'Loïe Fuller bailando'
Foto del estadounidense I.W Taber de Loïe Fuller bailando Isaiah West Taber - © Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

Sus movimientos no eran canónicos y respondían a la reacción espontánea del cuerpo cuando se deja llevar por la música. La larga falda y las amplias túnicas de seda con las que actuaba también estaban fuera de la norma: sobre la tela en movimiento proyectaba colores con juegos de luces que ella mismas diseñaba y el resultado dejaba boquiabierto a quien contemplaba el espectáculo. Todo esto ocurría a finales del siglo XIX, cuando no existía nada llamado danza moderna.

Loïe Fuller (1862-1928) ni siquiera era esbelta y delgada, pero eso daba lo mismo en el momento en que comenzaba a bailar. Para sus espectáculos inventaba nuevos sistemas de iluminación, ella misma creaba los aparatos escénicos y dirigía a equipos de hasta casi 40 técnicos; ideaba el vestuario y finalmente eclipsaba el escenario agitando los brazos y manejando su cuerpo produciendo energía a borbotones. Los movimientos se basaban en la disposición de los pétalos de las flores, en diferentes insectos y fenómenos atmosféricos.

La Casa Encendida de Madrid inaugura Escenarios del cuerpo. La metamorfosis de Loïe Fuller, una muestra que se podrá visitar hasta el 4 de mayo y que celebra la obra de la pionera artista estadounidense con fotos, documentos y películas entre las casi 140 piezas procedentes de instituciones como la Biblioteca National de Francia, la Biblioteca Pública de Nueva York, el Museo Rodin o el Museo de Orsay. Como actividades complementarias, el centro ofrecerá de marzo a abril conferencias, proyecciones, documentación y propuestas escénicas relacionadas con el innovador arte de la pionera de la danza moderna.

Mentora de Isadora Duncan, amiga del matrimonio Curie...

Fue un apoyo para su compatriota la bailarina Isadora Duncan (15 años menor) a la que acogió como su protegida y ayudó en 1902 a introducirse en Europa. Los hermanos Lumiére y Georges Méliès adoraban los movimientos de Fuller y los filmaron para capturar aquellas intrigantes formas. Se convirtió en una sensación del baile en París en su gira europea y estableció su residencia en la capital francesa.

"Es la forma teatral de la poesía por excelencia", escribía el poeta MallarméSu famosa danza serpentina —que estrenaba en 1892 y presentaba un espectáculo con una rompedora visión del cuerpo en movimiento— la convirtió en musa del art nouveu y la aupó a la fama mundial: entre la larga lista de amistades de Fuller estaban los poetas simbolistas Paul Valèry y Mallarmé (que la definió como "la forma teatral de la poesía por excelencia"), el escultor Rodin, Toulouse-Lautrec, el modernista vienés Koloman Moser...

La creadora vanguardista traspasaba el baile y por eso inspiraba a intelectuales y artistas en tan diferentes campos, revestía sus coreografías de disciplinas que nunca antes se habían relacionado con la danza. De la escultura de Auguste Rodin a los avances en el campo del radio que realizaban en aquellos años Pierre y Marie Curie (también amigos personales de la artista), su voraz curiosidad le permitía interpretar el mundo como un contenedor de valiosos conocimientos.