Genova, 2002
La poesía del silencio está presente en muchas de las fotos de Gianni Berengo Gardin © Gianni Berengo Gardin / Contrasto

Al fotógrafo Gianni Berengo Gardin le preguntaron hace unos años qué veía al mirarse en el espejo. La respuesta fue tan clara y sencilla como las fotos que hace el gran maestro italiano que desde 1954 retrata la vida cotidiana de su país: "La cara de un tipo que ha trabajado toda la vida en algo en lo que creía". En la misma entrevista, dos preguntas después, se vió en la necesidad de matizar: "En realidad lo que hago no es trabajar. Yo siempre he hecho lo que me ha interesado o divertido, lo que quería hacer... Lástima que el trabajo de reportero gráfico haya estado siempre tan mal pagado".

Ganador de prácticamente todos los premios internacionales —en 1963 se llevó un World Press Photo—, considerado como un talento natural por otros grandes fotógrafos —admirado por Cartier-Bresson, incluido por Bill Brandt en 1975 en la exposición Twentieth Century Landscape Photographs (Paisajes del siglo XX), citado como fundamental por Cecil Beaton...— y, quizá lo que más aprecie el artista, venerado por los italianos como el mejor de sus cronistas visuales, Berengo Gardin recibe ahora el homenaje de dos exposiciones que se solapan en el tiempo, una de Génova y otra en Londres.

Más de 200 fotos de entre 1969 y 2002

De las muestras la más importante por calidad y número de obras es la retrospectiva Gianni Berengo Gardin: storie di un fotografo (Gianni Berengo Gardin: historia de un fotógrafo), en el Palacio Ducal de Génova (Italia) hasta el 8 de junio, con más de doscientas fotos que cubren en periodo 1969-2002. La otra, The Sense of a Moment: Gianni Berengo Gardin (El sentido del momento), en la galería Prahlad Bubbar de Londres , entre el 11 de abril y el 23 de mayo, muestra algunas de las imágenes de la serie India dei Villaggi (1980) sobre un viaje a la India.

Los documentos no se deben embellecer ni transformar Nacido en 1930 en Santa Margarita, un pueblo muy cercano a Génova, este incansable retratista de los paisajes geográficos y humanos entendidos como formas complejas de sentimiento, se jacta de que nunca ha retocado una foto ("los documentos no se deben embellecer ni transformar. A mí me interesa la realidad tal como es, y si hay una composición especial, es mérito mío") ni engañado a quienes las contemplan ("quiero que el que mire mis fotografías lo haga sabiendo que esa es la realidad"). Su estilo es discreto y elegante, tiene cierto grado de humor y está basado en una mirada siempre atenta. Sus ojos, dicen, son "unos ojos que sólo miran".

"Con el ojo siempre vigilante"

Aunque para ganarse la vida ha trabajado para la publicidad y la foto industrial o de arquitectura —es colaborador de Renzo Piano, uno de los prima donnas del diseño italiano—, lo mejor de Berengo Gardin son las imágenes capturadas al azar, siempre en blanco y negro ("el color distrae al fotógrafo y al espectador") y siempre con film químico, de la vida cotidiana, donde actúa, como señalan los organizadores de la exposición de Génova, "con el ojo siempre vigilante , cuidadoso de captar los giros de la historia así como sus pasos mínimos".

Poniendo siempre en el centro al ser humano y su dignidad Con una dote que parece milagrosa para captar momentos al azar en los que late un mensaje poético —un grupo de viajeros en un vaporetto veneciano componiendo un mosaico coreográfico, una pareja en un pequeño utilitario ante el mar encrespado (la foto favorita del autor: "no se miraban, no se hablaban, pero había un modo de comunicación entre ellos a través de la naturaleza, de la contemplación de ese mar y de ese cielo inmensos"), una pandilla de explosiva energía juvenil en una tarde de invierno, una pareja besándose bajo una calle porticada como si un escultor los hubiese puesto allí para equilibrar el ambiente...—, el fotógrafo ha captado como ningún otro la vida de Italia desde la postguerra, "tanto sus momentos felices como sus pliegues dramáticos y a veces trágicos", pero "poniendo siempre en el centro al ser humano y su dignidad".

"El silencio es a menudo el protagonista"

Berengo Gardin ha "restaurado y renovado el lenguaje visual" italiano, añaden desde la exposición, mediante una "poesía donde el silencio es a menudo el protagonista" y las figuras humanas comparten "una vida suspendida , sin tiempo, en gestos cotidianos y pacíficos (...) en los que cada uno de nosotros encuentra algo de sí mismo, su historia y sus recuerdos". El fotógrafo ha compuesto el "imaginario colectivo" italiano mediante "la poesía que emana de la piel (...) Su grandeza es la simplicidad o, mejor, la capacidad de hacernos leer la complejidad del mundo".

Tengo mi propia religión: ser útil a los otros, ayudarlos con mis fotografías En la misma entrevista citada al principio de este texto, el que posiblemente sea el mejor fotógrafo italiano del siglo XX hace una precisión que quizá sea la que mejor explica la magia de su trabajo: afirma que su pretensión cuando toma una imagen es "captar ese momento casi místico entre las personas y la naturaleza, algo difícil de explicar. Aunque yo no sea creyente, tengo mi propia religión: ser útil a los otros, ayudarlos con mis fotografías".