Con motivo del Día Universal del Niño la ONG Prodein ha publicado un documental en el que muestra cómo un grupo de niños marroquíes viven junto a la escollera de la ciudad autónoma de Melilla, esperando para poder saltar el muro que les separa de la zona de carga y estacionamiento de los camiones que partirán rumbo a la Península. 

Los menores se encuentran internos en el centro de menores de La Purísima de Melilla, tras haber conseguido llegar a la ciudad sin documentación y haber sido localizados por la policía. Su único pasatiempo consiste en idear formas de escapar de allí y seguir su viaje hacia la Península y Europa.

Estar en el centro de menores es "perder el tiempo" Según denuncia Prodein escapan del sistema de protección de menores porque no les ofrece unas condiciones de vida dignas y porque allí no tienen futuro, dado que la Delegación del Gobierno de Melilla extingue el permiso de residencia de la mayoría de los jóvenes cuando cumplen la mayoría de edad. Así, acaban viviendo en la calle, en su mayoría, en los alrededores de la escollera.

Uno de los jóvenes allí internados explica que estar allí es "perder el tiempo", por lo que intentan "colarse" para esconderse en un "barco o un camión" que vayan a la Península. 

Para hacerlo, muchas veces optan por descolgarse por un muro de ocho metros que les separa de las instalaciones del puerto de Melilla. Los medios son precarios: a través de un agujero en la reja y con una cuerda anudada como único medio.

Si toda va bien, consiguen llegar abajo sin herirse y acceder a la zona de contenedores. Pero no es el final del camino ya que allí pueden interceptarles los camioneros, o la policía con "perros", y si les encuentran, aseguran, "te pegan palos y al calabozo, y después otra vez al puerto, a ver dónde se te acaba la vida", explica uno de los fugados.

Como ya adelantaba 20minutos en un reportaje, unos 200 menores conviven en La Purísima, con capacidad para tan sólo 120. Los que se fugan del centro roban, mendigan, venden pañuelos o chicles o lavan coches para "ganarse la vida", a la espera de conseguir un billete como polizón en un ferry.

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