Espectacular exposición sobre los 'paparazzi', los escrutadores de una época sin privacidad

  • La sucursal en Metz del Centro Pompiduo presenta "¡Paparazzi! Fotógrafos, estrellas y artistas", la mayor exposición sobre los 'cazadores' de famosos.
  • Se muestran 600 obras entre fotos, vídeos, esculturas y pinturas para analizar la figura de un "mito contemporáneo" criticado por "depredador" pero admirado.
  • ¿Es el 'paparazzo' un "ayudante del diablo" en busca de celebridades que han vendido su alma a cambio de la fama o un fruto de un tiempo de mirones convulsos?
La actriz Marlène Dietrich agrede al fotógrafo Francis Apesteguy en 1975. La escena la captó el paparazzi Cécile Angeli
La actriz Marlène Dietrich agrede al fotógrafo Francis Apesteguy en 1975. La escena la captó el paparazzi Cécile Angeli
Collection Cécile Angeli © Daniel Angeli

En los EE UU hay empresas que ofrecen los servicios de falsos paparazzi para animar el cotarro en cualquier tipo de celebración social: la web Celeb4ADay (Celebrity por un día) dice: "Has leído las revistas, has visto los shows y comprado los vaqueros y las gafas de sol a juego. O tal vez tengas un amigo que merece un poco de atención extra en una noche especial. Cumpleaños, fiestas sorpresa, aniversarios o sólo por diversión... Cualquiera que sea la razón, vamos a mostrarte la experiencia celebrity definitiva con tus propios paparazzi personales".

La oferta —que no es la única: las empresas del sector medran con rapidez en el país del mundo con más psicosis por la propia apariencia y el éxito personal (también existe la posibilidad de pagar por falsos fans y guardaespaldas de juja pero que dan el pego)— demuestra que el paparazzi, el cazador furtivo de imágenes de los famosos, no tiene tan mala fama social como suele verbalizarse en voz alta. En un tiempo de mirones convulsos, con las redes sociales repletas de exhibicionismo, paparazzi somos todos.

Vínculos fascinantes y complejos

Nunca antes se había organizado una exposición tan completa sobre este "mito contemporáneo", criticado por "depredador" de vidas privadas por los mismos lectores que devoran la prensa sensacionalista, como Paparazzi ! Photographes, stars et artistes (¡Paparazzi! Fotógrafos, estrellas y artistas), una completísima antología con 600 obras entre fotos, vídeos, esculturas, pinturas e instalaciones que presenta, hasta el 9 de junio, la sucursal en Metz del Centro Pompidou. Es un viaje por los vínculos complejos y fascinantes entre fotógrafos y fotografiados, un recorrido por la obra de los grandes autores del género, cuyo estilo ha dejado huella en la fotografía de la segunda mitad del siglo XX, y una oportunidad para el debate de un asunto complejo y espinoso.

"Quienes están en el negocio del espectáculo tienen un pacto con el diablo (...) y, tal como yo lo veo, yo soy el ayudante del diablo", dice un paparazzo anónimo citado en uno de los textos del catálogo de la muestra. La afirmación señala en la dirección correcta: las celebridades no son sólo víctimas indefensas de la apropiación de su imagen: a veces optan por aceptar el juego, incluso recibiendo a cambio algún tipo de compensación. Otras se niegan, en cuyo caso las reacciones pueden ser un no cortés o una agresión física al fotógrafo.

Complacidos cuando están "en guardia"

Tras la muerte de Diana de Gales el escritor Salman Rushdie centró el debate, según nos recuerdan en la exposición, en la idea del poder. "La figura pública se complace en ser fotografiada sólo cuando está preparada, en guardia, se podría decir, pero el paparazzo sólo busca el momento de descuido. La batalla es por el control, por una forma de poder". Se libra entonces una "batalla sin fin por el control de la imagen" con dos contendientes en lados opusetos, precisan desde el museo.

La exposición muestra fotos de los grandes paparazzi del siglo XX: Daniel Angeli, Francis Apesteguy, Ron Galella, Marcello Geppetti, Weegee, Bruno Mouron y Pascal Rostain, Erich Salomon y Tazio Secchiaroli —inspirador del término paparazzo, acuñado por el cineasta Federico Fellini como una mezcla de pappataci (en italiano, mosquito) y ragazzo (pilluelo, rufián)—. Junto a las fotos cazadas hay obras de, entre otros, Richard Avedon, William Klein, Cindy Sherman, Richard Hamilton y Andy Warhol, a quienes la sociedad y el mercado ha otorgado la categoría de artistas pese a que juegan con las mismas cartas que los paparazzi.

"Las ratas"

Entre las víctimas de estos "comerciantes de la visibilidad" —que en el pasado se referían a sí mismos como "las ratas"— figuran casi todos los famosos que han sido objeto de "apropiación": desde Lady Di haciendo una peineta a los fotógrafos, hasta la anciana Greta Garbo siendo protegida por una mano amiga colocada ante la lente del fotógrafo que la estaba cazando. Entre una y otra, Britney Spears, Mick Jagger, Kate Moss, Carolina de Mónaco, Paris Hilton y muchas otras celebrities de variada catadura.

Dividida en tres partes —Fotógrafos, Artistas y Estrellas—, el visitante entra en la exposición a través de una alfombra roja que les conduce a una instalación de Malaquías Farrell que muestra a un grupo de paparazzis disparando flashes y convirtiendo al espectador en centro de atención y sujeto presionado por el precio de la fama. Otra iniciativa juguetona del museo es la convocatoria del concurso Tous paparazzis! (¡Todos paparazzis!), que invita a fotógrafos profesionales o aficionados a entrar en la dinámica de los buscadores de scoops.

"Mano dura" judicial paradójica

La muestra incluye también cámaras espía, disfraces, teleobjetivos, fragmentos de películas que revelan la percepción pública del paparazzo como una "figura solitaria y a menudo con mala suerte, pero desprovisto de moral ni escrúpulos" y se detiene a debatir la paradoja de que los cazadores de fotos no tengan la misma consideración que los fotógrafos de prensa. Los organizadores se detienen a explicar la política judicial de "mano dura" que niega los derechos artísticos de autor a los paparazzi en términos que son, cuando menos, paradójicos.

"¿Se puede decir de un fotógrafo que tiene un enfoque puramente pasivo cuando centra cuidadosamente su objetivo desde el escondite que ha elegido no sólo porque está fuera de la vista del sujeto, sino también para aprovechar el fondo y la luz? (...)  ¿Por qué los jueces no toman la misma decisión sobre un fotógrafo de naturaleza que captura a un colibrí chupando el néctar de una flor después de horas de espera?", se preguntan.

Este trato diferencial, dicen, no es más que "un reflejo de la mala imagen del paparazzo" por parte de la mayoría de la sociedad, incluidos "los lectores de las revistas del corazón a los que encanta ver las fotos de los paparazzi robando a otros su imagen y privacidad". La exposición nos enfrenta con una duda básica: ¿somos todos paparazzi de nuestra propa vida como mirones convulsos?, ¿están los fotógrafos de celebrities hipócritamente estigmatizados —sobre todo tras el fatal accidente de Diana de Gales de 1997— por el cinismo social?.

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