El 'heroico' espíritu del futurismo protagoniza una gran exposición con 300 obras en Nueva York

  • La sede central del Gugghenheim organiza una de las mayores retrospectivas de la vanguardia italiana que ensalzaba la velocidad, la rabia y el peligro.
  • La muestra incluye pintura, escultura, arquitectura, diseño gráfico, cerámica, moda, cine, fotografía, publicidad, escenografía...
  • El museo se cura en salud y advierte que es necesario "ahondar" en la historia del futurismo para "aclarar" las relaciones del movimiento con el fascismo.
Óleo de Giacomo Balla, uno de los más notables pintores futuristas
Óleo de Giacomo Balla, uno de los más notables pintores futuristas
© 2013 Artists Rights Society (ARS), New York / SIAE, Rome - Photo: Courtesy Solomon R. Guggenheim Foundation, New York

"Queremos cantar el amor al peligro, el hábito de la energía y de la temeridad", decía el primer mandato del Manifiesto Futurista, publicado por La gazzetta dell'Emilia el 5 de febrero de 1909 y reproducido dos semanas después por Le Figaro. El autor, el escritor italiano Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944), incluía en la soflama de once puntos una invitación a "destruir" los museos y las bibliotecas, "combatir" el moralismo, el feminismo "y todas las demás cobardías oportunistas" y expresaba un deseo que levantó ampollas: "Queremos glorificar la guerra —única higiene del mundo—, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las ideas por las cuales se muere y el desprecio por la mujer".

Aunque debe ser considerado el deseo de sembrar escándalo que todas las vanguardias de la época ejercieron con mayor o menor fortuna para publicitarse, las propuestas de Marinetti y sus colegas —en 1910 se unieron al movimiento los artistas Giacomo Balla, Umberto Boccioni, Carlo Carrà, Luigi Russolo y Gino Severini—, al fundador y algunos de sus correligionarios no se les puede perdonar la fe ciega con la que apoyaron la doctrina hipernacionalista de Benito Mussolini y el fascio. Marinetti llevó hasta tal extremo la admiración por el Duce que fue uno de los primeros militantes en apuntarse al Partito Nazionale Fascista y permaneció hasta la muerte fiel al dictador y aliado de Hitler.

"Reconstruyendo el universo"

Más de un siglo después de la fundación del futurismo italiano —que tuvo diferentes y menos malévolas interpretaciones en otros países e influyó en movimientos como el vorticismo, el constructivismo, el surrealismo y el dadaísmo—, el Museo Gugghenheim inaugura en su sede central de Nueva York una de las más completas retrospectivas dedicadas al movimiento: Italian Futurism, 1909–1944: Reconstructing the Universe (Futurismo italiano, 1909-1944: reconstruyendo el universo), que ocupará las instalaciones de la pinacoteca entre el 21 de febrero y el uno de septimebre.

El tiempo transcurrido y el calado de la muestra, con nada menos que 300 obras de pintura, escultura, arquitectura, diseño gráfico, cerámica, moda, cine, fotografía, publicidad, escenografía, poesía, publicaciones y performance, y su objetivo —examinar a fondo el "alcance histórico del movimiento, desde sus inicios con el Manifiesto Futurista de Marinetti en 1909 hasta su desaparición a finales de la II Guerra Mundial"— no evitan que la pinacoteca se cure en salud para intentar acallar las posibles críticas por dar cancha a artistas que apoyaron al fascismo. Es necesario, dicen, "ahondar" en la historia del futurismo para "aclarar" las relaciones que construyó con el ideario totalitario.

"Estética de la máquina"

Las primera generación de futuristas rechazó "el estancamiento y la tradición" y propuso un modelo basado en el dinamismo del moviento y la fractura para "romper con  las nociones existentes de espacio" y "colocar al espectador en el centro de la obra de arte". Artistas plásticos como Balla y Boccioni planteaban en sus cuadros, dicen los organizadores, que el futurismo no era solamente un lenguaje artístico basado en la "estética de la máquina", sino "una nueva forma de vida", que encontró su plasmación más pura en la globalización de la aviación —cuyo efecto sobre los pintores futuristas fue definitivo y les llevó a pintar remolinos y bosquejos de vuelos—.

Aunque las obras de la etapa del futurismo llamada heroica, de 1909 a 1916, son bastante conocidas, la exposición de Nueva York se jacta de exhibir piezas poco difunidas de la década de los años veinte, escenografías de Balla para teatro y construcciones de Fortunato Depero, un personaje velado por las grandes estrellas futuristas e injustamente desconocido. La muestra también incluye documentación original de algunas de las espectaculares performaces rupturistas del movimiento.

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