Paco Torreblanca: "La crisis, lamentablemente, es una forma de empezar de nuevo"

  • El maestro repostero al frente del talent Deja sitio para el postre prioriza la ilusión y la pasión a la hora de elegir al mejor pastelero amateur de España.
  • Reconoce que a los 16 años le dieron su primera y última bofetada por reírse de un trabajo en un concurso de París.
  • "Se podrá generar acritud entre los concursantes o incluso los mentores, pero nosotros no la propiciaremos nunca", reconoce sobre el reality.
El reconocido repostero y juez del programa Deja sitio para el postre, Paco Torreblanca.
El reconocido repostero y juez del programa Deja sitio para el postre, Paco Torreblanca.
MEDIASET ESPAÑA

El reconocido pastelero Paco Torreblanca, conocido en España por elaborar la tarta nupcial del enlace entre el príncipe Felipe y Letizia Ortiz, es otro de los profesionales de la gastronomía que han cambiado, aunque sea temporalmente, la cocina por el plató. El maestro es el "gran juez" del talent show de repostería de Cuatro, Deja sitio para el postre, que busca cada martes a las 22.30 horas al mejor pastelero amateur de España. El espacio, defiende, es una masterclass que enseñará tanto a concursantes como espectadores.

¿Cuál ha sido el mayor reto de participar en un programa de televisión?

Seleccionar entre 3.000 candidatos y entre ellos, buscar a quienes mejor reuniesen condiciones que no fueran excesivamente profesionales pero que tampoco desconocieran la materia. Fundamentalmente, he priorizado que tuvieran mucha pasión. El momento 'tomar la decisión' me costó.

¿Hay algún alumno de su escuela dentro del programa?

Había una seleccionada para realizar el casting pero no se clasificó para entrar y no fui yo quien la eché. No quiero que se mezclen estos temas, hubieran dicho que había tongo.

¿Qué no tolera en su obrador?

Que no haya ganas de aprender ni pasión por el trabajo, lo cual creo que es válido para cualquier profesión. Nadie dedicaría tiempo a participar en un programa de televisión si no tuviera intención de aprender, y esto ya es motivo suficiente para que forme parte del programa y dedique a los concursantes la atención que se merecen. Esto va a ser un constante masterclass, repleta de ayuda y consejos.

¿Cuánto hay de reality y cuánto de repostería?

Indudablemente, cuando a alguien se le quema un producto en el horno o coge con prisa una lata y se quema, o cuando su macaron no le ha subido, o aparezco repentinamente para revocar una decisión tomada por los mentores, eso es el espectáculo que vamos a tener. Pero estamos haciendo televisión, no seamos tan simples. Se podrá generar acritud entre los concursantes o incluso los mentores, pero nosotros no la propiciaremos nunca.

¿Qué papel juega su hijo en el programa?

Jacob es donde me apoyo constantemente.

¿Qué le han enseñado los concursantes?

Con 16 años recibí una lección muy importante en París. Entonces, tuve la oportunidad de trabajar con el mejor profesional que había en ese momento, Jean Millet, que era el presidente nacional de empresarios de hostelería en Francia. Entré en un concurso en el que me reí de un trabajo. Entonces me dieron la primera bofetada de mi vida. Y la última. Me dijeron: "Todo el mundo, cuando hace un trabajo, que será mejor o peor, lo hace con toda la dignidad del mundo. Lo más importante es el respeto". Así que respeto muchísimo el trabajo de los alumnos y aprendo de muchos la ilusión con la que bordan sus creaciones. Comprobar esa ilusión, que yo tampoco he perdido, es ya una motivación y una forma de aprendizaje.

¿Es compatible la pastelería tradicional francesa con la nueva ola de repostería moderna que llega por influencias de Estados Unidos?

En esto me gusta mojarme. Mis amigos dicen que no saben si soy francés o español y yo respondo: soy español. Creo que todo tiene cabida pero ha de tener sentido común. Me considero un defensor de los productos naturales y cualquier producto, sea una cupcake u otra cosa, que haya sido elaborado con ingredientes naturales, se merece el mismo respeto que un pastel francés o español. Eso sí, a mí me gusta preservar las tradiciones. Siempre he dicho que un pueblo que pierde sus costumbres, lo pierde todo. Nosotros tenemos una repostería buenísima presente en muchos sitios. Fíjate en un tocino de cielo, que tiene 400 años y sigue ahí. Creo que lo mismo pasará con las cupcakes: no sé cuánto durarán pero persistirán las que sean de calidad. Las modas, a veces, son como el sarampión: salen y desaparecen.

¿Cuál es su postre preferido?

Un milhojas recién cocinado, crocanti, con una crema de vainilla por encima. Para mí, eso sigue siendo imbatible.

¿Cómo sufre la crisis la repostería?

La crisis, lamentablemente, es una forma de empezar de nuevo. Todos los momentos son complicados, pero éste especialmente. En mi tierra, éramos 120 y quedamos 40. Y lo mismo que ha durado la crisis, vamos a necesitar otro tanto para recuperarnos. Yo empecé a trabajar solo y los clientes esperaban sentados en una silla a que terminase mi pastel para llevárselo. Eso es una genialidad y por qué no, podría ser una forma nueva de negocio: elaborar pasteles en tu casa y que los clientes lleguen y te vean terminándolo. Yo creo que así podrías ganarte la vida. Otra cosa es pretender abrir un gran templo de la restauración.

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