Los chalecos no logran reducir la cifra de conductores atropellados
En 2004 (con sólo cinco meses de obligatoriedad del chaleco), 379 peatones murieron en las carreteras españolas.
Lejos de ser la panacea en seguridad vial, los chalecos reflectantes no han ayudado, de momento, a reducir la siniestralidad en el asfalto, según revelan las estadísticas desde que su uso es obligatorio (julio de 2004) para todo conductor que se tenga que apear de su vehículo en cualquier tipo de carretera.

En 2004 (con sólo cinco meses de obligatoriedad del chaleco), 379 peatones murieron en las carreteras españolas. La cifra aumentó a 393 en 2005, según los últimos datos oficiales de la DGT.

Los números son igual de graves si sólo se analiza el horario nocturno, donde el chaleco es el único elemento de visibilidad. En 2005 murieron 248 peatones, 29 más que en 2004.

Las estadísticas también permiten ver lo que estaba haciendo el peatón en la carretera en el momento de sufrir el accidente. Y es aquí donde mejor se refleja la poca eficacia que están teniendo los chalecos. En 2004, 61 peatones fueron arrollados mientras bajaban o subían del vehículo o cuando estaban reparándolo en la calzada, cifra que aumentó a 62 un año después, en 2005.

Otro dato muy negativo: en 2004, 176 peatones murieron cruzando la calzada de una carretera; en 2005 fueron 194. Las estadísticas de la DGT, no obstante, no especifican qué porcentaje de víctimas llevaba puesto el chaleco.

La DGT, por su parte, no ha querido hacer una valoración a 20 minutos sobre estos datos, ni ha especificado cuántos conductores han sido multados (la sanción es de 90 euros) por no ponerse el chaleco al bajarse de su vehículo en estos dos años y medio.

«No evita el peligro»

Quien sí ha querido hacer una valoración es Automovilistas Europeos Asociados (AEA). «Está claro que el chaleco no sirve para reducir el riesgo. No hay que olvidar que parar en carretera, por una avería o por un pinchazo, es una de las situaciones más peligrosas», explica su presidente, Mario Arnaldo. «Se ha producido lo que llamamos un efecto Superman. Muchos conductores se creen fuera de peligro por el mero hecho de ponerse el chaleco, y no es así», concluye Arnaldo.

La asociación de víctimas de la carretera Stop Accidentes, defensora de la obligatoriedad del chaleco, asegura que «estos datos evidencian que los conductores no cumplen con las normas. Si se ha de parar en carretera, hay que tomarse un minuto para reflexionar, llamar a la grúa dentro del coche, salir por el lado más cercano al arcén e intentar sacar el vehículo de la vía».

19 muertos este fin de semana

19 personas perdieron la vida en los 18 accidentes de tráfico ocurridos en las carreteras españolas desde las 15:00 horas del pasado viernes hasta las 20.00 horas de ayer, mientras que en el mismo fin de semana del pasado año se registraron 25 muertos.  Según informó la Dirección General de Tráfico, en esos siniestros se registraron, además, seis heridos graves y diez leves. El accidente más grave se produjo el sábado en el término municipal de Rajadell (Barcelona), en el que murieron dos personas.

Historia de un chaleco

Deficientes. El único estudio hecho sobre los chalecos, elaborado hace dos años por RACE y Consumo, señalaba que el 34% de los chalecos que se vendían entonces no cumplía la normativa y que la mitad de ellos, un 17%, no aseguraba buenas condiciones de visibilidad.

Sólo el conductor. La AEA denuncia que la ley sólo obliga a ponerse el chaleco a los conductores que se bajan del vehículo, no al resto de ocupantes. Tampoco obliga a llevarlo en el coche, sólo a ponérselo para apearse de él.

También a peatones. No sólo los conductores están obligados a llevarlo, también los peatones que «circulen fuera de población, entre el ocaso y la salida de sol o en condiciones meteorológicas que reduzcan la visibilidad».

Cómo deben ser. Deben tener instrucciones de uso y mantenimiento, la identificación del fabricante y el código de la entidad certificadora (EN 471 o EN 1150). Deben permitir una visibilidad mínima de 150 metros y hay que recordar que un chaleco tiene una vida de tres o cuatro años. Pueden ser de color amarillo o naranja.