Elena Anaya
La actriz presenta la película argentina que protagoniza, 'Pensé que iba a haber fiesta'. JORGE PARÍS

El talento interpretativo de Elena Anaya, reconocido con un Goya a la mejor actriz en 2011 por La piel que habito, regresa a la gran pantalla en Pensé que iba a haber fiesta, un filme pequeño e intimista, una comedia dramática argentina que relata el conflicto que surge cuando su personaje, Ana, comienza una relación apasionada con el exmarido de su amiga Lucía (Valeria Bertuccelli).

La relación entre las dos mujeres constituye el eje central del tercer largometraje de Victoria Galardi como directora y guionista, una historia casi minimalista en la que el trabajo de Elena Anaya es pieza fundamental. La actriz, que desprende ternura e inteligencia a través de sus ojos y su forma de hablar, explica lo que ha significado para ella este papel y cómo ve la situación actual del cine.

Su nueva película es un pequeño proyecto argentino, ¿qué diferencias hay entre trabajar en este tipo de cine y en proyectos más grandes?
Todas las películas son diferentes, unas se ruedan en 4 meses y otras se ruedan en 24 días, pero todos los proyectos hay que empezarlos y hay que acabarlos, en todos los proyectos hace falta un equipo que es clave, y en todos los proyectos se dice "acción" y en ese momento no importa todo lo que haya detrás: ni todo lo que se haya preparado el proyecto, ni cuántos meses haya de preproducción ni cuántos millones haya de inversión.  Cuando se dice "acción", la ficción comienza, la realidad desaparece y tú tienes que seguir haciendo tu trabajo exactamente igual.

Entonces, en esencia no hay diferencia entre una película independiente y una superproducción de Hollywood...
Lo que pasa es que a veces es más complicado, tienes menos refuerzos, menos ayudas, y hay que  solucionarlo de una manera más rápida y más eficaz, pero sí.

En Pensé que iba a haber fiesta llama la atención la naturalidad de los diálogos, ¿había hueco para la improvisación?
No. Había algún día que ocurría, y en los ensayos previos podíamos improvisar un poquito, pero Victoria es una directora que sabe exactamente lo que quiere y no te da libertad, no solamente en los diálogos sino también en el movimiento. Te decía, por ejemplo, "tienes que decir todo de pie, en la piscina, con la mano en el bolsillo".

Uno de los momentos que más transmite esa sensación de espontaneidad no es un diálogo sino un baile a lo Tom Cruise en Risky Business...
Ese momento representa lo que intento transmitir cuando hablo de esta película, algo que la directora hace muy bien, crear la sensación de estar espiando la intimidad, convertir al espectador casi en un voayeur y permitir que observe cosas que, si te viesen hacer, te morirías de la vergüenza.

Todavía queda gente que quiere ver otro tipo de cine y que no le apetece que siempre le cuenten la misma historia También destacan los silencios prolongados...
A mí me parece que todo lo que se pueda decir sin palabras es más poderoso, que la emoción y el mensaje se escucha a veces sin diálogo, viendo la cara de alguien. Ocurre, cuando te encuentras delante a una persona que no conoces de nada y la ves sentada en el metro durante seis paradas y piensas "'dios mío!, ¡cuánto transmite esa cara que no va hablando con nadie!". Cuando consigues hacer eso en el cine creo que es chulo.

El resultado final es el de una película intimista de ritmo lento, un concepto muy opuesto a las películas más taquilleras. ¿Somos incapaces de consumir algo que no sean superproducciones de Hollywood?
Yo creo que no. Por lo menos en Madrid todavía quedan algunas salas independientes que espero que sigan adelante, porque el día que desaparezcan sí que seremos todos borreguitos del mismo rebaño y veremos todos lo mismo porque no tendremos opción de ver nada más. Pero creo que todavía queda gente que quiere ver otro tipo de cine y que no le apetece que siempre le cuenten la misma historia con el mismo ritmo trepidante, con alguien comiéndose un paquete enorme de palomitas al lado y con un sonido apabullante, que sales del cine y tienes una especie de borrachera de sensaciones y de emociones que no sabes muy bien ni lo que te han contado.

Los dos temas centrales del filme son el amor y la amistad, ¿cuál es el más importante para usted?, ¿cuál vive con más intensidad?
Yo, la amistad. Tengo amigos desde que era muy pequeña y siguen siendo mis mejores amigos. Que es también un poco el amor, yo amo a mis amigos, son parte de mi vida, de mi familia.

Esta semana se han anunciado las nominaciones a los Goya, ¿algún favorito?
Me muero de ganas de ver la película de David Trueba, que me han dicho que es maravillosa, pero si te digo favoritos sin haber visto tampoco las otras me parece que es un poco cruel. No me ha dado tiempo a ver nada, acabo de llegar de rodar. Ahora sí me pondré a ello y veré todas las pelis importantes que tengo que ver.

¿Cree que estos Goya deberían volver a ser reivindicativos?
Yo creo que estos Goya deberían ser un homenaje al cine por y para el cine, y reivindicativos... sí, ¿pero sirve de algo? Creo que no.

¿Quizá habría que dejar al margen la política?
No al margen, pero creo que hay que hacerlo muy bien, con un sentido del humor maravilloso, con elegancia, como lo ha hecho Eva Hache otros años. Pero yo soy más partidaria de, si es una fiesta del cine, centrarnos en la celebración, y si tenemos algo más que decir, va después, pero lo primero es celebrar las buenas películas que se han hecho este año, felicitar a la gente que las hace y apoyarnos.

Me entran ganas de salir a la calle y gritar cada día, pero creo que ahora está medio prohibido quejarse, ¿no? ¿No cree que en la gala se colarán mensajes contra, por ejemplo, la reforma de la ley del aborto?
La reforma de la ley del aborto da motivos para que salgamos todos todos los días a la calle a decir lo que sentimos, no quizá en la fiesta del cine. No me puedo creer lo que está pasando. A mí me entran ganas de salir a la calle y gritar cada día, pero creo que ahora está medio prohibido quejarse, ¿no? Te pueden detener por sentarte un minuto para protestar.

Puestos a fantasear, ¿qué sería lo primero que haría si fuese presidenta del Gobierno?
Jamás sería presidenta del Gobierno, yo fantaseo de otra manera. Me da un dolor de cabeza tremendo sólo de pensarlo.

¿Ni siquiera en el cine?
Tendría que dirigir la película, ¿no? Y tendría que poner mis diálogos... No, nunca dirigiría una película en la que yo fuese presidenta de España.

Hoy, cuando se habla de cine español, se habla de subida del IVA, de recortes... ¿de verdad la crisis es tan profunda?
Este año se han hecho bastantes películas. La crisis también tiene que ser de talento y eso sí sobra en este país, sobre todo de jóvenes cineastas que han conseguido sacar adelante proyectos complicadísimos y han conseguido llevar a la gente al cine y que se hable de sus películas. Me parece que de lo que también tenemos que hablar —que se habla poco— es de los éxitos.

¿Alguna espinita clavada, algo que le gustaría hacer y que todavía no ha hecho?
La vida me está dando la oportunidad de desarrollarme como persona y como artista, así que no tengo espinas clavadas. Tengo espinitas de ser mejor actriz, de aprender muchas cosas que me faltan como persona y como profesional... pero no hay nada que no haya podido hacer aún y que no me deje dormir por ello.