La muerte de elefantes por sus colmillos ha llegado a niveles no vistos desde que en 1989 entrara en vigor un tratado que prohibía el comercio de marfil, y el incremento se ha visto alimentado por una creciente demanda en Asia, según los científicos.

Se debe hacer algo ahora o nos enfrentamos al peligro de que desaparezcan estos mamíferos, que viven en Asia y África, añaden.

'Muchas, muchas personas no son conscientes de lo graves que se han vuelto de nuevo los problemas', dijo en una entrevista el director de la investigación, Samuel Wasser, del Centro de Biología de Conservación de la universidad de Washington.

La lucha contra el comercio ilegal ha sufrido trabas por la incapacidad de las autoridades para averiguar la procedencia del marfil que hay en el mercado negro.

Los investigadores reunieron información genética de varias poblaciones de elefantes africanos usando tejidos y muestras de estiércol. Así han creado un mapa basado en el ADN de las distintas poblaciones.

Los investigadores están trabajado con las autoridades internacionales y esperan que su método para seleccionar el origen del colmillo pueda ayudar en los esfuerzos contra la caza furtiva.

'Lo que intentamos hacer es localizar los 'puntos calientes' de la caza furtiva', dijo Wasser. Esta información puede ayudar también a detectar las rutas del comercio, añadió.

Quedan aproximadamente unos 400.000 elefantes en estado salvaje, la mayoría en África. Antes del tratado de 1989, los cazadores furtivos sacrificaron unos 87.000 elefantes, aproximadamente entre el ocho y el nueve por ciento de la población mundial en aquel momento, dijo Wasser.

'Ahora nos acercamos a los aproximadamente 25.000 elefantes muertos al año', aseguró. Esa cifra supone un seis ó un siete por ciento de la población mundial.

El precio del marfil de alta calidad se dobló entre 1989 y 2004, y casi se ha cuadriplicado en los últimos dos años, alimentado por un mercado floreciente en China y en otras partes de Asia.

Wasser dijo que los países occidentales deben reanudar los esfuerzos para aplicar la ley contra el comercio de marfil, que se había prácticamente estancado tras el tratado de 1989.

/Por Will Dunham/