Todo un ‘tsunami’ de recuerdos
Miguel Sánchez, atendiendo a un paciente.
Tal día como hoy, hace dos años, el médico vallisoletano Miguel Sánchez estaba a bastantes kilómetros de su rutina diaria en el servicio de emergencias de Sacyl.

Por estas fechas había embarcado en el buque Galicia de la Armada para participar, como reservista voluntario, en la operación militar Respuesta solidaria.

El Ejército se unía a los esfuerzos por paliar las consecuencias del tsunami en Indonesia, una catástrofe que se había cobrado ya más de 250.000 vidas, y a él le sonaba el teléfono. «No me sorprendió; para mí, las catástrofes son como la luz para los mosquitos, por algo soy médico de emergencias», nos cuenta. Como médico, su responsabilidad pasaba por atender a la población civil. «En esas situaciones aprendes a trabajar con pocos medios, a racionar y racionalizar cada aspirina que das, no como aquí –asegura contundente–. Claro que aprendí mucho, había gente que perdió a diez miembros de su familia, y aun así, te agradecían lo que hacías por ellos con una sonrisa y su silencio. Son pueblos con capacidad de sufrimiento y resignación históricas».

Hermandad del fango

No tiene reparos en reconocer que volvería; «es más, me habría quedado allí más tiempo, porque es muy duro volver a la rutina diaria».
Destaca el compañerismo durante su experiencia: «Es la hermandad del fango; sólo alguien que se ha visto en una situación límite, de barro hasta el cuello, puede entender lo que piensas y por qué tomas algunas decisiones». Él continúa con su trabajo… hasta que el teléfono vuelva sonar.

Espíritu reservista

Los reservistas voluntarios son aquellos civiles que, durante un periodo del año, pueden ser llamados por el Ejército para participar, en función a sus conocimientos y experiencia, en diferentes unidades y misiones. En los tres años que lleva en funcionamiento está figura, hay 4.900 reservistas, 3.800 hombres y 1.100 mujeres, de los que alrededor de 3.000 fueron ‘activados’.