Da a luz a cuatrillizos en el campo de refugiados de Mauritania

  • Massaya y Tahgri, embarazada, llegaron con sus seis hijos al campamento Mbera huyendo del conflicto entre el ejército y las milicias Tuareg.
  • En el campo viven en tiendas de campaña más de 60.000 malienses.
  • Los cuatrillizos ya tienen cuatro meses, crecen a ritmo normal, pero su madre no augura para ellos un futuro muy prometedor.
Massaya y Taghri, posando con sus cuatro recién nacidos
Massaya y Taghri, posando con sus cuatro recién nacidos
Damien Follet / Médicos Sin Fronteras

En enero de 2013, Massaya Ag Iliyass, un granjero de la región de Mole, en el centro de Mali, y su mujer, Taghri Walet Tokeye, reunieron a sus seis hijos y huyeron prácticamente con lo puesto. Tres de los niños podían caminar sin problemas, pero los otros tres eran muy pequeños y tenían que ser cogidos en brazos de vez en cuando. Un amigo les prestó un burro y los pequeños se turnaron para ir a sus lomos. La familia caminó cinco días y cinco noches. "Fue un camino largo que nos dejó exhaustos. Teníamos que andar lentamente para que los niños no acabaran agotados, y paramos a descansar todo lo que pudimos", dice Massaya.

La mitad del pueblo se fue por aquellos días. "No había nada, todas las tiendas y los mercados estaban vacíos", recuerda Taghri. "Huíamos de los soldados y de los rebeldes Tuareg. Entre ellos hay mucha gente mala, que roba y ataca a la gente. Si quieren uno de tus animales y se lo niegas, pueden matarte", añade. Su destino era Mbera, un campo de refugiados ubicado del otro lado de la frontera, en Mauritania. Ese mes llegaron 15.000 refugiados hasta allí. Los primeros días fueron difíciles. Cerca de 60.000 personas trataban de sobrevivir en temperaturas de 50 grados y en el medio del desierto. Además, al igual que en sus lugares de origen, en el campo apenas había agua ni comida.

La zona de donde vienen Massaya y Tahgri, y sus hijos, vive convulsa desde 2012, cuando un movimiento independentista Tuareg reivindicó por las armas la indepencia del norte de Mali. Fueron apoyados por los islamistas, pero luego entraron en grave conflicto. El ejército de Mali expulsó a los islamistas del poder, pero siguen las rencillas con los Tuareg.

Parto complicado

Taghri pronto supo que estaba embarazada. Enseguida sintió que su embarazo era diferente a los anteriores. "Estaba más grande. Sabía que había algo más". Un ultrasonido en la clínica de Médicos Sin Fronteras reveló que estaba esperando cuatrillizos. "Fue una alegría para todos. Era la primera vez que cualquiera de nosotros veía cuatrillizos, así que había mucha curiosidad... el mejor momento fue cuando tuvimos con nosotros a los cuatro bebés, todos sanos y en buen estado", explica Kasonga Cheride, cirujana de MSF.

Cuando se le pregunta cómo se sintió en ese momento, Taghri se ríe por un buen rato. "Fueron buenas noticias", dice con una sonrisa de oreja a oreja. La noticia también entusiasmó al personal médico del campo. "En toda mi vida nunca me había cruzado con cuatrillizos", indica la doctora Kasonga Cheride, la cirujana de Médicos Sin Fronteras (MSF) que cuidó a la familia. A pesar de las duras condiciones, ser refugiada posiblemente salvó la vida de Taghri. "Si no hubiésemos estado aquí para asistirlos, ella seguramente habría muerto y los niños también", dice Cheride. Dos de los bebés estaban mal colocados y los médicos tuvieron que realizar una cesárea en el centro de atención de MSF en Bassikounou, a 17 kilómetros del campo.

Un embarazo múltiple siempre implica riesgos y requiere de cuidados adicionales. Un parto temprano por cesárea es una práctica común para evitar complicaciones. Los niños de Taghri nacieron en la semana 35, cinco semanas antes de lo normal. "La atmósfera era de alegría para todos. Era la primera vez que cualquiera de nosotros veía cuatrillizos, por lo que había mucha curiosidad... el mejor momento fue cuando tuvimos con nosotros a los cuatro bebés, todos sanos y en buen estado". "No sentí dolor en absoluto", recuerda Taghri, quien recibió la anestesia epidural. "En el parto nadie lloró, solo los bebés". No hay duda de que los recién nacidos tienen un lugar especial en el corazón del equipo médico. Cheride recita de memoria toda la información vinculada a los bebés como si hubiese sido el único parto al que hubiera asistido. "Cuando nacieron, los cuatrillizos pesaron entre 1,8 y 2,45 kilos, pero a día de hoy crecen a ritmo normal y el más pequeño ya pesa 3,43 kg", cuenta orgullosa la cirujana de MSF.

Manos y biberones

Massaya no estuvo en el parto porque tenía que cuidar de las ovejas, pero en cuanto le avisaron de que su mujer estaba dando a luz, llegó lo más pronto que pudo. "Sentí una alegría inmensa. Es una felicidad que no podría expresar con palabras". Taghri se las ingenió para amamantar a todos. "No fue muy difícil porque estoy acostumbrada, pero la verdad es que las enfermeras me ayudaron con algunos biberones"

Sylvie es la enfermera que cuida de ellos desde su nacimiento: «Dos veces a la semana, organizo sesiones educativas sobre salud con Taghri y le enseño cosas como preparar la leche, pues la que ella produce no le llega para alimentar a todos. Sigo el estado de salud los bebés cada 4 horas, les peso cada 3 días y me ocupo de hacer seguimiento de su calendario vacunal».

Cheride, la cirujana, reconoce que el personal de MSF se ha volcado para que los niños crezcan grandes y saludables. Obviamente son especiales y nuestra esperanza es verlos crecer. Representan un motivo de alegría y de motivación para todos".

Los tres niños y la niña tienen actualmente cuatro meses y su salud es buena. Massaya cuenta que dos de ellos, Fatim y Oumar, son muy calmados. "Pero los otros dos, Ousmane y Aboubakrine, son muy traviesos, lloran mucho y solo se calman si alguien los coge en brazos". Los otros seis hijos parecen felices con los bebés y también los cogen en brazos. Taghri no está segura de las edades que tiene cada uno: "Todo lo que sabemos es cuándo tuvimos al primero".

Despúes de cuatro meses de cuidados especiales, la familia ha dejado el centro médico y ha regresado al campo de refugiados, pero es difícil: los padres y sus 10 hijos viven en una calurosa y sofocante tienda de campaña.

"Algunas personas nos echan una mano con los niños pero la verdad es que por ahora resulta muy complicado dormir", reconoce Taghri. "Tenemos muy buenos vecinos, pero lo que más podría ayudarnos ahora es encontrar trabajo", continúa. "Mi sueño sería abrir una tienda". Taghri solía trabajar como costurera, pero ya no tiene ninguno de los utensilios que necesitaría para trabajar. Massaya, su marido, trabaja cuando puede, pero esto también presenta algunos problemas. "Cuando no estoy en el campo, no puedo solicitar las raciones de comida".

El futuro más próximo no parece prometedor para ellos. "No tengo mucha esperanza por el futuro de mis hijos. En este momento, realmente, no tengo nada de nada, por eso no puedo tener muchas esperanzas", dice Massaya.

Volver o no

Solo uno de los niños de Massaya ha ido en algún momento al colegio y ACNUR reconoce que muy pocos niños en el campo acceden a una educación. Solo el 40% están en la escuela primaria, aunque los planes de la agencia de la ONU son ampliar la educación a los niveles de secundaria e incluso superior.

Se ha sido diseñado un programa educativo para los refugiados de Mbera que está basado en el sistema de educación de Mali. "Es importante porque eso significa que los están preparando para regresar a Mali", opina la representante de ACNUR. Sin embargo, las autoridades educativas de Mauritania han recomendado incluir dos asignaturas en árabe para dar a la oportunidad a los refugiados a integrarse en el país anfitrión, en caso de que quieran quedarse.

Por otro lado, aunque la llegada de refugiados se ha reducido muchísimo, las continuas tensiones en el norte de Mali impiden que muchos de ellos emprendan el camino de regreso. De hecho, Massaya no se imagina volviendo en este momento: "Tenemos que aceptar que estamos viviendo en un campo de refugiados y que somos refugiados, y seguir adelante".

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