Intercambio de cuerpo
Pregunta del millón: ¿Con quién te gustaría cambiar tu cuerpo? CARLOS PAN

Es una vieja fantasía. Pasarse un ratito por el cuerpo de otro. Usurparlo y vivir en sus carnes. Ser un avatar. Los lectores de el mensual quieren ver cumplidas sus expectativas. Famosos del mundo, escondeos.

¿Soñando con vivir en el cuerpo de otro? ¿Quiere saber lo que se siente al ser el hombre o la mujer más deseados? Ahora puede hacerlo... Les ofrecemos la exclusiva oportunidad de intercambiar su cuerpo, ser un travieso avatar. ¿Sugerente? Si pudiera ¿a cuál escogería? Esta es la pregunta del millón.

Me cambiaría por cualquier persona que me haga alegrarme al volver a mi cuerpo Debemos advertirles que vivir la vida ajena puede mermarle a uno la autoestima. ¿Pero a quién le importa? Se trata de encarnarse en las “yemas de los dedos de Brad Pitt”, como dice nuestro lector Fer Nando. Las sagradas yemas que tocaron a la diosa. Huellas dactilares que serán momificadas, convertidas en reliquias de adoración generacional.

Por los dedos, los ojos y la lengua del actor, ¿quién no se intercambiaría unas horas por otro? Y lo que es peor, ¿cómo se tomará todo este asunto el pobre Pitt? ¿Acaso nos importa? ¿Le gustará al actor ser Juanma el lechero? ¿Mejorará el rollito con Angelina Jolie? Dudas. La vida es como un océano embravecido por mareas metafísicas. Así que hagan caso a Antiguo Usuario: “Me cambiaría por cualquier persona que me haga alegrarme al volver a mi cuerpo”.

Cómo ser otra persona

Todos recordamos a las vainas alienígenas de La invasión de los ultracuerpos, o cómo enloquecían los protagonistas de Cómo ser John Malkovich. Meterse en el cuerpo de otro, y sin permiso, tiene consecuencias. Ahí tienen a los pobres reptilianos a los que un mal día se les ocurrió usurpar el cuerpo de Rajoy, Putin, Merkel u Obama. Sufren un tedio espantoso, y además peligroso, que los lleva a entretenerse con penínsulas caucásicas o a hacer papiroflexia con el Estado del bienestar.

Nuestros lectores, sin embargo, más que  reptilianos parecen, en ocasiones, concupiscentes bonobos. Por las carnes del “marido de Elsa Pataki”, afirma Celta. Miles de lectores balbuceando en el túnel que traslada al cerebro del marido. Elsa alucinada. Posesión infernal. Un mundo nuevo.

“Con Letizia, para ser princesa por un día”, alega la Luzprodigiosa. “Por el de Miranda Kerr, especialmente durante los actos con su exmarido...”, dice la alegre Gramola. “Pues yo, por el de la cantante Pink, perfecto para mi gusto”, explica @OlgaAnderez. “Con Darren Birk”, sentencia @Sergetsu. Acabamos de recibir una misiva de Birk, Pink y su majestad Letizia. Resumimos: “Ni-se-os-ocurra”.

No tienen abuela

Pero el pueblo llano –es decir, todos aquellos que vivan bajo la cota de los mil metros– tiene su derecho. Estos cuerpos deberían ser declarados comunales. Generaciones enteras vertiendo en ellos sus sueños. Haciendo crecer su billetera hasta la casita en Ibiza, Bali y Miami. ¿Y aun así no quieren compartir sus yemas? “Por Nacho Vidal”, dice 20censurados. ¡Comunal! “Por alguien del futuro del 2098 o por ahí”, dice ales1111. ¡Comunal! “Por la cuenta corriente de algunos”, dice Meluca. ¡Aún más comunal si cabe!

No hay que desear ser como los demás, solo hay que cuidarse un poco Y así llegamos al misterio de los que quieren encarnarse en sus propias abuelas. Un prodigio de autoestima. Seres cuyos cuerpos son prioritarios, únicos, tan intransferibles como el DNI. “Con nadie. Estoy genial, perfecta, me gusto y gusto, y me dan gusto. ¡Qué más puedo pedir!”, dice Escarlata. “Por mí mismo, porque soy tan estupendo que no paro de darme besos. Y si no me quedara otra, por mi novia, para sentir lo que siente cuando yo la hago gritar”, fanfarronea Cerdo Peligroso. “Yo, por nadie, porque tengo un tipazo bonito, aunque me lo cuido mucho”, dice Defen10. “No hay que desear ser como los demás, solo hay que cuidarse un poco”, contesta Sandro. Esto se está poniendo muy aburrido. Parece una discusión de gimnasio. ¡Queremos cuerpos comunales o anabolizantes! ¡Queremos ser otros! ¡Estamos hartos de pagar facturas!

Por suerte, uno de los lectores encuentra el secreto. Sí, el secreto que buscó Ponce de León en los pantanos aztecas. La fuente de la eterna juventud, el grito de los abuelitos de la película Cocoon. La mejor encarnación, el cuerpo perfecto es... “Quien quiera permanecer joven y lozano que se cambie por Jordi Hurtado”, suelta Vkrasniy. Elemental. Lo teníamos delante de nuestras narices. Cifras y letras. Aunque es probable que Jordi Hurtado no suelte su cuerpo fácilmente. Para ser eternamente joven tú y tu concurso de televisión, solo tienes un camino plausible: pactar con el diablo. Y el diablo, además de posesivo, es muy territorial.