Ni toman café ni asisten a una clase magistral, simplemente charlan de algo más que de lo divino y lo humano. La iniciativa, que lleva tres años en marcha, persigue devolver la filosofía a la calle, que es donde surgió. Intentan recuperar la tradición socrática, ya casi perdida, que consiste en reflexionar sobre los problemas que nos incumben a todos.

¿De qué hablan?

De todo. Reflexionamos sobre el arte, el sentido de la filosofía, la identidad, la libertad, la felicidad, los conflictos entre padres e hijos...

¿El perfil del público?

Variado. Mayormente son jóvenes treintañeros.

¿Qué aporta tomarse este café con uno mismo?

Más quilates y sensaciones en la vida. Cuando acaba el taller, el público tiene la sensación de que ha sido interesante. Se lo pasan bien de forma intensa.

¿Qué aporta la filosofía?

Conocernos a nosotros. Necesitamos la filosofía para aprender a vivir la vida. No hay recetas, las instrucciones las tenemos que ir construyendo.

Para filosofar hace falta...

... Plantearse preguntas.

¿Ante un problema?

Recomiendo pararse a pensar. A lo mejor el problema no es tal, sino otro. La gente tiene que aprender a templar las emociones y pararse a pensar.

¿Qué ocurre hoy?

Que seguimos preocupándonos por lo que no es verdaderamente importante.

Como por ejemplo.

El dinero, el poder, el sexo.

Y deberíamos...

Cuidar el alma, lo dijo Sócrates. Cultivarnos y automejorarnos. Preocuparnos más de lo de dentro y menos de lo de fuera.

BIO

34 años. Nació en Marchena, donde da clases de Filosofía en un instituto de secundaria. Colabora con la Facultad de Psicología.