Andreu Buenafuente
El presentador Andreu Buenafuente ARCHIVO

Tras una buena temporada alejado de la televisión, reconoce Buenafuente que aunque ha estado haciendo todo lo que habitualmente no puede: teatro, radio y un documental, a los pocos meses de alejarse de los focos ya sentía el gusanillo. Son muchos años y al final la televisión es un vicio.

Este lunes 18 de noviembre se quita el gusanillo y vuelve a ponerse delante de la cámara con un show diario de humor en el late night de La Sexta. El cambio fundamental es que de su escritorio se pasa una gran mesa y  contará con Berto Romero, Jorge Ponce, Belén Cuesta y Bob Pop, entre otros. El programa, bautizado En el aire, será un espacio de humor y entretenimiento que repasará los grandes temas del día, incorporará todo el mundo de Internet y saldrá a la calle para dar voz a la gente.

Lleva Buenafuente una jornada maratoniana de promoción y aunque intenta parecer dinámico parece un poco cansado. Por no decir...

¿Está usted muy harto ya?
No, no. Un poco cansado, pero harto no.

Si el mundo fuera un pueblo, ese pueblo tendría un gracioso: pues yo soy eso, el gracioso¿Y de no estar en la televisión ha llegado a estar harto en algún momento?
Lo he echado mucho de menos. A los pocos meses de no hacerla ya tenía el gusanillo. Es que son muchos años en esto. Y aunque he hecho muchas cosas todo este tiempo, se echa de menos la tele.

¿Qué tiene de nuevo o diferente este programa?, ¿es posible un nuevo Buenafuente?
Yo quiero pensar que en este programa está la última versión de Andreu que vuelve a la franja de late night pero no como antes, ya no podíamos repetir el formato anterior. Ahora estamos en una mesa grande y abierta, con más colaboradoras y reconstruyendo a cierta cuadrilla.

Vamos que el espíritu sigue siendo el mismo...
Sí, claro, una gente a la que le sigue encantando reírse de la vida. Seguimos tebiendo la necesidad de reírnos.

¿Le parece que la risa puede ser una manera de rebelarse contra lo que ocurre?
Yo llevo toda la vida riéndome. ¿Era más necesario antes o ahora? Pues no sé, a mí siempre me han agradecido mucho que les hiciera reír. Ahora está más crudo todo, pero el comediante siempre es necesario, no sólo ahora. Es casi la profesión más antigua del mundo. Si el mundo fuera un pueblo, ese pueblo tendría un gracioso. Yo soy eso, el gracioso.

Bueno, pero hay graciosos y graciosos...
Yo soy el gracioso aceptado que a alguna gente le gusta. Si fuera el gracioso pesado, sería terrible.

Dijo usted que la tele estaba bastante irrespirable, ¿cómo va a hacerla más respirable?
Renuncio a cambiar la tele; es muy prepotente esa frase y esa idea. Hay programas que huelen a cerrado, pero me he reconciliado con eso también. No soy quién para señalar a nadie.

Sólo le digo: Canal Nou. Diga usted lo que quiera.
Es la historia de un gran despropósito. Y lo peor es que no sé si podemos sacar alguna lección. Tengo muy poca fe en la condición humana. Es una vergüenza y hay culpables. No hay manera de que las clases políticas se relajen con lo público. Lo peor es al final la gente que se queda en la calle. Cómo se puede hacer tan mal y consentirlo.

Pero consentir es una actitud bastante generalizada, hay miedo y hay pasividad, ¿le parece que deberíamos romper algo?
Estamos muy pasivos, pero es que el poder sabe tejer sus redes para que tengamos miedo, por eso se llama poder.

Renuncio a cambiar la tele; es muy prepotente esa frase y esa idea. Hay programas que huelen a cerrado, pero me he reconciliado con eso también¿Van a hacer algo en su programa que denuncie?
Vamos a trabajar una mezcla para que no nos quede agrio pero sin alejarnos de la realidad. Nunca he ignorado lo que sucede a nuestro alrededor. Ahora mismo tengo enfrente una montaña de basura, eso no puedo ignorarlo.

¿Y tiene usted alguna idea para cambiar un poco el curso de las cosas?
No me va el coaching barato...

Por eso se lo pregunto a usted...
Pues al final la única solución va a ser la perseverancia y el no desánimo. Lo peor es la desesperanza, no podemos desesperarnos. Hay que rebañar energía y tirar y tirar, porque si no, te bloqueas. Así es como funciono yo.

¿Así remontó el cierre de su programa anterior?
Multitud de programas empiezan y acaban en la misma semana. A nadie le gusta eso, claro, pero vas cogiendo fuelle y serenidad.

Algunos de los que empezaron con usted han llegado lejos, Évole, por ejemplo, ¿qué piensa cuando lo ve?
Lo que queda es la satisfacción. Busqué tanto talento que al final encontré. Estoy orgulloso.

¿A quién no entrevistaría Buenafuente jamás?
A mucha gente, sobre todo a la gente tóxica 'enmarcada'. No diré nombres porque soy un caballero español.

¿A quién, sí?
Al tipo o la tipa con una historia emocionante y bonita. Tras tantos años en esto la emoción está en alguien que no conoces mucho más que en alguien consagrado.

¿Qué ve usted en la tele?
Muy poco, porque como además he sido padre, mi niña tiene once meses aún, pues soy el espectador tipo: veo fragmentos.

¿Y le parece que hay hueco para la cultura, aunque no la vea mucho?
Yo pongo mi granito y llevaré escritores al programa, pero también es interesante una web o un blog o un vídeo que puedes ver mientras vas en el autobús.

Pero eso, a diferencia de los libros,  no necesita mucha publicidad, ¿no cree?
Bajemos, bajemos un poco de profundidad, por favor, un rato al menos, no vaya a ser que nos mareemos.