Jal, un niño soldado que escapó desde el sur de Sudán, ha sido ovacionado como la revelación de la música africana.

'Gua' - que significa 'poder' en árabe y 'bueno' en su lengua nativa, el nuer - está en la lista de las diez canciones más escuchadas el año pasado en Kenia y le ha proporcionado el éxito en Estados Unidos.

En la canción, una mezcla de reggae con los cánticos de las mujeres sudanesas, Jal rapea con otros ex soldados que formaban parte de los cerca de 10.000 niños reclutados tanto por el Gobierno como por los rebeldes durante la guerra civil de Sudán, que duró 20 años.

'A lo único que temía era a el helicóptero artillado', recuerda Jal, que ahora tiene casi 30 años. 'Son antibalas, podías ver al piloto sonriendo mientras tus balas rebotaban'.

'Entonces te apuntaba con sus armas'.

Jal, hijo de un ex oficial de la policía que escapó al norte para unirse al Movimiento de Liberación de la Población de Sudan (SPLM, por sus siglas en inglés), dijo que él se unió voluntariamente a las fuerzas rebeldes cuando tenía ocho años.

'Hemos visto nuestras casas ardiendo, hemos visto la guerra, hemos visto asesinatos', dijo a Reuters en Londres, donde está trabajando en colaboración con el veterano músico sudanés Abdelgadir Salim.

'Por eso teníamos ese resentimiento. Cuando nos preguntaron si queríamos aprender a disparar, dijimos: '¡Sí!''.

NUEVA VIDA EN KENIA

Jal dice que tuvo suerte de sobrevivir al conflicto. Después de escapar del SPLM con otros 400 niños soldado, fue encontrado en un campo de refugiados en el sur de Sudán por la voluntaria británica Emma McCune, quien le trasladó a Kenia en un vuelo con ayuda.

'Fui escondido entre las bolsas', dijo. 'Cuando movían una bolsa, yo me movía con la bolsa'.

Cuando McCune falleció en 1993 en un accidente de tráfico, Jal se quedó de nuevo sólo, tenía entonces 14 años. Entonces fue cuando comenzó a descubrir la música, organizó conciertos para recaudar dinero para los ex niños soldado y para los niños de la calle de Nairobi.

También por esta época, Jal se reunió con su hermana, de la que había estado separado desde hacía años.

'Me estaba buscando. Atravesó Etiopía y llegó a Kenia, donde un chico le dijo 'nosotros conocemos a tu hermano. Es cantante en Kenia''.

A pesar de sus experiencias, Jal dijo que en su último viaje a Jartum no había sentido hostilidad, siendo optimista sobre el futuro de su país y el papel que la música puede jugar.

'Hay mucho trabajo que hacer y si el Gobierno quiere tener éxito debe conservar nuestra cultura', dice Jal. 'Deben permitir a la gente, a los ciudadanos, bailar juntos'.

/Por Nima Elbagir/