Mujeres sumergidas en la economía: "Si me legalizo, no como. Y he optado por comer"

  • La imposibilidad de hacer frente a las cuotas de autónomos y a impuestos empuja a muchas mujeres a la "economía sumergida de subsistencia".
  • Expulsadas del mercado formal de trabajo, profesoras, peluqueras, vendedoras o mujeres de la limpieza se ocupan en B para sostener sus economías familiares.
  • La economía sumergida crece por el paro del 17,8% al 24,6% del PIB.
  • Este sábado se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
C. tiene la peluquería en su casa. Los gastos de legalizar el negocio superan los ingresos.
C. tiene la peluquería en su casa. Los gastos de legalizar el negocio superan los ingresos.
JORGE PARÍS

La despidieron de su puesto como secretaria de dirección nada más reincorporarse de la baja por maternidad. Con el paro consumido, y sin ofertas laborales, Mónica (nombre ficticio) decidió que había llegado el momento de apostar por un proyecto personal. Promovería el uso de pañales de tela, que ella misma había descubierto gracias a la llegada de su bebé. Buscó proveedor, inició los pedidos, y llegaron las primeras ventas. Lleva desde diciembre con la empresa en marcha, por el momento en 'B'. "Estoy vendiendo más de lo que pensaba, es cierto, pero todavía no me saco un sueldo", se justifica.

Mónica es vendedora de pañales; C., peluquera; M., masajista, V., profesora de yoga infantil; O., empleada de la limpieza. Estas cinco mujeres trabajadoras —cuyo día internacional se celebra este sábado, 8 de marzo— han sido expulsadas del mercado laboral formal y se buscan la vida sumergidas en la economía B, que en España ha crecido del 17,8% al 24,6% del PIB en cuatro años, por el aumento del paro, según un estudio de la asociación profesional de técnicos de Hacienda, Gestha.

C. tiene la peluquería en una habitación de casa. No faltan las fotos de modelos, las revistas del corazón, ni el lavabo profesional. A diario tocan el timbre cuatro o cinco clientas, todas vecinas cercanas, que vienen a teñirse, cortarse y peinarse. "Claro que he intentado legalizarme", cuenta C., "pero es que entonces no trabajaría, porque no ganaría nada. Solamente en gastos serían 1.500 euros al mes. Eso yo no lo gano".

Cuotas de la Seguridad Social y otros impuestos

La imposibilidad de hacer frente a las cuotas de autónomos y a impuestos empuja a estas mujeres a situarse en lo que se ha llamado "economía sumergida de subsistencia". El secretario general de Gestha, José María Mollinedo, asegura que no existen estudios que calibren el peso de estas actividades en el conjunto de la economía sumergida. Por no haber, no hay ni informes por sectores, mucho menos estudios disgregados por género. Sí dice que este tipo de fraude no es el que habitualmente persigue Hacienda.

"La deuda media de las empresas más pequeñas que investigamos es de unos 30.000 euros al año en impagos. Estas mujeres ¿qué deuda pueden acumular? La cuota de autónomo y poco más", explica. "Se investigan patrimonios espectaculares no acordes con las rentas declaradas. Cuando una persona complementa sus ingresos con esos trabajos ¿qué ganancias puede obtener? ¿500, 600 euros? Eso se gasta en el supermercado, no engorda patrimonio".

M., la masajista, da fe de las cuentas que echa el portavoz de los técnicos antifraude de Hacienda. Y está dispuesta a explicarle en qué se le van a ella los 600 euros que junta al mes 'en negro' por sus tratamientos corporales a domicilio. Divorciada y con un hijo adolescente, M. sobrevive. "Si me legalizo no como; si como, no me legalizo. He optado por comer", dice.

"Tenemos la mala costumbre de comer y tener hijos"

M. observa a su alrededor cada vez  más mujeres en paro "buscándose la vida" en B. "Camareras, peluqueras... Las mujeres somos bastante apañadas. Somos capaces de bajar nuestro nivel para sostener una economía familiar. Ellos si son médicos, son médicos. Nosotras nos hacemos auxiliares si hace falta, con tal de subsistir". La peluquera C. opina que ha llegado el momento de que cada cual "explote su don y lo intercambie con otros", ante la falta de oportunidades laborales.

En la zona donde vive M. la explosión de negocios en B está empezando a crear los primeros conflictos de competencia. "La gente está denunciando a sus excompañeras de trabajo. Por ejemplo una peluquera va al Ayuntamiento a denunciar a la trabajadora que ha despedido porque ahora atiende en su casa. Y el Ayuntamiento te viene a hacer una inspección. Entiendo que quieran recaudar impuestos, pero me parece vergonzoso porque la gente no puede pagarlos. Tenemos la mala costumbre de comer y de tener hijos. Puedes bajar tu nivel de vida y de gastos, pero hasta un determinado punto".

V. es licenciada en psicología. Antes de la crisis daba cursos de formación, pero dejaron de financiarse con dinero público y se quedó en el paro. Mientras cobra el desempleo, V. imparte clases de yoga infantil en tres colegios privados de su ciudad, al sur de España. Lo hace mientras coge suficiente experiencia para abrir un centro propio de terapia familiar. Pero de momento admite que no paga la cuota de autónomos."Cuando daba cursos contratada pagaba 276 euros al mes de autónoma, pero ahora son más de 300 euros lo que hay que pagar. Y gano eso, como mucho. Es ridículo".

El portavoz de los técnicos de Hacienda, Mollinedo, reconoce que "habría que graduar la cuota mínima de autónomos, porque la actual es más alta que el rendimiento que obtienen algunos trabajadores". Eso haría que las actividades sumergidas aflorasen y aportaría seguridad laboral a las trabajadoras que se afanan en B.

Un mercado laboral con estereotipos sexistas

Ana Herraéz es la delegada de Igualdad del sindicato Comisiones Obreras. Ella percibe un alto grado de feminización de la economía sumergida, sobre todo en sectores centrados en los cuidados, el servicio doméstico, o en la agricultura.

"Las mujeres hemos tenido más problemas a la hora de incorporarnos al mercado laboral formal", expone. "Por la presión de un mercado laboral sexista, cargado de estereotipos, en donde prevalece la visión del empresario de que una trabajadora va a faltar más al trabajo. Y eso es dificilísimo de desmontar".

Su sindicato ha denunciado que el leve descenso del paro registrado en los últimos meses solo está beneficiando a los hombres. Y aporta cifras. En el cuarto trimestre de 2013 hubo un descenso del paro masculino de 51.600 hombres, mientras que el paro femenino aumentó en 43.000 mujeres.

La situación de la mujer trabajadora se agrava con los recortes en los sectores públicos de referencia: educación o sanidad. En el último año, de los 39.000 empleos perdidos en Educación, 27.400 eran de mujeres. En Sanidad y Servicios Sociales se han destruido 107.000 empleos, 73.000 los ocupaban ellas.

La pérdida de derechos en la economía informal

Los sindicatos ponen el acento en que las mujeres en la economía sumergida carecen de seguridad laboral y sufren pérdida de derechos como el subsidio de desempleo o la jubilación. Que se lo digan a O., la limpiadora, que tiene un contrato por dos horas diarias y echa ocho de media dejando brillantes oficinas y portales. "No puedo permitirme el lujo de ponerme mala. En nómina cobro 300 euros. Si falto al trabajo no me dan lo que recibo bajo cuerda".

A la masajista le preocupa qué será de su pensión, a sabiendas de que llegará un momento en el que ya no podrá trabajar. La peluquera, sin embargo dice que la jubilación, ahora, no le quita el sueño. Sus hermanos están trabajando con contrato y temen que las pensiones no alcancen cuando a ellos les toque cobrarlas. Y lanza una reflexión que comparten V, la profesora de yoga, y Mónica, la vendedora de pañales. Dice C.: "Yo vivo hoy y tengo dinero para hoy, y tengo a mis hijos solucionados hoy. Mañana será simplemente otro hoy".

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