Still from Quetta's Hazy Blue Sky (Quetta's blauer dunstiger Himmel) / Afghanistan–Pakistan. c. 1974–76
Fotograma de una de las películas experimentales de Sigmar Polke, que rodó todos sus viajes por zonas remotas Private Collection © 2014 Estate of Sigmar Polke/ Artists Rights Society (ARS), New York / VG Bild-Kunst, Bonn

Al alemán Sigmar Polke (1941-2010) le gustaba aplicar a sus creaciones artísticas la definición de coartadas. No se sentía culpable de sus obras —y dada su extraordinaria fecundidad se pueden contar en miles las piezas con su firma— porque mientras las creaba, sostenía, se sentía habitante de un lugar distinto al del crimen. El fundador del arte moderno y rey de la cacofonía —el uso repetitivo de elementos similares— es elevado al trono con una magnífica exposición en el MoMA de Nueva York (EE UU), la retrospectiva mayor montada nunca sobre su obra, Alibis: Sigmar Polke 1963–2010 (Coartadas: Sigmar Polke 1963-2010).

La exposición, que permanecerá en la pinocoteca neoyoquina hasta el 3 de agosto y luego viajará al museo coorganizador, la Tate Modern de Londres (del 9 de octubre al 8 de febrero de 2015) y al Museum Ludwig de la ciudad en la que residió el artista gran parte de su vida y murió tras un cáncer, Colonia (14 de marzo al 15 de julio de 2015), es la más completa nunca antes organizada sobre la obra del creador alemán que propuso la definitiva desacralización del arte con la idea de que ninguna imagen es sagrada y cualquiera (una viñeta de cómic, un anuncio publicitario, una instantánea de turista o un recorte de prensa) puede ser una obra de arte si se manipula de determinada forma. Las más de 300 piezas que acoge el MoMA son ejemplo de la poca importancia que Polke concedía a fronteras, formatos y géneros.

Cuatro alas del edificio

Con obras en todos los medios (pintura, fotografía, cine, dibujo, grabados y escultura), la retrospectiva incluye desde la intimidad de un cuaderno de notas hasta pinturas realizadas en hollín sobre vidrio de un tamaño descomunal que incluso pone a prueba la capacidad arquitectónica del museo. Los organizadores dedican a la exposición cuatro de las alas del edificio, en una de las mayores muestras nunca antes presentadas en el MoMA, que también ha desarrollado un microsite en línea dedicado a la muestra.

Consumía drogas recreacionales, sobre todo hongos alcaloides Ampliamente considerado como uno de los artistas más influyentes de la generación de la posguerra , Polke poseían un ingenio irreverente y un dominio excepcional sobre las propiedades de los materiales con los que trabajaba. Esa adaptación al medio le permitía mezclar pintura con productos químicos abrasivos o tóxicos, utilizar deshechos, patatas o practicamente cualquier material que tuviese a mano.

A la desmesura creativa le ayudaban las drogas recreacionales que consumió con avidez durante toda su vida adulta. Le gustaban sobre todo los hongos alucinógenos. La calidad alucinatoria de la psilocibina, el alcaloide presente en muchos de ellos, es necesaria para entender su obra: impredecible, alocada y cambiante.

Viajero a Pakistán, Afganistán, Brasil...

La retrospectiva de Nueva York permitirá ver las trece películas experimentales —ocho de ellas inéditas hasta ahora— que Polke realizó a lo largo de su vida a partir de las grabaciones de cine en 16 milímetros que realizaba allá donde viajase (y fue un ávido explorador, capaz de adentrarse en soledad en zonas alejadas de Pakistán, Afganistán y Brasil). También se muestran obras hechas a mano siguiendo patrones industriales de artes gráficas —como el retrato puntillista a lápiz de Lee Harvey Oswald de 1963—, con las que pretendía poner en solfa la idealización del arte moderno.

No utilizó un ordenador hasta 2002 en 'La caza de los talibanes y Al Qaeda' De los años ochenta, la década más productiva de alemán, se presentan obras abstractas radicales y cuadros que abordaban temas sociales como la contaminación radiactiva y los males derivados del turismo masivo.

Fue también en esaa época cuando se intersó por la alquimia, el ocultismo y los rituales. Entre las "alegorías históricas" que firmó en sus últimos años, con visiones casi mecánicas desde torres de control, destaca la enorme (casi siete metros de altura) The Hunt for the Taliban and Al Qaeda (La caza de los talibanes y Al Qaeda, 2002), que definía como una "pintura hecha a máquina" porque había empleado por primera vez las capacidades de un ordenador para alterar una obra que luego imprimió sobre lona.

"No pienso demasiado en nada"

La carrera de Polke, dicen los organizadores, fue un continuado intento de "socavar la autoridad de la imagen impresa", la petulancia de la modernidad y el trascendentalismo de algunos artistas. Una de sus series más conocidas, que puede ser entendida como una declaración de intenciones, se titula I Don’t Really Think About Anything Too Much (No pienso demasiado en nada, 2002).

Nacido en Silesia (región que ahora pertenece a Polonia), la familia de Polke escapó de los comunistas tras la II Guerra Mundial. De joven trabajó como aprendiz en una vidriería antes de matricularse, a los 20 años, en la Academia de Bellas Artes de Dusseldorf. Practicó todos los géneros y mostró una ambiciosa y honesta curiosidad irreverente.

Desviaban la culpa de las atrocidades nazis con la coartada del 'Yo no vi nada'Eludió siempre la categorización y fue un profundo escéptico hacia todo tipo de autoridad —artística, familiar, religiosa y gubernamental—.  "Creció en una época en que muchos alemanes desviaban de sí mismos la culpa de las atrocidades de la época nazi con la coartada del 'Yo no vi nada', escrutó la maleabilidad de la visión y las diferencias entre apariencia y realidad y desconfió de la idea de que puede haber una verdad universal", dicen los comisarios de la muestra.