Parece que los vigueses podremos pagar, por fin, una factura del agua razonable, más acorde con nuestro consumo real y que no se tarifique por tramos como hasta ahora estipula Aqualia, la empresa concesionaria del abastecimiento.

El Concello, tras dos años de reivindicaciones de la Federación de Asociaciones Vecinales (FAVEC), se ha decidido a elaborar un estudio que establezca una nueva forma de cobro del agua, según confirmó a 20 minutos el teniente de alcalde José Manuel Figueroa, quien no quiso fijar unos plazos.

En 2005, el Valedor do Cidadán, Luis Espada, hizo público un informe que denunciaba que el actual sistema de cobro es «abusivo», ya que nos obliga a pagar cada dos meses a Aqualia un consumo mínimo de 30 m3 tanto si los gastamos como si no.

Además, en ese documento, Espada advertía de que el sistema que aplica dicha compañía induce al derroche puesto que, con un tope mínimo semejante, las personas se despreocupan y gastan más agua de lo que necesitan al ser conscientes de que, casi con toda seguridad, no rebasarán los 30.000 litros. El Gobierno local se comprometió en 2005 a buscar una solución, además, ahora, así se lo exige la nueva Ley de Protección de Consumidores y Usuarios, esa que hace que los aparcamientos cobren por minuto o que las compañías de teléfono lo hagan también por segundos.

Una cláusula dentro de la norma prohíbe el redondeo al alza en este tipo de facturas y, según la legislación, el Concello estaría obligado a modificar la tarificación antes del 1 de marzo.

No obstante, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) cree que si Aqualia alega que dentro de ese consumo mínimo de 30 m3 «se introduce un canon por mantenimiento, no tendría por qué cambiar el sistema de cobro».

De todas formas, esto parece improbable porque la empresa ya cobra 6,40 euros de cuota de abono.

El agua más cara de todo Galicia

En A Coruña, el m3 de agua cuesta 33 céntimos, uno más que en Vigo, pero la compañía que se encarga del abastecimiento cobra a mitad de precio los primeros 18 m3 consumidos, lo que hace que el precio final sea más bajo. Mientras, en Ourense o en Santiago la factura es la mitad de cara que aquí.