Marina Abramović
Retrato de la artista serbia Marina Abramović en 2014 Photograph © 2014 by Marco Anelli

Sin llevar encima nada más que ropa y calzado. Así deben entrar los asistentes a la nueva performance de la artista serbia Marina Abramović: desprovistos de toda defensa psicotecnológica —especialmente teléfonos celulares, cámaras digitales y otros adminículos electrónicos— o material —nada tampoco de mochilas o bolsos—.

El show de la polémica performer, nacida en Belgrado en 1946, se celebrará en un marco especial, las Serpentine Galleries, situadas en el lago del mismo nombre en los jardines del parque real de Kensington Gardens, en el centro de Londres. Se titula 512 hours (512 horas), el tiempo que la artista dedicará a enfrentarse con el público en jornadas que parecen responder a un calendario laboral: de 10 a 18 horas de lunes a viernes durante 64 días, desde el 11 de junio hasta el 25 de agosto. La entrada es gratis pero está limitada a mayores de 12 años.

"Todo empieza en la nada"

"Todo empieza en la nada", dice Abramović en el ideario de la performance, un encuentro cara a cara con los visitantes en la línea de The Artist Is Present (La artista está presente), el exitoso ritual celebrado en el MoMA de Nueva York en 2010 en el que permitía sentarse en silencio frente a ella durante lapsos de tiempo indeterminados que establecía el público. En 512 horas el principio es el mismo: un cara a cara sin defensas en un espacio sin interferencias escenográficas o de decorado.

La artista mantiene una "conversación infinita" con el público desde 1974 La acción de Londres forma parte de la "conversación infinita" que la artista mantiene con su público desde 1974, año en que estrenó sus primeras sus primeras performances: Rhythm 4 y Rhythm 5, ambas salpicadas por el escándalo. Siguiendo la idea común a todos los performers de sentir el mundo a través de la experiencia personal del cuerpo, la artista trató de indagar en los límites de la resistencia moral y física, reflexionando sobre los patrones de comportamiento de la mente y el organismo. Su idea era "establecer un diálogo energético con los espectadores".

Posibles colas para acceder

"Al llegar", dicen las condiciones establecidas por Abramović para 512 horas, "los visitantes deben dejar sus pertenencias atrás antes de entrar". En el servicio de consigna de la galería se quedarán los teléfonos móviles, cámaras de fotografía o vídeo, reproductores de mp3 y "cualquier otro equipo electrónico" [el acceso de sillas de ruedas está permitido]. La idea es que el público —"es posible que haya colas antes del acceso", advierten— entre desarmado para enfrentarse contra el capricho o el talante momentáneos de la performer.

Los visitantes pueden estar dentro todo el tiempo que quieran Los visitantes, que pueden pasar dentro de la exposición todo el tiempo que quieran, salir cuando les plazca [para volver a entrar deben hacer cola otra vez] y con el acceso dan su consentimiento a ser grabados, filmados o fotografiados, actuarán de guías para la artista, "ayudando en el desarrollo y el cambio de naturaleza de la exposición". La galería ha repartido una declaración de Abramović, muy poco amiga de las palabras, donde explica a los asistentes: "No es suficiente que esté experimentando y actuando delante de usted y usted esté de paso o sea testigo. Si realmente desea tener una experiencia lo único que importa es que la lleve a cabo usted mismo".

Intimamente involucrados

Es decir, como en todas las performances recientes de la serbia, se pide a la audiencia que se se involucre "directa e íntimamente" y que se convierta en un "organismo" en el que la experiencia quede amarrada para poder pervivir en la memoria y prolongarse. La artista —que ha protagonizado actuaciones extremas como Rhythm 10 (1975), donde utilizando veinte cuchillos y dos grabadoras, la artista jugaba a la ruleta rusa mediante golpes rítmicos de cuchillo entre los dedos de su mano y reiniciaba la ceremonia cada vez que llegaba a la veintena de cortes— afirma que ha tardado un cuarto de siglo en alcanzar "el coraje, la concentración y el conocimiento" para montar 512 horas, una obra donde solicitará del público una interacción mucho más alta que en sus anteriores montajes.

El artista debe entender el poder enorme del silencio ¿Qué puede pasar dentro del espacio de la performance? No hay respuesta excepto que todo es posible: desde el silencio ("el artista debe entender el poder enorme del silencio") hasta la violencia turbulenta ("el artista debe ser como una isla en una tormenta"). La nueva propuesta de Abramović sólo puede aventurarse como impredecible.

Primera vez en una galería pública

En la galería están fascinados por el éxito más que seguro de la iniciativa, que coincide, no por casualidad, con el asrtísticamente activo verano londinense, temporada alta para el turismo. "Aunque parezca increíble, esta es la primera vez que una galería de arte público en el Reino Unido organiza  un show de Marina Abramović, que, desde principios de 1970, ha hecho más que nadie para definir lo que es el performance. Con una sencillez que se remonta a sus primeras actuaciones en solitario, esta vez no hay normas. No hay una fórmula. Sólo el artista y el público", dicen los codirectores de la Serpentine, Julia Peyton-Jones y Hans Ulrich Obrist.