Ángeles Martínez decidió dar un cambio radical en su vida en 1993 cuando era gerente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Baleares y decidió viajar a Bosnia para entregar en un convoy 10 toneladas de material a los miles de refugiados de la guerra en esta zona de Europa y, desde entonces, ha trabajado con varias ONG's en diferentes países, como Sierra Leona, Angola, Congo y Ruanda, mientras que en la actualidad, se encuentra en Afganistán dirigiendo un programa para más de 2.500 niños víctimas de la guerra con la organización holandesa 'War Child Holland'.

En declaraciones a Europa Press, Martínez ha explicado que llegó a Afganistán en 2005, donde estuvo trabajando para la Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA), mientras que hace año y medio, se convirtió en la directora de zona de la citada ONG en este país asiático, donde en colaboración con otras 5 organizaciones locales, atiende a 2.500 menores desplazados por la guerra y que trabajan en las calles de Kabul o de la provincia de Nangarhar.

Asimismo, Martínez, nacida en Tánger pero residente en Palma desde 1976, donde fundó en 1994 la delegación de Médicos del Mundo en Baleares, se encarga de apoyar una escuela particular, pionera en Afganistán, que atiende a menores afganos afectados por sordera.

Concretamente, ha detallado que su organización, en la que trabajan 19 personas afganas, se encarga de apoyar financieramente a otras ONG's, al tiempo que supervisa sus proyectos de educación, dirigidos a niños que no pueden acceder a las escuelas oficiales, porque se han quedado fuera del sistema o porque ya no tienen edad para acceder al colegio.

Además de impartirles materias educativas, también se han iniciado, a propuesta de los propios menores, actividades deportivas, como taekwondo para los niños y kick boxing para las niñas.

Así, pese al peligro latente en Afganistán, Martínez se traslada habitualmente a las distintas escuelas para comprobar que no haya "influencias perversas" en la educación de los menores por parte de grupos radicales, como los Talibán y se siga el currículum oficial del Ministerio de Educación afgano.

En esta línea, ha revelado que hay informes que constatan que algunas comunidades de la provincia de Nangarhar deben negociar con los talibanes el acceso a la "educación segura" de los niños, para evitar el riesgo de que los grupos radicales conviertan el colegio en una 'madrasa' o escuela coránica.

Pese a ello, ha destacado que "por suerte", las escuelas que coordina no han sido atacadas, mientras que, por otro lado, ha anunciado que en invierno va a comenzar un nuevo proyecto de educación primaria en Kabul con la creación de espacios educativos seguros en varios de los 52 'campos de refugiados o desplazados', donde hay "niños y adultos sobreviviendo sin apenas recursos".

"Vamos a crear lugares seguros donde proporcionaremos educación a menores de entre 7 y 12 años, que trabajan en la calle, al tiempo que les ofrecemos apoyo psicosocial y protección vigilando, sobre todo, aquellos niños que puedan estar sufriendo explotación, abuso sexual, violencia, matrimonios infantiles e intercambio", ha destacado.

Otro de los proyectos en los que está implicada Martínez es en un documental que cuenta la historia de 10 mujeres, centrada, sobre todo, en cuatro de ellas, víctimas de matrimonio infantil y que han sobrevivido a la violencia, hasta el punto de que alguna de ellas fue quemada su cara con ácido, mientras que dos de ellas no sólo fueron casadas de niñas, sino intercambiadas y vendidas a otras familias y hombres de éstas.

La película, que será estrenada en Kabul el próximo 20 de noviembre, con motivo del Día Internacional de la Infancia, ha sido financiada por 'War Child Holland' y cuenta con la colaboración de las organizaciones ASDHA y Human Rights Watch, así como con el equipo de una televisión afgana, que precisamente, emite su programación sólo para niños y gente joven.

Martínez ha indicado que este documental, que se prevé que sea presentado en próximos meses en España a través de ASDHA, aborda con entrevistas a mujeres y expertos en derechos humanos y salud esta práctica del matrimonio infantil en Afganistán, que si bien, hace años era "más o menos limitada, ahora la guerra y la pobreza la hacen prevalente", lo que provoca que la mortalidad materna entre las menores de 18 años represente el 32% de las muertes de mujeres que dan a luz en ese país.

"miedo no,

Pero estoy permanentemente alerta"

La cooperante, que es la única mallorquina que reside en Kabul, junto a otra que trabaja en la Embajada Española, reconoce que no vive con miedo, pese a que está "permanentemente alerta", sobre todo, cuando tiene que desplazarse a otra parte de la ciudad ante el riesgo de atentados, que suelen producirse cada semana.

"No siento el peligro, aunque tomo muchas precauciones", asevera Martínez, quien indica que nunca sale a la calle con burka, pero sí con la cabeza cubierta, a pesar de lo cual dice que se nota mucho que es extranjera, dado que habla poco la lengua oficial del país, el 'Dari'.

Asimismo, subraya que, a pesar de que asume el riesgo de residir en un país como Afganistán, tiene "muchas ganas de vivir", al tiempo que recuerda que es madre y abuela, razón por la cual se suele desplazar a Palma de Mallorca a visitar a su familia.

No obstante, apunta que si pone su vida en riesgo, quiere tener un "mínimo de libertad" para sentirse viva, motivo por el cual suele ir a comprar acompañada del traductor o a cenar con amigos, así como tener un contacto con la población local.

"Esta burbuja de libertad la necesito para compensar otras cosas, como algún momento de miedo, siempre teniendo cuidado y protegiéndome", afirma, al tiempo que subraya que por el momento, ha tenido "mucha suerte", porque a pesar de haber trabajado en muchos países de conflicto, el único problema grave que ha sufrido ha sido una malaria cerebral en Angola, que estuvo a punto de acabar con su vida.

Además, otro momento de peligro que vivió fue cuando un terrorista suicida se hizo estallar los explosivos que llevaba en su cuerpo a cien metros de su casa, con el fin de asesinar al jefe de la Inteligencia afgana, quien resultó gravemente herido.

"el poder infinito de cambiar la vida a mucha gente"

Martínez destaca de su trabajo como cooperante el "poder infinito de cambiar la vida a mucha gente", lo que provoca que diariamente, piense en la suerte que tiene de estar viva, a pesar de estar muchas veces "triste y deprimida" cuando es testigo de la "brutalidad humana y de la muerte de personas".

Todo empezó, según relata, en 1993, cuando siendo gerente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Baleares tenía una sensación de "injusticia" con lo que estaba sucediendo en Bosnia, por lo que la Junta de esta entidad decidió recoger entre todas las empresas de las islas ropa y otro material para los refugiados.

Así, cuando se lograron 10 toneladas de material, el objetivo era entregarlo a la Cruz Roja de Baleares para que lo enviase a Bosnia, si bien esta entidad les informó de que no trabajaba en ese país, por lo que se organizó un convoy y fue la propia Ángeles Martínez y otros voluntarios quienes se desplazaron hasta Croacia.

Posteriormente, hicieron un segundo viaje y, al conocer a un equipo médico y logístico de Médicos del Mundo, Martínez decidió que ella también quería trabajar en Bosnia y tras ponerse en contacto con esta ONG en Madrid, logró trasladarse y dejar la Gerencia de Jóvenes Empresarios.

"Trabajé como logista en Bosnia y fue un trabajo apasionante de llevar medicinas y de poner en contacto a personas separadas por la guerra, por lo que me marcó para siempre", ha resaltado Martínez, quien también trabajó en Mali, Liberia, Costa de Marfil y Guinea.