Fundación Tomillo
De izquierda a derecha, Mónica (pedagoga), Ayada y su hijo Sufian. JORGE PARÍS

"Mi hijo decía que quería ser ladrón o basurero. Ahora, va a estudiar porque quiere ser fotógrafo. No sé de donde lo ha sacado, pero quiere hacer fotos y eso es mucho mejor. Estoy contenta". Así resume Ayada (Marruecos, 40 años) cómo ha cambiado su hijo Sufian (14 años) en los últimos meses.

El pequeño, es uno de los que más tiempo lleva en manos de Mónica Rouanet y Laura Megías, la pedagoga y la psicóloga del centro que la Fundación Tomillo tiene en la localidad madrileña de Majadahonda. Ambas, con el respaldo de otras dos profesionales y gracias a la financiación de la Obra Social 'la Caixa', tratan de evitar que una treintena de chavales de entre 0 y 16 años con perfiles de riesgo (familias desestructuradas, de bajo nivel económico o cultural), caigan en la exclusión social.

La inversión está justificada. Según las cifras elaboradas por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN en sus siglas inglesas) a partir de los datos de la oficicina europea de estadística Eurostat, 185.000 madrileños son extremadamente pobres económicamente, más de 400.000 son pobres y más de un millón está en riesgo de serlo. CC OO situa en 1.250.000 personas el número de madrileños en riesgo de exclusión. En toda España, y según datos de Unicef, casi 2,2 millones de niños españoles viven por debajo del umbral de la pobreza.

Atención integral

Para lograr su objetivo, la Fundación trabaja los hábitos de estudio de los chicos, sus pautas de relación, las normas básicas de educación e higiene y, muy especialmente, su afectividad. Muchos, admiten las profesionales, han entrado en una espiral de falta de atención, malos tratos o problemas de salud de sus progenitores (enfermedades, drogas, alcoholismo) que les hace con confiar en ellos a la hora de afrontar sus problemas, lo que los lleva al aislamiento. "Aquí, no se les juzga: se les escucha y se les ayuda", resume Mónica, acostumbrada a actuar como una segunda madre de los asistentes.

Hasta que no confían en ti, no se dejan aconsejarPero Caixa Proinfancia, como se denomina el programa del que forma parte Sufian, no trabaja solo con los niños derivados por el Instituto Madrileño del Menor y la Familia o por los centros escolares. Las especialistas también se dirigen a sus familias. Para conectar con ellas y lograr que la atención sea integral, usan el "acercamiento o enganche emocional". "Hasta que no confían en ti, no se dejan aconsejar. Una vez que lo has logrado, saben que estás para apoyarles", resumen.

El objetivo final es romper la dinámica de la exclusión: "Queremos que los chicos se integren, que estudien, que conozcan que tienen otros recursos aparte de irse al parque. A sus padres les pedimos que se relacionen con familias de otras nacionalidades y tengan momentos de ocio con sus hijos, algo que muchas veces ni siquiera existe. Nuestra próxima actividad es una excursión en la que queremos que participen también los padres".

A sus 14 años, Sufian lo ha entendido. Tiene amigos bolivianos y peruanos. Aunque ha repetido y está en 1º de la ESO —no en 3º, como debería— empieza a sacar buenas notas. Prefiere las letras, pero necesitará las matemáticas para hacer fotografía. "Bueno, estudiaré", dice sonriendo.

Otros programas

La Obra Social también desarrolla en Madrid los programas, 'Incorpora', 'Gente 3.0' o 'Alquiler Solidario'. Gracias a ellos, 8.100 personas vulnerables han conseguido trabajo, otras 109.400 han recibido formación en prevención de la dependencia y ayuda a los mayores y casi 200 familias acceden a pisos por rentas de entre 85 y 150 euros. Además, 8.000 pacientes en estado terminal y 12.000 familiares han recibido atención integral.

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