Los estudiantes están hartos de empollar
La biblioteca de Biosanitaria es una de las más utilizadas (Torres).
Llegan los exámenes y con ellos los atracones de folios. La Universidad ha habilitado este año seis salas de estudio durante 22 horas al día para que los alumnos puedan estudiar en horario nocturno.

La mayoría de las facultades también han acondicionado clases como aulas de estudio, pero el número de mesas y sillas se queda corto en esta época del año. «Además, son muy incómodas porque no están pensadas para estar horas estudiando», denuncia la asociación Red de Derecho.

Buscar hueco

La situación más preocupante está en Arquitectura, donde, según la presidenta de estudiantes, Isabel Vera, «sólo hay una sala de unas 30 personas, más los huecos de la biblioteca. No más de 90 sitios para 1.500 alumnos».

La problemática es parecida en Ciencias del Deporte, donde el representante de los estudiantes afirma que «se han puesto más mesas en la biblioteca, pero de sala de estudio nada. Nos vamos a otras facultades porque no cabemos».

En Ciencias de la Educación se han colocado mesas y sillas en los pasillos y en los huecos que quedan entre los despachos de profesores. «No es el mejor lugar, pero al menos nos repartimos y si buscas, siempre encuentras algún sitio vacío», comenta la delegada de alumnos, Victoria Martínez. El truco está en madrugar.

Móviles sonando y portátiles

La sala de estudio de Económicas tiene una capacidad cercana a las 250 personas y «siempre hay mucho ruido», dice Félix Martínez, de la asociación de alumnos Broquersa. Los portátiles, los móviles, la gente que se levanta a beber agua... «En la biblioteca de Biosanitaria cabemos muchos, pero es imposible concentrarse», denuncia Pedro Jiménez, de Medicina. «A veces parecemos sardinas en lata».