Gérard Depardieu
El actor Gérard Depardieu. ARCHIVO

Es caballero de la Legión de Honor, caballero de la Orden Nacional del Mérito y uno de los actores más conocidos de la industria cinematográfica francesa. ¡Es Obélix en carne y hueso... y carne! Sin embargo, en los últimos tiempos, con 65 años a sus espaldas, la popularidad de Gérard Depardieu se ha alejado mucho del celuloide. Sigue apareciendo en los medios, sí, pero a base de polémicas y comportamientos excéntricos.

La última incorporación a su ya larga lista de salidas de tono ha tenido lugar en Italia, en la ciudad de Lecce, donde el actor tiene una casa en propiedad. Depardieu se quejó de que en un restaurante cercano estaban haciendo mucho ruido y, empujado por la ira, se encaró con el propietario y, después, comenzó a echarles agua a él y a los clientes del local.

El conflicto concluyó con una llamada a la policía, quien advirtió que el actor francés podría enfrentarse a un arresto o una multa si vuelve a tener un encontronazo con el dueño del restaurante.

Más escandaloso fue el capítulo que protagonizó en agosto de 2011 cuando, en estado de embriaguez, comenzó a orinar en el pasillo de un avión con destino a Dublín. El actor quiso acceder al baño durante la fase de despegue y, al negarle el paso la azafata por razones de seguridad, Depardieu se bajó la bragueta y orinó sobre la moqueta. Poco después, se utilizó el suceso en clave de parodia para promocionar la película Astérix y Obélix: Al servicio de Su Majestad.

Ahora eso del teatro me aburre. [...] Ser actor ya no es lo mío Justo un año después, en agosto de 2012, Depardieu volvió a ocupar titulares en la prensa, esta vez por darle un puñetazo al conductor de un automóvil con el que chocó mientras circulaba en un motocicleta, de la que ni siquiera llegó a caerse. En noviembre de ese mismo año, se vio involucrado en un nuevo accidente de tráfico, provocado por él mismo mientras conducía su moto por París con una tasa de alcohol por encima de lo permitido.

Aunque, si Depardieu ha hecho correr ríos de tinta, ha sido sobre todo por sus conflictos con el gobierno francés. Todo comenzó cuando. a finales de 2012, el actor estableció su residencia fiscal en un pueblo belga junto a la frontera francesa para pagar menos impuestos, en respuesta a la decisión del gobierno de aumentar al 75% las tasas sobre la renta de los más ricos.

Esta acción, que generó tensiones en las relaciones entre Bélgica y Francia, fue sólo el primer paso de este exilio. El siguiente fue la renuncia de Depardieu a su pasaporte galo y la obtención de la ciudadanía rusa, concedida por Vladímir Putin, con quien el actor ha establecido una relación de gran admiración y amistad.

A pesar de las disputas, Gérard Depardieu ha vuelto en los últimos días a París, por motivos de trabajo, para actuar en la obra de teatro Love Letters, pieza del estadounidense Albert Ramsdell Gurney sobre el amor, la ausencia, el tiempo y la distancia. Aun así, su trabajo se limita a tan sólo siete días ya que, según él mismo ha declarado, ya no le divierte la actuación. "Ahora eso me aburre. [...] Ser actor ya no es lo mío", asegura.

Su comportamiento, en ocasiones demasiado extravagante, ha hecho incluso que su hija mayor, Julie, tenga una opinión no demasiado buena sobre él. En una entrevista muy personal concedida recientemente al diario Le Monde, la actriz aseguraba que, viendo la vida que lleva su padre, no le da ni cinco años de vida. Julie reconoce incluso que se ha operado varias veces la nariz para no parecerse a su padre, poseedor de una de las napias más reconocibles de la historia del cine, y alejarse así de su imagen.