Reyes del chascarrillo
Fernando Tejero, Pablo Chiapella y Joaquín Reyes, amos del chascarrillo. Archivo

Si su compañero de barra le propone que echen "un pinchito", no se equivoque: no le invita a que ataquen juntos una ración de bravas, ni que le pase el bote de palillos. La lectura acertada es: 1) Ese sujeto pretende hacerle reír o... 2) Le acaba de invitar a un encuentro sexual. Tal vez, ambas cosas.

El responsable de que esto sea así es Amador (Pablo Chiapella), uno de los personajes de la serie La que se avecina (Telecinco).

Desde que se incorporó a la ficción, sus muletillas han conquistado la jerga de la calle. Hasta el punto de que contestamos al teléfono con un "Espartaco al aparato", pedimos en los bares con la consigna "caña aquí" y recurrimos al "merengue, merengue" en situaciones diversas (esta expresión varía de significado dependiendo del tono de voz, del contexto y  "de si se hacen gestos obscenos con la lengua mientras se pronuncia", explica una forera experta).

Mejor si es gañán

En lo relativo a esta epidemia lingüística que emana de la pequeña pantalla, los perfiles de gañán son sus principales instigadores.  Antes que Chiapella, Fernando Tejero brilló gracias a Emilio, el portero de Aquí no hay quien viva, y a frases como "un poquito de por favor". En la misma serie, la actriz Loles León impuso aquel "punto en boca". Y Antonio Molero será recordado, aunque le pese, por el "mayormente" del Fiti de Los Serrano.

Por su parte, a los miembros de Muchachada Nui se les deben un sinfín de neologismos con sabor manchego (viejuno, gambitero, tollina, regulero...). A Cruz y Raya, la excusa perfecta para eludir planes poco apetecibles: "Si hay que ir, se va pero ir pa' na es tontería". Y a Chiquito de la Calzada, el haber dotado al sexo de una dimensión imperial al bautizarlo como "la caidita de Roma". Vamos, una "mandanga", como diría Joaquín Reyes.