Mandela según su carcelero

  • El que fuera el guardián del fallecido ex presidente de Sudáfrica relata cómo terminaron uniéndose separados por los barrotes de Robben Island.
  • 'Mandela. Mi prisionero, mi amigo' detalla los recuerdos de aquella amistad y cómo perduró los años posteriores a la liberación del líder africano.
Nelson Mandela retratado en 1990 por Hans Gedda, uno de los retratos de la exposición
Nelson Mandela retratado en 1990 por Hans Gedda, uno de los retratos de la exposición
© Hans Gedda - Cecilia Heisser/Nationalmuseum

Christo Brand fue guardián del fallecido Nelson Mandela cuando el líder africano estuvo preso en Robben Island. Christo y el ex presidente, que entonces tenía 60 años, podrían haberse convertido en enemigos acérrimos y en cambio forjaron una extraordinaria amistad hecha de pequeños gestos que estableció un vínculo inquebrantable entre ellos.

El libro Mandela. Mi prisionero, mi amigo (Ediciones Península) relata la emocionante historia de un joven blanco afrikáans criado en la Sudáfrica del apartheid, quien empezó a trabajar a finales de la década de 1970 como guardián en la cárcel de Robben Island.

Entonces no sabía absolutamente nada de aquel preso al que se vio obligado a odiar y con quien no tenía nada en común. A diferencia de él, Mandela era negro, luchador y oprimido, unas características de mucho peso aquella época.

A pesar de ello, entre Brand y Mandela se forjó una fuerte amistad gracias a la cual el que fue presidente del país africano pudo disfrutar de algunos momentos agradables, como el día en el que su carcelero amigo puso todo su empeño para que Mandela pudiera sostener en brazos a su nieta Zoleka, de apenas cuatro meses.

Todos aquellos recuerdos y los detalles de su amistad se recogen en este volumen, en el que Brand narra no sólo los días en la cárcel de aquella isla, sino también cómo su relación trascendió aquellos barrotes, una simbólica amistad en la que Mandela se comportó como luego hizo con el resto del país.

Siendo ya presidente de Sudáfrica, Mandela buscó a Brand y le ofreció empleo. Invitó al guardián y a su familia a su casa, y lo consoló cuando uno de sus hijos murió en un accidente de tráfico.

Madiba siempre le estuvo agradecido por el buen trato que le dispensó en la cárcel, y Christo siempre vio en él a un hombre que, gracias a su espíritu, su bondad y su carisma personal, lo transformó a él con las mismas armas con las que luego cambió a toda una nación.

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