La ministra francesa de Familia revela en 'Le Monde' que tiene un cáncer de mama

  • Dominique Bertinotti reveló este viernes que sufre un cáncer de mama contra el que lucha desde el pasado mes de febrero.
  • La ministra francesa de Familia asegura que ahora lo hace público para "ayudar a que la sociedad evolucione ante esta enfermedad".
  • "Es una enfermedad que no se puede olvidar. Ministra o no ministra, te espera en tu silla", relata en el diario Le Monde Bertinotti, de 59 años.
Una mujer con una pañoleta rosa, color representativo de la lucha contra el cáncer de mama.
Una mujer con una pañoleta rosa, color representativo de la lucha contra el cáncer de mama.
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La ministra francesa de Familia, Dominique Bertinotti, reveló este viernes que sufre un cáncer de mama contra el que lucha desde el pasado mes de febrero y que ahora hace público para "ayudar a que la sociedad evolucione ante esta enfermedad".

"Es una enfermedad que no se puede olvidar. Ministra o no ministra, te espera en tu silla", relata en el diario Le Monde Bertinotti, de 59 años.

La ministra pasó su primera sesión de quimioterapia el pasado 2 de marzo, y pidió un encuentro "por motivos personales" con el presidente de Francia, el socialista François Hollande.

"Tengo un cáncer. He entrado en fase de tratamiento. Me gustaría que esto quedase estrictamente entre nosotros", le dijo la ministra al presidente.

Hollande respetó su decisión y no rompió el pacto de silencio. Poco después, Bertinotti ejerció de segunda de a bordo en la ley para autorizar el matrimonio homosexual en Francia, texto pilotado por la ministra de Justicia, Christiane Taubira.

"En 170 horas de debates sobre el matrimonio homosexual entre la Asamblea Nacional y el Senado, donde estuvo en primera línea detrás de la ministra de Justicia, nadie se dio cuenta", subraya Le Monde.

El único detalle, que entonces pasó inadvertido, es que se había cortado mucho el pelo. El cambio de imagen acontecía tras una última semana de radioterapia. Antes había pasado sesiones de quimioterapia y una intervención quirúrgica.

"No tenía nada, ningún signo. Y de pronto, sin transición, te conviertes en una enferma. Entras bien y sales en otro mundo. Te cae encima y ya no se va más. Los análisis, las resonancias magnéticas, los sudores fríos, los resultados que dan miedo. Todo te ocupa la cabeza", relata la ministra.

"¿Me habría quedado en silencio si no fuera una mujer política? No lo sé. Nadie puede decir cómo va a entrar en la enfermedad. Instintivamente, no quería poner el cáncer en el centro. Quería ser una enferma ministra, no una ministra enferma", prosigue.

Por eso no quebrantó su silencio y compareció en los debates de la Asamblea Nacional escondiendo bajo una peluca su cabeza rapada. Cuenta que organizaba su agenda en función de sus sesiones de quimioterapia. Y lloraba, a escondidas. Pero seguía atendiendo a las obligaciones de su cartera ministerial.

Bonito cráneo

De vez en cuando, encontraba apoyos en los que agarrarse, recuerda, como esa enfermera que le decía que tenían que seguir firmes para legalizar el muy polémico matrimonio homosexual, el hecho de que el presidente no le pidiera la dimisión o el peluquero que le decía que tenía un bonito cráneo, mientras se lo afeitaba.

Dudó a la hora de revelar su enfermedad. No quiere suscitar compasión, dice en Le Monde, tampoco utilizarlo como instrumento político. Y cuanta que al final lo reveló "para mostrar que se puede tener un cáncer y seguir trabajando. Para que los empleados entiendan que una baja de larga duración no es necesariamente la mejor solución. Para que haya menos miedo, más comprensión".

Se da la circunstancia de que Bertinotti colaboró como documentalista a finales de los años ochenta del pasado siglo con el presidente socialista François Mitterrand, quien murió de un cáncer de próstata en 1996.

Perdió la batalla contra la enfermedad ocho meses después de dejar el poder. Había revelado en 1992 que padecía un cáncer, que se trataba en secreto desde 1981.

Mitterrand, presidente entre 1981 y 1995, hizo mentir a su médico personal durante diez años para esconder su enfermedad a la opinión pública.

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