¿Qué pasaría si la tercera fuerza política en Europa fuera partidaria de acabar con ella? El próximo 25 de mayo, la amalgama de partidos de corte eurófoba se presentan a las elecciones con un discurso populista y xenófobo que, según los expertos, es cuestión de tiempo que desembarque en España.

La próxima semana, 390 millones de ciudadanos europeos están llamados a votar a los miembros del Parlamento Europeo, la institución supranacional más poderosa del mundo que es paradójicamente la que menos credibilidad tiene de los ciudadanos.

Según el Eurobarómetro, solo tres de cada diez europeos creen en la UE. Los expertos apuntan que, a excepción de Alemania, España y Portugal, esta desafección ha traído consigo una amalgama de partidos populistas y xenófobos a los que han puesto la etiqueta de "eurófobos" o contrarios a la idea de Europa.

El discurso de la eurofobia

¿Pero qué es exactamente la eurofobia? Ignacio Torreblanca, miembro del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, expone que este concepto se refiere a los partidos que buscan acabar con "dos elementos clave del proceso de integración europea: la moneda común y la libertad de circulación de personas", y cuya idea de Europa representa "una amenaza para la identidad nacional".

El odio a los inmigrantes es el argumento estrella de los eurófobos, que promueven políticas contra los gitanos, subsaharianos y países como España Estos partidos están representados en el panorama político comunitario por formaciones como el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia, el partido independentista UKIP en el Reino Unido, o el neonazi Amanecer Dorado en Grecia, unos de los muchos integrantes de un movimiento populista que aflora en Europa y en todo el mundo, asegura el investigador del Instituto Elcano Ignacio Molina.

"La UE no es la causa. El populismo es más un movimiento que tiene que ver contra la globalización, contra el multiculturalismo", explica Molina, alegando que se trata de "una reacción en un contexto de postmodernidad" que se apoya en el discurso del miedo para convencer de que Europa es la madre de todos los males.

Torreblanca añade que el gran reto de los europeístas es enfrentarse a este "discurso simplista" con el que a menudo resulta difícil luchar: "Europa es el problema, la nación es la solución. La inmigración es el problema, el euro es el problema... volvamos a la moneda nacional".

El odio a los inmigrantes, uno de los temas que más preocupa a los grandes partidos, es el argumento estrella de los eurófobos, que promueven políticas xenófobas contra la población gitana, subsahariana y, a veces, contra países occidentales como España.

Buen ejemplo de ello fue el vídeo viral del pasado año en el que una ciudadana inglesa insultaba a una joven sevillana por ser española. La protagonista del incidente, Bárbara Iniesta, asegura que se trató de un episodio puntual, aunque "incorrecto e inhumano", con el que muchos inmigrantes que viven en Europa "pudieron sentirse identificados".

También el discurso proteccionista que emplea Marine Le Pen forma parte del ideario eurófobo. Consiste, por ejemplo, en apoyar un control de las fronteras para evitar el flujo migratorio. "A competencias iguales los empleos deben reservarse en Francia a los franceses. Si hay un francés que pueda cubrir ese empleo, creo que debe ser el francés el que consiga el trabajo y no el español", dijo Le Pen en una entrevista el pasado mes de marzo.

El poder de estos partidos en el Parlamento Europeo

Ante la cuestión sobre qué harían los eurófobos si llegaran al Parlamento, los expertos responden: "A nivel práctico no tienen por qué dificultar la política", expone Xavier Casals, profesor de Historia Contemporánea de Europa en la Universitat Pompeu Fabra.

En este puzzle político antieuropeo, España, Portugal y Alemania se postulan como excepciones Casals considera que la mayor parte de los eurófobos son partidos de extrema derecha que nacen de diferentes coyunturas estatales y a los que les une una agenda negativa, con lo cual "teniendo en cuenta que el mejor de los casos es que consiguen el 15% del parlamento" es cuestionable que acaben uniendo sinergias y siendo efectivos.

En este puzzle político antieuropeo, España, Portugal y Alemania se postulan como excepciones, pues en ninguno de ellos presenta a estas elecciones a partidos eurófobos de extrema derecha, un signo que Ignacio Molina de Elcano atribuye al trauma histórico de estos países con su pasado y al rechazo sistemático de la extrema derecha.

"Pero el terreno está bastante abonado", recuerda el investigador ante la posibilidad de que surja en España una opción eurófoba, la cual "vendría de la Izquierda", según el profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Jorge del Palacio, quien asegura que en España es la izquierda la que se muestra más partidaria de refundar la idea de Europa, sobre todo en políticas de austeridad.

Frente al discurso antieuropeo, plataformas de europeístas jóvenes como CC/Europa recuerdan que "el Parlamento Europeo es la única institución que votamos directamente", por lo que anima a que los españoles crean en Europa "pero siendo crítica con su funcionamiento".

Salvador Llaudes, uno de sus miembros, cuenta que la nueva generación de jóvenes europeos están fuera del discurso eurófobo y encarnan "una generación Ryanair que no entiende de fronteras" y cuya idea de europa está "enraizada en el ser propio".