Navarro
Jesús María Navarro, mostrando el lugar en que debería estar situada la mirilla de la puerta de su casa. (U .E.)

Son pequeñas cosas que sumadas todas ellas, queman. Y mucho. Jesús María Navarro tiene 39 años y está en silla de ruedas. Vive con su novia, Marta Lázaro, que es sordomuda. En mayo de 2006 les tocó una VPO para discapacitados en Erandio. Y sí, el piso no tiene escalones. Pero tiene otros muchos obstáculos, y el Gobierno vasco no pone soluciones.

Ding, dong. Primer problema: Jesús María no puede ver a la persona que ha venido a visitarle. La mirilla está demasiado alta.

Más cosas: No hay videoportero automático. Sin él, la pareja de Jesús María no puede saber quién llama a su casa desde el portal. Por cierto, cuando suena el timbre se encienden varios flashes en la casa para que Marta se dé cuenta.

Y termina: Jesús María no puede acceder a la terraza porque tiene un escalón; a su buzón sólo llega con la punta de los dedos y ojalá que nunca se incendie el garaje. «Para llegar al extintor debo darle un batacazo con algo, tirarlo al suelo y cogerlo».

«Pero si es que ya se ve que son cuatro chorraditas, pero me quema mucho», explica Jesús María. Escribió el verano pasado una carta al Gobierno vasco pidiendo corregir estas cosas. El Departamento de Vivienda se lavó las manos diciendo que cuando esta casa se construyó, aún no estaba en vigor el decreto que obliga a adaptar las VPO para discapacitados. Entonces, había un reglamento en vigor, pero mucho menos exigente.

Total, que está como al principio. Hace un mes habló con un técnico de Vivienda que prometió dar respuesta lo más pronto posible. «A ver si esta vez sí. Estoy ya harto».

Pero detrás de esto, Jesús María guarda otro temor. Sufrió polio, y teme que su estado empeore con la edad. «Y, si espero que el Gobierno sea quien me ayude, voy listo».

«Pero si con medio piso te vale»

«Pero si tú estás muy bien, con medio piso adaptado te vale». La frase le incendia a Jesús María. Él cogió por banda a una responsable de Vivienda en la entrega de llaves oficial de los pisos de Erandio. Cuando le dijo que tenía cosas que mejorar, le propinó la frasecita. Diez meses después, Jesús María aún sigue con los mismos problemas. Complicaciones comunes a otros dos discapacitados que viven en su escalera. Su vecino de arriba, Iñaki Mentxaka, ya denunció su situación en 20minutos.