María José Armesto, presidenta de la primera cooperativa de sexo
María José Armesto, presidenta de la primera cooperativa de servicios de sexo legalizada en España.

El revuelo es enorme. Las entrevistas no cesan, pero María José López Armesto, la presidenta de la primera cooperativa de servicios sexuales de España (Sealeer), no se cansa de explicar que hay mujeres que eligen la prostitución como salida laboral y que lo suyo sería que todas cotizasen a la Seguridad Social.

Esta andaluza de 42 años, que recaló en la isla pitiusa hace 16 en busca de trabajo, se topó en 2012 con el libro de una jueza, Gloria Poyatos, titulado 'Prostitución como trabajo autónomo'. El libro relata el camino seguido por la propia jueza para conseguir darse de alta como autónoma haciéndose pasar por prostituta. La jueza descubrió que en España este trámite, que depende de cada comunidad autónoma, era factible también a través de la fórmula de la cooperativa.

"Leí la investigación de Gloria y me puse en contacto con amigas que se dedicaban a la prostitución. La unión hace la fuerza y me empeciné en convencerlas de lo positivo que sería que estuvieran dadas de alta en la Seguridad Social".

Antes estaban desprotegidas. Ahora tienen sus revisiones ginecológicas al día con la mutua Once mujeres le dijeron que sí. Son españolas, italianas y de Europa del Este. Todas residentes en Ibiza y con sus papeles en regla. Tienen entre 22 y 32 años. Trabajan como prostitutas en sus propios apartamentos, de día, y en clubes, por la noche. "La mayor lleva ocho como prostituta, ¡imagínate que los hubiera cotizado!".

Dar de alta de la cooperativa no fue fácil. Llevaban intentándolo desde junio de 2012, pero el Consell de Ibiza denegó su petición en primera instancia. Fue en agosto pasado cuando revertió su decisión, para sorpresa de las afortunadas cooperativistas, que culminaron su proceso de formalización burocrática en noviembre.

Compartir infraestructuras y socializar riesgos

En los dos meses que Sealer lleva operativa, las mujeres han podido hacerse ya controles sanitarios. "Antes estaban desprotegidas. Hoy el cáncer de cérvix y el de mama están a la orden del día y ellas utilizan sus partes íntimas para trabajar. Ahora tienen sus revisiones ginecológicas al día con la mutua", celebra la orgullosa presidenta.

López Armesto asegura que son bastantes las mujeres que se han interesado por entrar en la cooperativa, unas cuarenta, pero pocas cumplen uno de los requisitos fundamentales, que es tener los papeles de residencia en regla. Los otros son ser mayor de edad y ejercer libre y voluntariamente, sin proxenetas de por medio.

Muchas son madres y tienen familia, son mujeres que trabajan y declaran sus ingresos oficiales "Cada una trabaja donde quiere, como quiere, en el horario que quiere y con la tarifa que quiere", explica Jaime Bonet, coordinador de Sealeer. Muchas son madres y tienen familia, son mujeres que trabajan, declaran sus ingresos oficiales y pagan su cuota correspondiente en el régimen de autónomos de la seguridad social".

Al unirse y constituir una cooperativa, "comparten infraestructuras y servicios y socializan los riesgos", explica Bonet. Se refiere, por ejemplo, a la mutua laboral y a los servicios de ginecología a los que tienen acceso. Para darse de alta como socia, además de cumplir los requisitos y aceptar los estatutos (recogidos en 80 páginas), hay que pagar 300 euros. El tiempo mínimo de permanencia es de cuatro años, "salvo causas de fuerza mayor, y cuando alguien quiera darse de baja, se le reembolsan los 300 euros. Se puede trabajar a tiempo completo, parcial o de forma ocasional.

"Un escudo contra proxenetas"

"Supone un escudo contra empresarios del sexo, proxenetas o madames", afirma Bonet. "Un colectivo regulado tiene fuerza", añade. López Armesto comparte esta opinión, por eso anima a secundar su ejemplo a las prostitutas del resto de provincias españolas. Considera que esta iniciativa planta batalla al proxenetismo y dota de derechos a las mujeres, que pasan a estar aseguradas. "A ellas les da mucha vergüenza decir que son prostitutas, pero yo les digo que, si nadie las fuerza, ellas cobran por un trabajo, como las cajeras de supermercados. Todas somos prostitutas. Si lo hacen libremente cada cual puede hacer con su cuerpo lo que quiera".

Por su experiencia, una mujer se dedica a la prostitución en España "cuando hay una situación mala en la familia. Detrás de cada prostituta hay una familia que pasaba hambre, sobre todos hijos que hay que mantener. La sociedad las empuja porque si no les da una oportunidad de trabajo normal y corriente, algo tienen que hacer".

Además de las once cooperativistas, Sealeer cuenta con un equipo de cinco personas que colaboran con ella a modo de ONG. Es decir, sin cobrar. Así, además de Bonet, cuentan con un asesor fiscal, un asesor laboral y un par de personas que les ayudan con la administración.