Los objetos que los surrealistas creaban para combatir la lógica

  • Arremetieron en sus esculturas e instalaciones contra los objetos cotidianos, modificándolos hasta que perdían su función habitual.
  • El Centro Pompidou de París reúne cerca de 200 piezas creadas por Dalí, Picasso, André Breton, Man Ray, Giacometti, Magritte, Hans Bellmer, Miró...
  • "No dejan lugar alguno para las preocupaciones formales. Dependen sólo de la amorosa imaginación de cada persona, son extraplásticos", declaró Dalí en 1931.
La artista surrealista Meret Oppenheim recrea en 1936 un pollo asado con un par de zapatos
La artista surrealista Meret Oppenheim recrea en 1936 un pollo asado con un par de zapatos
Meret Oppenheim - Moderna Museet, Stockholm - © Adagp, Paris 2013

Salvador Dalí y André Breton descubrieron Bola suspendida de Alberto Giacometti en la galería Pierre Loeb de París en 1930. La escultura, más parecida a un juguete infantil y al mismo tiempo de connotaciones eróticas, cautivó a los dos pesos pesados del surrealismo: el objeto era la unión perfecta entre la corriente artística y la realidad.

"Estos objetos (...) están basados en las fantasías y representaciones que pueden surgir cuando se realizan actos subconscientes. (...) Tienen una función simbólica y no dejan lugar alguno para las preocupaciones formales. Dependen sólo de la amorosa imaginación de cada persona, son extraplásticos", declaró Dalí en una publicación artística en 1931.

El Centro Pompidou de París expone hasta el 3 de marzo Le Surréalisme et l’objet (El surrealismo y el objeto), un exhaustivo acercamiento de más de 200 trabajos a las técnicas escultóricas de figuras fundamentales del surrealismo como Giacometti, Dalí, Calder, Picasso, Miró, Max Ernst, André Breton, Man Ray, Brassaï, Magritte, Claude Cahun...

La atmósfera de un parque temático

Centraron su atención en el objeto cotidiano, modificándolo hasta que perdiera su función habitual, como respuesta a aquellos que negaban el poder de los sueños y del subconsciente. Didier Ottinger —comisario de la exposición ayudante de dirección del Museo Nacional de Arte Moderno de Francia— explora esta idea de la "objetivización del sueño" e interpreta estos experimentos escultóricos como una manera efectiva de poner en jaque a la realidad. El auricular de un teléfono bien podía ser una langosta; una muñeca no tenía por qué tener principio ni fin.

La exposición recrea en conjunto la atmósfera de un parque temático o del recorrido misterioso de un tren fantasma, en honor a las opiniones de los críticos que —de los años treinta a los cincuenta— definieron con esos términos sus impresiones tras visitar las muestras históricas del surrealismo.

En un repaso cronológico la muestra exhibe los trabajos de 43 autores comenzando por los precursores "objetos encontrados" de Marcel Duchamp y los maniquíes de Giorgio de Chirico; dos manifestaciones que anunciaban el nacimiento de la corriente artística 10 años antes de que André Breton publicada el Manifiesto surrealista.

La pintura de un queso encerrada en una campana de cristal

La muñeca que Hans Bellmer creó a partir de extremidades de otras muñecas a comienzos de los años treinta, Cabeza de toro de Picasso —hecha con piezas de bicicleta— o la pintura de Magritte de un queso (encerrada en una campaña de cristal como para evitar el posible olor) son algunas de las llamativas piezas que alberga el Centro Pompidou. En el elenco hay también lugar para las creaciones recientes de herederos del surrealismo primigenio como Ed Ruscha, Cindy Sherman y Mona Hatoum.

A lo largo de 12 salas las secciones recogen además material documental sobre hitos del movimiento, como la Exposición internacional del surrealismo celebrada en París en 1933 y para la que el poeta Tristan Tzara elaboró la introducción del catálogo denifiniendo las creaciones como "objetos desagradables, (...) memorias del vientre materno, elementos de sueños proféticos, desmaterialización de los sueños". Exhibición surrealista de objetos (1936) fue una reafirmación del poder de la corriente intelectual y estética para hacer palpables las ideas que la sostenían. La segunda Exposición internacional (1938) dio paso a las "instalaciones" capitaneada por Duchamp, que pidió a los 16 participantes del evento que vistieran a maniquíes de escaparate.

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