Gafas de sol
Una chica con gafas de sol. ARCHIVO

El calor ya ha llegado y también un sol más intenso y por más tiempo. Como en la piel, el sol también puede causar lesiones en la visión por lo que es clave la protección ocular al ir al campo, la playa o pasear por la ciudad en pleno día.

Las gafas de sol son antes salud que moda. Y sin embargo la directiva europea las califica como un equipo de protección individual y no como un producto sanitario. Esto supone que en su precio se aplique un IVA del 21% frente al 10% atribuido a las gafas graduadas. Ópticos y optometristas sigue demandando un cambio al respecto.

Todos necesitamos gafas de protección frente al sol aunque existen personas que son más sensibles a las condiciones de alta luminosidad como quienes tienen los ojos claros, aquellos que padecen astigmatismo o los que sufren algún tipo de trastorno ocular más grave.

Como explica Vicente Masiá, coordinador de la Vocalía de Gafas de sol del Consejo General de Ópticos y Optometristas, la función principal de las gafas de sol es proteger frente al exceso de luz que empeora las condiciones de visibilidad y que puede ocasionar dolor de cabeza, picor en los ojos o pesadez de párpados.

En lo que se refiere a las condiciones de luminosidad existen cinco categorías de gafas de sol que se tipifican mediante una numeración que va del 0 (menos luminosidad) al 4 (más luminosidad) y que detallamos a continuación:

  • 0- Las lentes son casi transparentes y se emplean en los días nublados.
  • 1- Poseen más tinción y se usan cuando predominan las nubes frente al sol.
  • 2- Son las gafas típicas con lentes degradadas que protegen cuando hay nubes pero es el sol el que predomina.
  • 3- Para los días más azules y en situaciones en las que se está a pleno sol, son el tipo de gafas de protección solar más común.
  • 4- Son completamente opacas, se emplean en alpinismo o deportes de nieve y no se pueden utilizar para conducir.

Una barrera frente a la radiación ultravioleta

Pero las gafas de sol también protegen a los ojos de la radiación ultravioleta, en concreto de los rayos UVA y los UVB. Los rayos UVA son los responsables del envejecimiento celular y de que nos pongamos morenos y los UVB están vinculados a las quemaduras solares y el cáncer de piel.

Los rayos ultravioleta del sol pueden causar lesiones como la queratoconjuntivitis actínicaLa córnea y el cristalino absorben la mayoría de estos rayos UV pero cierta cantidad de ellos alcanza la retina. El problema es que su efecto es acumulativo y si, como ocurre en los meses de primavera y verano, se pasan muchas horas al aire libre o al sol los ojos pueden sufrir lesiones.

En este sentido Masiá señala que los rayos ultravioleta pueden ocasionar lesiones como la queratoconjuntivitis actínica, en la que se sufre de escozor, lagrimeo y la sensación de tener arenilla en los ojos. Esta falta de protección ocular puede llevar además a que enfermedades como las cataratas o la degeneración macular avancen más deprisa.

Cuando las condiciones de luminosidad son extremas, como sucede en las montañas nevadas, la protección con gafas de sol es indispensable pues la nieve refleja hasta el 80% de la luz solar. Si no se protegen los ojos de forma adecuada la córnea puede sufrir una queratitis, una inflamación de esta parte del ojo.

La directiva europea por la que se rige la fabricación y comercialización de las gafas de sol establece que éstas deben permitir un paso muy limitado de la radiación ultravioleta, sólo un 1% y frenar así el 99% de estos rayos. Sin embargo, Masiá explica que existen gafas de sol en el mercado capaces de bloquear por completo la radiación ultravioleta.