Portrait de Dora Maar aux petites mains, 1936
Dora Maar retratada en 1936 por Man Ray New York, Collezione Debra e Jean Bensadoun / Photo credit: Alister Alexander /Camerarts

Hay una profunda injusticia en que Dora Maar (1907-1997) sea solo identificada por los varios retratos pintados por Pablo Picasso para los que posó como modelo: desde Dora Maar au Chat (1941) —uno de los más caros subastados nunca: más 95 millones de dólares— hasta el desgarrador La mujer que llora (1937) y los bellísimos Le chandail jaune o Femme allongee sur un divan, ambos de 1939. La mujer que robó el corazón del pintor, del que fue pareja, musa inspiradora y compañera sexual entre 1936 y 1943, dejó sobre el mundo bastante más que esos apuntes sentimentales.

Maar fue una de las grandes artistas del siglo XX. De esa nada exagerada afirmación parte Dora Maar, nonostante Picasso (Dora Maar, no obstante Picasso), una de las mayores exposiciones antológicas organizadas en torno a la obra y la figura de una mujer "compleja y problemática", pero "fuerte, inteligente y políticamente comprometida", como dicen los organizadores. La muestra, en cartel hasta el 14 de julio, se celebra en el Palazzo Fortuny de Venecia, uno de los centros de arte de la fundación de los museos públicos de la ciudad italiana.

Personalidad enigmática

La exposición quiere desligar en lo posible de la obra de Maar —nacida en París como Henriette Theodora Markovitch, hija de un arquitecto croata— la relación con Picasso, al que sedujo con su "extraordinaria belleza y personalidad enigmática" y romper la idea de que la ruptura de la pareja, cuando el pintor se lió con la pintora francesa Francoise Gilot, empujó a Maar a hundirse en la locura y "vivir aislada del mundo durante los restantes cincuenta años".

Al entierro de Dora Maar en París acudieron sólo siete personas La coordinadora de la muestra es la española Victoria Combalia, autora de la mejor biografía sobre Maar, que revisó toda la documentación que la artista guardaba cuando murió, en reclusión casi absoluta en un apartamento de París —al entierro acudieron siete personas— y la entrevistó varias veces.

Reportaje sobre Picasso trabajando en el Guernica

Dora Maar, nonostante Picasso muestra más de cien obras fotográficas, algunas nunca antes exhibidas, negativos y cartas de esta artista condicionada por el amor intenso y apasionado con el mejor pintor del siglo XX. La exposición, montada con préstamos de museos, entre ellos el Reina Sofía madrileño, y colecciones privadas, abarca desde los primeros trabajos de Maar, fotos callejeras que muestran la pobreza parisina en los años treinta, collages anticapitalistas que firmó más tarde con su primer marido, André Breton el padre del surrealismo, y el detallado reportaje, entre mayo y junio de 1937, en el que Maar recogió cómo Picasso trabajaba en El Guernica, cuadro en cuya génesis se ha barajado que haya podido tener influencia el radicalismo político de Maar y su militancia antifascista.

Inclinación instintiva hacia lo misterioso, lo mágico y lo sobrenatural La artista, que había secundado el credo surrealista antes de conocer al pintor español, "tenía una inclinación instintiva hacia lo misterioso, lo mágico y lo sobrenatural" que plasmó, a mediados de los años treinta, en obras enigmáticas, tanto fotos como pinturas y esculturas.

Maar combinaba lo experimental con fotos de moda y desnudos solarizados que publicaba en revistas ilustradas y le servían como forma de ganarse la vida. Algunas de estas obras, como Assia (1934), con la modelo proyectando una sombra sobre la pared, o el melancólico retrato Nusch de face, accoudée, les mains sous le visage (1935), están entre las más conocidas de Maar.

Guantes moteados con sangre

La mujer irresistible que había sido una de las modelos favoritas del fotógrafo Man Ray fascinó a Picasso desde el primer encuentro: los presentó el poeta Paul Elouard y ella jugueteaba con una navaja que pinchaba entre los dedos extendidos de la mano enguantada, haciéndose ligeros cortes cuando erraba. El pintor le pidió como regalo los guantes blancos moteados con sangre y, de paso, una cita. Fueron inseparables durante siete años, entre ellos los durísimos de la ocupación nazi de Francia durante la II Guerra Mundial.

Se convirtió al cristianismo y legó a un monje 130 obras de Picasso Cuando él la dejó por otra, Maar cayó en un letargo depresivo y se escondió del mundo. Aunque escribió algunos poemas y regresó poco a poco a la vida social, fueron la religión católica y el psiconálisis sus mayores ayudas. Antes de morir, en una cama bajo la que guardaba celosamente en cajas de cartón todas sus cartas y recuerdos personales, legó a un monje sus posesiones, entre ellas todas las fotos que conservaba y 130 cuadros y dibujos que le había regalado Picasso.