Ray Loriga
El escritor Ray Loriga DAVID SIRVENT

Cada vez más cansado del personaje creado en torno a su nombre, Ray Loriga (Madrid, 1967) ha trazado en su última novela un personaje agotado de todo en busca de una calma permanente que obviamente no encuentra. Es Za Za y será emperador de Ibiza. Una droga que hace reír todo el tiempo es la clave de la trama de Za Za, emperador de Ibiza (Alfaguara). La de la obra: el cuestionamiento de ese pilar perdido e imposible: la obligación de estar alegres.

¿Delirio para hablar de una realidad delirante?
Sí, quise empezar esta novela desde el delirio para decir algo de nosotros, de lo que escondemos tras esa fachada de seriedad o miedo o angustia. Si das un paso atrás y tomas distancia, ves que todo parece absurdo.

Hay una propuesta general de éxito social, y eso discrimina a muchosY de ahí la disparatada Za Za…
Pensé, sí, en una historia que pareciera un disparate y que se pareciera, de manera exagerada, a muchas de las cosas que vemos en la realidad.

¿Como ese anhelo obsesivo por ser felices a toda costa y todo el tiempo?
El anhelo por la felicidad es muy loable, pero la obligación de la felicidad es una condena. Y es una obligación social que genera frustración constante, porque lógicamente no se puede conseguir.

No es por justificar, ni decir ahora que drogarse es culpa de la obligación de estar felices o huir de la frustración de no lograrlo, pero ¿no encuentra cierta unión?
Sí, puedes encontrar ese ‘estar bien’ en un atontamiento o en el aceleramiento o en la excitación del éxito o la gloria. Esto deriva en mil obsesiones distintas. En mil maneras disparatadas de llegar al éxito.

¿La más disparatada?
El éxito en general me lo parece, porque el triunfo puede ser igual la tranquilidad como lo contrario. Cada uno debería juzgar dónde está su propia frustración y qué es lo que se propone de manera individual. Hay una propuesta general de éxito social, y eso discrimina a muchos.

Hay que tener la gallardía de correr en una carrera solo con uno mismo¿Nos educaron así o..?
Nos educamos así, prefiero  incluirme. Todo pasa por cada uno. Hay que buscar lo individual, atreverse a no correr siempre en una carrera general. Hay que tener la gallardía de correr en una carrera solo con uno mismo.

Ya que habla de correr, ¿qué le parece que nos mueve?
Bueno, lo que observo es que estamos noqueados por lo que nos pasa y nos damos cuenta de que lo que hemos perdido es la euforia. Pero esa sensación de euforia perdida habría que cuestionarla, habría que cuestionar de qué estaba hecha esa euforia, ¿de baratija?

¿Para usted?
En gran medida de cosas no muy esenciales.

¿Qué le hace feliz?
La felicidad para mí ahora tiene que ver con la tranquilidad y con estar lejos de casi todos los deseos. Igual es porque no soy capaz de alejarme de mis deseos.

La felicidad es una obligación social que genera frustración constante Suena muy yogui: que ni lo muy bueno ni lo muy malo logre zarandearme…
Sí, es esa tranquilidad la que busco. Cuestionar lo muy bueno y lo muy malo y mantener así intacta la dignidad.

Ha dicho usted que está cansado de ser Ray Loriga, pero ¿no cree que cualquiera que sea un poco crítico, sin necesidad de ser un personaje famoso, se cansa alguna vez de sí mismo?
No hay que ser conocido para hartarse de viajar en la misma nave. Uno se cansa de uno mismo.  En pareja parece difícil estar con el otro, pero cuando vives solo una temporada te das cuenta de que la otra persona es una distracción de ti mismo, algo que se agradece mucho.

¿Educa a sus hijos para que no caigan en esa búsqueda sin sentido de la felicidad constante? Aquello que escribió Benedetti: una huida de los proxenetas de la risa…
Lo intento. Para mi gente cercana es lo que quiero. Y en el resto, me gusta dar avisos de cosas que la gente da por sentadas. Como eso de que seas parte del consumo, parece una obligación. El que se esquina parece que se equivoca.

Hablando de esquinarse, ¿le pareció una falta de sentido del humor el enfado generado por el falso documental de Évole?
Parece que estamos preparados para los escándalos programados como los de Miley Cyrus pero para otras cosas no tanto. Cuando el humor se afila nos pinchamos.