Odigie, nigeriano que llegó a España en 1999 cruzando la valla de Ceuta.
Odigie, nigeriano que llegó a España en 1999 saltando la valla de Ceuta. JORGE PARIS

Nigeria, Costa de Marfil, Camerún, Guinea Conakry, Congo, Senegal, Mali, Togo, Ghana, Níger, Burkina Faso, Gambia, Sierra Leona... el punto de partida tiene distintos nombres. El de llegada, solo tres: Ceuta, Melilla o la península ibérica. Entre medias, un duro camino que suele durar meses, en algunos casos años y en el peor de los escenarios solo lleva a la muerte (1.471 fallecimientos entre 2008 y 2013). Los focos mediáticos se detienen en la última estación de la travesía: los saltos a la valla de Melilla, el intento de cruce a nado del espigón de Ceuta (donde murieron ahogadas 15 personas el pasado febrero), o las pateras que siguen llegando a las costas andaluzas. Pero, ¿qué sucede durante todo el camino recorrido previamente? 20minutos ha conversado con un asesor de inteligencia del ministerio del Interior, un exinformador del CNI que trabajó muchos años en África, responsables de ONG que ayudan a inmigrantes y un nigeriano que llegó a España en 1999 tras saltar la valla de Ceuta después de un periplo de cinco meses desde su aldea natal. Sus experiencias son distintas, obviamente; su principal conclusión, la misma. El problema tiene difícil solución, al menos a medio plazo.

Comíamos de lo que nos daba la gente, de sobras y muchas sardinas Odigie cumple 36 años en mayo. Vive de alquiler en el sur de Madrid, con su mujer y sus tres hijos, los tres nacidos en España. El 1999 decidió buscar un futuro mejor en Europa. En su país, Nigeria, no lo había. La empresa maderera, inglesa, en la que trabajaba en la ciudad de Benin City hizo recortes y le despidieron. Tenía 20 años y cobraba 1.200 nairas al mes (unos 12 euros al cambio). Sin padres pero con varios hermanos, decidió marcharse de su pueblo, "dónde no tenía ni luz ni agua". Se acuerda perfectamente de la fecha de partida: 24 de junio de 1999. Cinco meses y 5.000 kilómetros después llegaba a Ceuta. Con la perspectiva que dan 15 años, Odigie relata su aventura para llegar a España y no cree que sea muy diferente a la que hoy viven miles de africanos que inician el mismo camino.

"Salí de Nigeria con 100 dólares. Pasé por Níger, Argelia y Marruecos. En este último país estuve dos meses, viviendo en una tienda de campaña que nos dio la Cruz Roja. Allí recibí 600 dólares de un hermano que estaba en Europa. Una noche muy lluviosa, que no había guardias, salté la valla de Ceuta por una zona que estaba en obras. Una vez en Ceuta, el traslado a la península fue cosas de días". Odigie trabajó de agricultor, en la construcción y como soldador en las obras del Metrosur. Ahora lleva mucho tiempo en paro, como su mujer. Trabaja en lo que le sale, intentando mantener a su familia y "pagando impuestos que no entiendo. El Ayuntamiento de Fuenlabrada me acaba de decir que debo pagar 400 euros de plusvalía por un piso que me han quitado. No lo entiendo".

El viaje tuvo varias etapas. "A pie y en vehículos. Cada vez que pasaba de un país a otro lo debía hacer furtivamente. En el camino conoces compañeros que van y vienen. Afortunadamente no tuve que vivir ninguna muerte. Lo peor fue el desierto entre Níger y Argelia. Pero el miedo se combate con la fe, soy cristiano. Comíamos de lo que nos daba la gente, de sobras y muchas sardinas, muchas", reitera. "La Policía marroquí nos molestaba de vez en cuando. A mí me robaban el dinero. Es la única mafia que conocí", afirma.

¿Mafias o transportistas?

¿Qué papel tienen las mafias en estos viajes?, ¿Gestionan grupos organizados el traslado de los subsaharianos desde su país de origen hasta su llegada a Marruecos?, ¿También controlan las mafias los intentos de asalto a las valles de Ceuta y Melilla? El ministerio del Interior repite siempre el mismo argumento. El pasado 4 de marzo, tras el intento de 1.500 subsaharianos de cruzar la valla de Ceuta, el ministro Fernández Díaz aseguró que "es evidente que las mafias criminales que trafican con seres humanos están detrás de todo este movimiento y están muy pendientes de lo que pasa en España". Días después recalcó: "las mafias se están alimentando de los debates generados en España para organizar futuros asaltos masivos a las fronteras".

Los inmigrantes deciden venir a Europa por decisión propia, no por decisión de las mafias Lo que está claro es que Interior quiere que la palabra mafia esté detrás de cualquier mensaje gubernamental relacionado con la inmigración irregular. De hecho, también en marzo pasado, la dirección de la Policía destituyó a Ramón Caudevilla, que era jefe de la Brigada de Extranjería y Fronteras en Ceuta, después de que dijera en una entrevista que los intentos de entrada en grupo son "un movimiento impulsivo de los inmigrantes". "Si entendemos como mafia un grupo organizado", matizó, "es imposible que exista un grupo organizado que pueda manejar tantas nacionalidades y dentro de cada nacionalidad cada tribu. Estos movimientos obedecen a una unión, a un vamos a ponernos de acuerdo para hacer esto para ver si nos sale bien... Nada más". Caudevilla discrepó así del discurso oficial.

Odigie asegura que en su periplo no conoció a ninguna mafia. "Pagué porque gente me llevara en su vehículo. Los únicos que me robaron fueron los policías marroquíes", señala. "Lo que aquí llamamos traficantes de personas, para los inmigrantes son héroes. No son vistos como delincuentes, sino como transportistas que tienen unos gastos", explica David Vidal, que trabajó como informador del CNI durante una década tejiendo una red de informadores en varios países de África, experiencias que cuenta en su libro Diario de un Espía. Níger, por ejemplo, es país de paso. "Vive del uranio y del tráfico de personas, pero no entendido como delito, sino como transporte de personas. El coste del viaje oscila ahora entre los 1.800 y los 2.000 euros", explica Vidal.

"Los inmigrantes deciden venir a Europa por decisión propia, no por decisión de las mafias. Otra cosa es que luego en el camino haya gente que se aprovecha de unas necesidades. Por ejemplo, un mes de trabajo por un billete de autobús", señala Manuel Sobrino, de la Red Acoge, que aglutina a 17 asociaciones que trabajan con inmigrantes. "Hay grupos organizados que trafican con los inmigrantes", asegura en cambio un asesor de Interior. "Los que gestionan los viajes en patera, o por ejemplo los que ocultan a los sin papeles en los vehículos para pasar por las aduanas. Son grupos organizados que cobran por ello". Simón Nong, portavoz de la Red de Asociaciones Africanas en España asegura también como Odigie que la "única mafia que conozco es la de la Policía marroquí". Si se quiere acabar con esas supuestas mafias, matiza, "que el Gobierno español de visados. En 2012 solo se dieron 56.000 a ciudadanos africanos, por 900.000 a ciudadanos rusos".

Efecto llamada

Interior también ha recalcado que la presión migratoria que están sufriendo en las últimas semanas Ceuta y Melilla produce un importante efecto llamada. De ahí el dato repetido por el ministerio: 80.000 inmigrantes esperan su oportunidad para cruzar a las dos ciudades autónomas: 40.000 ya en Marruecos y 40.000 en Mauritania. "¿Efecto llamada?", se pregunta Manuel Sobrino de la Red Acoge. "¡Si los inmigrantes tardan meses e incluso años en llegar! Las cifras que tiene el ministerio tienen muchos matices. El Gobierno debería explicar de dónde saca esas cifras".

Un 25% de los inmigrantes en Marruecos lleva allí entre uno y cinco años, según Médicos sin Fronteras Un reciente estudio de Médicos sin Fronteras de 2013 revelaba que un número importante de subsaharianos están atrapados en Marruecos, sin poder proseguir su viaje hacia Europa ni regresar a sus países de origen. La mitad de los entrevistados llevaba en el país magrebí más de seis meses, una cuarta parte afirmaba llevar entre seis meses y un año y otro 25% entre uno y cinco años. "Los inmigrantes que están en camino son muy difíciles de calcular y controlar, son bolsas en constante evolución, por lo que no se puede hacer un cálculo cerrado. En el peor de los casos yo hablaría de 25.000 personas", explica David Vidal, una cifra muy alejada de los 80.000 de Interior y más cercana a los 30.000 que publicó el diario El País citando a fuentes policiales, curiosamente la misma cifra de inmigrantes que dio el mismo diario en el año 2005. "Es que es un problema cíclico desde el año 2000, con repuntes en algunos periodos. A medio plazo, ni las vallas, ni las concertinas, ni las pelotas de goma van a solucionar el problema", sentencia Vidal.

"El Gobierno utiliza conceptos como masa, invasión, avalancha, mafia... para preparar a la opinión pública de que es necesario una reforma de la ley de extranjería y un aumento de los medios de represión. África tiene 800 millones de habitantes. Supongamos que haya 65.000 personas que quieren moverse de sus países, ¿son invasores? Solo el 3% de los irregulares que entran en España son africanos. La única invasión que conozco es la de las empresas europeas en los recursos africanos", explica Simón Song.

Más saltos en Melilla que en Ceuta

De momento, Nigeria, Ghana y Malí son los tres países que ahora están aportando más inmigrantes. Y en Melilla se ha formado una bolsa de sirios, que huyen de la guerra civil que desangra su país. Fuentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional aseguran que la solución es difícil a medio plazo. "Las oleadas de saltos van a continuar. Mucho más en Melilla que en Ceuta, porque en esta última ciudad su vallado es muy difícil de saltar por motivos geográficos. Y el espigón va a ser reforzado para que se adentre muchos metros más en el mar". En Melilla, por ejemplo, se están reforzando las unidades policiales con la llegada de 120 agentes más procedentes de la península. También se está mejorando el vallado, con la colocación de une nueva malla antitrepa. Incluso Interior acaba de licitar la construcción de tres nuevas torretas de vigilancia que costarán 221.000 euros y que se unirán a las 23 que ya existen.

Interior acaba de licitar la construcción de tres nuevas torres de vigilancia en la valla de Melilla por 221.000 euros Las mismas fuentes, que prefieren no ser citadas, puntualizan las versión de Interior. "Es obvio que existen algunas mafias organizadas que se aprovechan del deseo de los inmigrantes de llegar a España a toda costa, y les trasladan muchas veces en condiciones inhumanas y con precios abusivos. Pero una vez que llegan aquí a la frontera se desentienden de ellos. Luego aquí los inmigrantes se 'autogestionan' a veces dirigidos por líderes carismáticos". Inmigrantes con cierto liderazgo. En la tragedia del espigón de Ceuta, Interior mostró las imágenes de unos 300 inmigrantes bajando de madrugada organizados para intentar saltar la valla. "A eso me refiero. Obviamente hubo líderes que la noche anterior juntaron a todos los subsaharianos y prepararon el asalto para esa madrugada", explica en la Guardia Civil.

El viaje no está exento de peligros. Uno de los trayectos más peligrosos pasa ahora por el valle de Maghnia, en la frontera entre Argelia y Marruecos. "Allí viven bandas de desesperados que se han quedado atascados y cuya única opción es secuestrar a los incautos que tienen la desgracia de cruzar la frontera. Son subsaharianos secuestrando a subsaharianos. Aparte de robar cualquier pertenencia y vejar sexualmente a las mujeres, suelen secuestrar a los viajeros hasta que reciben un rescate. Normalmente, con unos pocos euros enviados desde Europa se soluciona el problema. Lo malo es si las víctimas no tienen familia o amigos que puedan mandarlos. Muchos países, como Nigeria, tienen etnias que se llevan mal entre ellas. Son grupos de bandidos formados por miembros de la misma etnia que asaltan a otros inmigrantes", explica Vidal.

Un problema económico

La solución a este problema migratorio pasa, irremediablemente, por ayudas económicas. "Hay que aumentar la cooperación con países africanos, y tener claro en qué se destina ese dinero. Parecer ser que a Europa solo le interesa retrasar cuanto más al sur de África la frontera de la inmigración, no solucionar el problema en su origen", señala Manuel Sobrino. El último informe de Oxfam Intermón, presentado en marzo, denuncia que la partida en cooperación que España destina en sus presupuestos ha caído en más del 70% desde 2008. La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) gestionaba 980 millones de euros en 2008. Este año solo dispondrá de 230 millones de euros

"¿Cómo se solucionó en parte la crisis de los cayucos que comenzó en 2005? Pagando a Mauritania, de donde salían la mayoría de los cayucos. Si deportar a un inmigrante desde España costaba una media de 3.000 euros y en cada cayuco iban 50… ¿Por qué no darle una parte de ese dinero a estos países a condición de que impidiesen la salida de inmigrantes?", argumenta David Vidal. Aquella crisis se atajó, pero ahora el problema, por ejemplo, está en Argelia, que tiene muy mala relación con Marruecos y permite el paso de los subsaharianos. El territorio de Mauritania, muy grande y con escasa población, es también difícil de controlar. Se solucionaron las salidas de cayucos desde las costas pero no se ha controlado el tránsito terrestre por un país que ocupa más de un millón de kilómetros cuadrados.

Argelia se lleva mal con Marruecos y permite el paso de inmigrantes, y el vasto territorio de Mauritania es difícil de controlar La actitud de Marruecos, por su parte, es compleja. "No puede combatir la inmigración ilegal como le gustaría, ya que quiere dar imagen ante la opinión pública internacional que respeta los derechos humanos", explican desde Interior. Antes eran frecuentes las expulsiones por la fuerza, los abandonos al otro lado de la frontera con Argelia, en la llamada "tierra de nadie", las agresiones y los robos de los propios policías marroquíes. Pero en 2013 todo cambió. El Gobierno marroquí prohibió todo esto, aunque a veces se den casos, y ha empezado a censar a los inmigrantes y darles un trato "más humano". Por ejemplo, Marruecos tiene acuerdos con Malí, Senegal o Níger. A sus ciudadanos solo les exige el pasaporte y 500 euros por un visado de tres meses. "Aquí también entran las mafias que proporcionan documentación falsa".

Menos pateras y más polizones

Un análisis de las estadísticas revelan que estamos viviendo un repunte del movimiento migratorio desde África, ese movimiento que algunos expertos señalan que es cíclico, que se repite con el tiempo. En 2008 llegaron a España de forma irregular por la frontera sur (Canarias, Ceuta y Melilla, costa sur de España) un total de 15.572 personas. La cifra se redujo en 2009 y 2010 (8.700 y 5.300 personas respectivamente), pero en 2011, 2012 y 2103 la cifra volvió a crecer sucesivamente. El año pasado llegaron 7.750 personas, según el último informe de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía y datos del Ministerio de Interior.

En el caso de Melilla, 2013 fue el peor año con la llegada de 2.508 inmigrantes irregulares, frente a los 2.105 de 2012 y los 1.039 de 2011. Solo en los primeros 73 días de 2014 entraron en la ciudad autónoma 1.080, un 43% más. El año pasado también fue para Ceuta el de mayor presión migratoria, con 1.846 llegadas, mientras que en 2012 hubo 756 y en 2011 un total de 1.258. Sumando solo Ceuta y Melilla, las entradas de inmigrantes irregulares crecieron un 48,5% en 2013 respecto a 2012.

Inmigrantes a bordo de una lancha de juguete rescatados por Salvamento Marítimo.

En cuanto al perfil de los inmigrantes, un 91% fueron hombres de edad y un 3% fueron menores. Este informe también revela una conclusión importante, tras analizar los datos de 2013 en comparación con los de 2012: la presión en las vallas de Melilla y Ceuta ha ido aumentando en detrimento de otras formas de cruzar la frontera (pateras y vehículos), lo que refleja que los inmigrantes se 'autogestionan' e intentan evitar los costes asociados a las mafias

En 2012, un 69,31% de los inmigrantes irregulares intentaron llegar a España a través de una patera, proporcionada habitualmente por las mafias. Ese mismo dato desciende al 45% en 2013. En cambio, si en 2012 el porcentaje de inmigrantes que se aventuró en pequeñas balsas hinchables, la mayoría de juguete, alcanzó un 15,32%, en 2013 llegó hasta el 27%. Por este sistema, cuatro o cinco inmigrantes se juntan para comprar la balsa e intentar cruzas las aguas, fuera del control de las mafias. Por ejemplo, de las 305 embarcaciones que la Guardia Civil interceptó el pasado (con 4.417 personas a bordo) 41 eran pateras, 79 lanchas neumáticas y 166 balsas de juguete. Otras 15 fueron motos de agua y cuatro, cayucos.

En 2012 consiguieron saltar las vallas casi un 12% de personas, mientras que en 2013 superó el 15%. Otro sistema que no controlan las mafias. Lo que sí aumentó fueron los casos de polizones. Aquí sí los inmigrantes pagan el pasaje a grupos organizados que les ocultan en los recovecos más insospechados de los vehículos. Del 1,34% de 2012 se pasó al 8,16% de 2013.

Según los datos aportados por Interior, un billete en avión con documentación falsificada cuesta entre 4.000 y 6.000 euros; una plaza en una patera supone entre 600 y y 800 euros para los marroquíes, unos 1.000 euros para los argelinos y entre 1.200 y 1.500 euros para los subsaharianos, cifra que sube hasta los 3.000 euros si el paso se hace en embarcación rápida. Un flotador o un chaleco salvavidas que pueda permitir entrar a nado en Ceuta y Melilla cuesta entre 25 y 45 euros. Entrar oculto en un automóvil puede costar entre 3.000 y 4.000 euros, y conseguir documentación falsificada para entrar en las ciudades autónomas cuesta entre 5.000 y 6.000 euros.