«No quiero ser talla 66»
Teresa Ibáñez, ayer, en su domicilio de Leganés.(RUBÉN HERNÁNDEZ)
Hay veces que una talla es cuestión de vida o muerte. A Teresa Ibáñez la talla 66 le está quitando la vida.

Teresa está enferma de obesidad mórbida. A sus 30 años, mide 1,69 m de altura y pesa 160 kilos. Vive en Leganés y lleva más de dos años y medio esperando una reducción de estómago que no termina de llegar. Y eso que desde el 19 de febrero cuenta con todas las pruebas preoperatorias y con la autorización del anestesista y el cardiólogo.

Engordó 22 kilos de golpe

Pero Teresa no fue siempre así. «Cuando tenía 25 años engordé 22 kilos de golpe», cuenta. Los médicos lo achacaron «a un problema hormonal». Desde entonces engorda tres kilos por mes.

Vivir con más del doble del peso ideal resulta difícil. «Me ahogo al caminar, tengo heridas supurantes que ya no me cicatrizan y duermo sentada», explica desde la tienda de tallas grandes que regenta.

Tiene puestas todas sus esperanzas en el bisturí, pues ha probado todas las dietas y ninguna le ha funcionado.

«Pese a lo que se pueda pensar, no como mucho. Mis filetes, mis ensaladas...». El exceso de peso mina muchas veces su autoestima. «Me vengo abajo muy fácilmente, sobre todo porque no me puedo valer por mí misma».

El Hospital Severo Ochoa informó ayer que la citarán tras Semana Santa. ¿En qué cambiará la operación su vida? «En que por fin podré ducharme sola», sueña.