Ocurrió el pasado 20 de enero cuando los familiares de Moisés Aragón, enfermo de cáncer en fase terminal, avisaron a la ambulancia hasta en dos ocasiones debido a los dolores que sufría. La segunda vez, lo trasladaron a urgencias. Allí estuvo media hora en una silla de ruedas «ya en estado de agonía» sin que le dieran calmantes. El oncólogo de guardia llegó a las dos horas y vestido de calle. La familia cree que el personal «dejó que muriera con sufrimientos innecesarios».