De Napoléon a los 'drones', el Louvre expone 500 obras sobre los desastres del belicismo

  • La subsede del museo francés en Lens muestra en "Los desastres de la guerra" cómo los artistas han contribuido a un creciente desencanto hacia el belicismo.
  • La tesis de la exposición coincide con la afirmación de Cosntant: "Para los modernos, incluso una victoriosa guerra cuesta infaliblemente más de lo que vale".
  • El recorrido de dos siglos abarca una veintena de conflictos con obras de 200 artistas: Géricault , Goya, Daumier, Dix, Léger, Capa, Picasso, Richter...
Postal con cinco soldados mutilados durante la I Guerra Mundial. Observan la firma del tratado de paz de Versalles
Postal con cinco soldados mutilados durante la I Guerra Mundial. Observan la firma del tratado de paz de Versalles
© Historial de la Grande Guerre-Péronne, Photo Yazid Medmoun

Sólo en los siglos XX y XXI unas 160 millones de personas han perdido la vida en conflictos bélicos —incluídos los que algunos historiadores distinguen en un binomío, de alta y baja intensidad, que demuestra un muy bajo respeto hacia los difuntos—. En el siglo XIX, según cálculos en extremo conservadores, los muertos fueron unos 45 millones. Pese a la entidad de la cifra total en vidas truncadas casi siempre sin más motivo que la guerra en sí misma, las acciones bélicas fueron consideradas hasta hace menos de doscientos años como una especie de necesaria tragedia o una hermana malévola pero soportable de la dinámica de las naciones. En determinado momento todo cambió.

Sobre ese instante, situado históricamente a comienzos del siglo XIX, en que las conciencias dijeron: "preferimos la paz a la guerra" y el "creciente desencanto" hacia el belicismo pudo con la caduca y falsa idea del conflicto armado como "garantía de un orden" y ritual glorioso como catársis de agresión, el Louvre de Lens, la sucursal de la pinacoteca francesa al norte del país, ha montado una de las más ambiciosas y reveladoras panorámicas del arte antibélico y antimilitarista. Con un título prestado por Francisco de Goya, uno de los primeros pintores-reporteros dedicados a estudiar la esencia salvaje y deshumanizada de la batalla, Les désastres de la guerre, 1800-2014 (Los desastres de la guerra, 1800-2014) reúne 500 obras de 200 artistas.

Contra la guerra como "hecho inevitable"

La exposición, en cartel hasta el 6 de octubre, es un panorama completísimo que demuestra cómo los artistas contribuyeron a un creciente desencanto hacia el belicismo, "tradicionalmente considerado como un valor esencial de la sociedad" y la guerra como "hecho inevitable". Los organizadopres citan como declaración de intenciones la frase pronunciada por en 1819 por el filósofo Benjamin Constant tras las victoriosas campañas de Napoleón: "Para los modernos, incluso una victoriosa guerra cuesta infaliblemente más de lo que vale".

La prestigiosa historiadora Laurence Bertrand Dorléac, coordinadora de la muestra, sitúa precisamente en las guerra napoleónicas de conquista (1803-1815) el inicio de la nueva sensibilidad artística, que nunca más presentará a los soldados y oficiales como héroes casi olímpicos y sin manchas en el uniforme o máculas la conciencia. "Es aquí donde nuestra exposición comienza , alrededor de 1800, cuando Napoleón ha 'matado a la guerra mediante la exageración de ella', en palabras de Chateaubriand, que había sido testigo, presa del pánico, de la campaña de Rusia", escribe en el catálogo de la muestra.

"La locura humana y los abusos ciegos"

La conscripción masiva y obligatoria de los jóvenes para participar en las batallas, masivas, planificadas, continuas, largas, en tierras lejanas y con armas de artillería y tácticas de guerrilla combinadas con enfrentamientos de guerra total que causaban gran mortandad y sufrimiento. Receptivos a la muerte, la depredación, el pillaje y la forma en que el otrora líder ilustrado se convertía en un dictador de desmesurado orgullo —caricaturizado en toda Europa como un idiota, un loco, un tirano escatológico, un reptil o un cocodrilo—, pintores como Théodore Gericault y Goya plasmaron la "locura humana" y los "abusos ciegos" de la guerra.

Mientras en The wounded cuirassier (Coracero herido, 1814) Gericault presenta a un soldado solitario y sufriente, un antihéroe profundamente humano con ojos que presienten la muerte y un fondo infernal que la anuncia, Goya dio rienda suelta a la imaginación y, fuera de toda restricción académica, representa las fuerzas invisibles del caos y la violencia en Los fusilamientos del 3 de mayo, con los soldados franceses claramente separados de las víctimas a punto de morir injustamente ("arrojados al infierno de la historia", anota Dorleác), y sobre todo en Los desastres de la guerra, inicialmente titulados Fatales consecuencias de la sangrienta guerra de España contra Bonaparte, una serie de estampas y grabados crueles que no fueron publicados hasta 1863, aunque su "veracidad" como "denuncias mordaces" sigue siendo una referencia artística hoy en día.

Los "otros rostros" de la guerra

A partir de este primer punto de inflexión, los artistas comenzaron a mostrar los "otros rostros" de la guerra, incluyendo sus más terribles consecuencias sobre las personas, los animales, la naturaleza , las ciudades y las cosas. En una docena de secuencias, la exposición pone de relieve episodios cruciales en la historia del arte sobre una veintena de conflictos y, en particular, aquellas cuya cifra de muertos y cicatrices anímicas quedaron grabados a fuego en la historia: la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la Segunda (1939-1945) y la Guerra de Vietnam (1954-1975). También hay apartados para la Guerra Civil de los EE UU (1861-1865), la  Guerra Civil española (1936-1939) y otros conflictos o agresiones, que terminan en reflexiones artísticas sobre las torturas en la cárcel de Abu Ghraib o los ataques con drones.

El listado de obras destacadas es imposible, pero el escalofrío en Les désastres de la guerre, 1800-2014 está asegurado y la consternación se mantiene en estado creciente: desde la foto de Roger Fenton Valley of the shadow of death (El valle de la sombra de la muerte, 1855), de un camino sembrado de balas de cañones durante la Guerra de Crimea; o The Dream (El sueño, 1888), un óleo de Edouard Detaille sobre la Guerra Franco-Prusiana, donde los soldados derrotados duermen mientras sueñan con una marcha gloriosa aunque apocalíptica y gris; hasta el descarnado grabado Lens wird mit Bomben belegt (Lens bombardeado, 1924), una de las obras maestras de Otto Dix sobre la I Guerra Mundial, o la foto Vietnam Napalm (1972), donde el reportero Nick Ut capturó el dolor de un niña vietnamita quemada por napalm, cada una del medio millar de obras "revelan horrores" que sólo en la guerra se retratan de manera tan directa.

La panorámica muestra obras de artistas —además de los citados y entre otros, Picasso, Robert Capa, Léger, Ritcher...— que experimentaron la guerra y de otros atormentados por ella. "Los vemos recurrir nuevas herramientas, nuevas técnicas e incluso a una nueva filosofía con el fin de hacer visible el caos de guerra (...), que se mantiene después de las hostilidades y su estela de efectos devastadores en la mente y el cuerpo (...) Más allá de la propaganda que encuentra siempre formas más sofisticadas para glorificar la guerra, los artistas exploran su peor y horrible cara".

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