Center de la capital estadounidense.

Frühbeck siguió dirigiendo hasta marzo, cuando sufrió un vahídoFrühbeck empezó a mostrar signos de cansancio a las dos horas de dirigir y cuando faltaban diez minutos para que concluyera Pini di Roma, de Respighi. Se apoyaba cada vez más en la barandilla del podio y pareció que se iba a caer, aunque consiguió recuperarse y concluir, ya sentado, la pieza, y luego levantarse para recibir la ovación del público.

Al regresar a España se puso en manos de su hija y de su hijo, ambos médicos, que determinaron su ingreso en la Clínica Universitaria de Navarra, donde ha estado ingresado desde el 13 de abril. El 4 de junio, fuentes próximas a la familia informaban a Efe de que el director se retiraba a consecuencia del proceso canceroso que sufría.

La capilla ardiente quedará instalada en el tanatorio de la Clínica Universitaria, en la que los restos de Frühbeck de Burgos serán velados "en la más estricta intimidad", según expreso deseo de la familia. El director de orquesta será enterrado el jueves, con toda probabilidad en el panteón familiar del Cementerio de Burgos, junto a sus padres, también en una ceremonia íntima, tal y como él deseaba.

Será enterrado el jueves en la más estricta intimidadFrühbeck de Burgos, nacido como Rafael Frühbeck Frühbeck en la ciudad de la que tomó el apellido el 15 de septiembre de 1933, está considerado como el director de orquesta español con mayor prestigio internacional desde Ataúlfo Argenta, y en la actualidad era titular de la Orquesta Sinfónica de Dinamarca y director emérito de la Orquesta Nacional de España.

A lo largo de su carrera dirigió más de un centenar de orquestas en Europa, Japón, Estados Unidos y Canadá, y su talento fue reconocido en estos dos últimos países, donde ha subido al podio de las filarmónicas de Nueva York, Los Ángeles, Filadelfia y las orquestas sinfónicas de Cincinnati, Boston, Pittsburgh, San Luis, Chicago, Toronto y Montreal.

Un Marco Polo a la búsqueda de la música eterna

Rafael Frühbeck de Burgos gozó de la misma fama que coetáneos como Maazel, Abbado o Mehta, gracias a una carrera internacional de excelente arquitectura, rigor y "chispa", defendida con tanto tesón como "la marca" España, que "predicó" cuando el país no era musicalmente más que una entelequia.

Ofrecía 110 conciertos de media al año y hacía giras de hasta 33.000 kilómetrosDe verbo brillante y fuerte carácter, el director que más veces se ha puesto al frente de la Orquesta Nacional de España (ONE), en torno a 500, presumía de nacionalidad y contaba complacido el porqué de su apellido, a la vez que aprovechaba la circunstancia para hacer una defensa cerrada del potencial del talento musical español, con el que años de "dejadez educativa" no habían conseguido "acabar".

Se añadió el "de Burgos" porque al "comisario político" de los años 50 le parecía "muy extranjero y casi sospechoso" lo de "Frühbeck Frühbeck", aunque él hubiera nacido en la ciudad castellana, en la que su padre, un óptico, se había establecido "maravillado" por su clima y a la que llevó a vivir a la que entonces era su novia, además de prima segunda.

Creía que "lo bueno" estaba por venir, porque la música es "eterna e inacabable"Este Marco Polo del 33, con giras de 30.000 kilómetros en un mes y siempre cargado de kilos de partituras y 110 conciertos de media al año, era un prodigio de "impulso vital", al que no cansaban los viajes sino los aviones y que aguantaba conciertos larguísimos sin dar nunca muestras de agotamiento... Hasta el pasado 15 de marzo. Hasta entonces había seguido dirigiendo porque pensaba que "lo bueno" estaba por venir, porque la música, argumentaba, es "eterna e inacabable".

Temprano intérprete de Haydn y Mozart y entregado a "sus" clásicos, de Beethoven a Bach, de Korsakov a Ravel, pasando por Albéniz y Turina, el que le gustaba especialmente era el Requiem de Brahms, que dirigía de memoria, porque, se reía socarrón y con "la luz de la inteligencia" en los ojos, le acercaba "sin temor" a la muerte. Su curiosidad musical no se veía nunca saciada, y era "muy partidario" de contemporáneos como Claudio Prieto, Antón García Abril o José Peris.

Proyectos sin terminar

La Orquesta y Coro Nacionales de España (OCNE), que él dirigió entre 1962 y 1978 y de la que era titular emérito, había anunciado el pasado mes el lanzamiento de su sello discográfico y que sería su "magnífica" versión de Carmina Burana la que inauguraría la colección, porque, a pesar de su intensa relación, no había ningún registro fonográfico con él.

Él iba a ser el invitado estrella de la presentación, pospuesta, precisamente, por su enfermedad, como lo sería del título que tenía previsto dirigir en el Teatro de la Zarzuela, Los diamantes de la corona, de Barbieri, en noviembre, porque su cabeza y su agenda seguía en plena forma, pero el cuerpo, como él decía, "ha aguantado hasta donde ha aguantado y Dios ha querido".