Iris, en la incubadora
Iris, en la incubadora JORGE PARIS

Iris duerme plácidamente en la incubadora bajo la mirada atenta de sus padres. La niña nació a las 35 semanas de gestación y con solo 990 gramos de peso. Veinte días después, la pequeña va llenando el 'body' blanco y rosa que lleva puesto. Pesa 1.300 gramos. Apoyada sobre el costado derecho, Iris descansa tranquila después de que le hayan administrado, por una minúscula sonda, leche rica en proteínas que la mamá de otro bebé ha donado para ella.

La mamá de Iris, Sandra, todavía no puede alimentar por si misma a la pequeña. El estrés de un parto prematuro y el entorno hospitalario en el que se pasa el día entero dificultan la buena marcha de la lactancia natural. Aunque lo sigue intentando. "Me la pongo al pecho a cada ratito, para que sienta mi calor, intente agarrarse y pueda comenzar a mamar. Pero sale muy poquito", reconoce. Como las tomas resultan insuficientes para el empujón que necesita Iris, su principal alimento sale de un cuarto aledaño repleto de neveras, el banco de leche materna del hospital Doce de Octubre, uno de los siete bancos de leche humana que existen en España (Aragón, Baleares, Cataluña, Comunidad Valenciana, Extremadura y Madrid).

La leche materna de donaciones permite alimentar con mayores garantías a bebés prematuros como Iris y a los recién nacidos con afecciones graves que están forzosamente ingresados en la UCI pediátrica.

Madres comprometidas

"La leche materna es el mejor alimento que existe", defiende la responsable del banco del Doce de Octubre, María Teresa Moral, quien achaca todo mérito de su servicio a la "generosidad" y el "compromiso" de las 640 madres que desde 2008, fecha de su inauguración, han contribuido desinteresadamente con sus tomas.

La leche materna de donaciones permite alimentar con mayores garantías a bebés prematuros y a los recién nacidos con afecciones graves  Cada año, las neveras del banco de leche del Doce de Octubre almacenan hasta mil litros de leche materna. Ahora el hospital ultima, gracias a una donación de la Fundación Madrina, una reforma que duplicará sus instalaciones para poder incrementar el volumen de donaciones y servir a los servicios de neonatología de toda la región.

"Hasta ahora la leche solo alcanza para nuestros pacientes de neonatos y de la UCI pediátrica, pero nos pareció justo que también pudieran beneficiarse bebés prematuros de otros hospitales cercanos, tal y como nos propusieron algunas mamás donantes", explica la neonatóloga Moral.

El servicio a otros hospitales podrá comenzar en 2014. De momento se buscan mamás voluntarias y están estudiando la posibilidad de establecer más puntos de recogida de leche por la capital, mientras sueñan con emular a los bancos de leche de Brasil, donde son los propios bomberos municipales los que recogen a domicilio los biberones.

Protocolo riguroso

Ruth Chicharro es la mamá de Víctor, un vivaracho bebé de 8 meses que recibe con gestos de curiosidad y sorpresa las numerosas carantoñas que le dedica el personal del Doce de Octubre. Ruth acaba de sumarse al grupo de mujeres que compaginan la lactancia de sus bebés con la donación de su leche. Hoy ha traído su segunda tanda de biberones. "Ahora que Víctor ya duerme del tirón por la noches puedo guardarme la última toma del día para el hospital", explica.

Los carteles que adornaban la sala tras el parto donde Ruth dio a luz a Victor le animaron a presentarse como voluntaria del banco de leche. "Quise hacerme donante con mi anterior hijo, que tiene dos años y medio, pero entonces no me apañaba del todo bien con la lactancia y con la recién estrenada maternidad". Con Victor, por tratarse del segundo hijo, parece que le está resultando más fácil.

"La leche materna es un lujo para los niños, y más para los que se encuentran débiles. Venir aquí a donar mi leche me ha hecho valorar la suerte que he tenido de que mis hijos hayan nacido tan sanos", explica Ruth. La clave para compaginar la donación con la propia lactancia es "simplemente organizarse un poco", resume. "Me quedo despierta hasta un poco más tarde por la noche y me saco la leche".

El protocolo del Hospital Doce de Octubre es estricto. Las mamás deben extraerse la leche vistiendo gorro y mascarilla, utilizando un sacaleches esterilizado, para evitar cualquier posible contaminación. La congelación de ese preciado líquido debe ser inmediatamente congelado en biberones etiquetados por el hospital, al que llegarán con una cadencia quincenal como máximo y en una nevera portatil bajo acumuladores de frío.

Sin leche de fórmula

Hemos conseguido que los bebés de neonatos casi no reciban leche de fórmulaUna vez en el banco de leche, se analizan las propiedades nutritivas y se decide a qué niños conviene alimentar con ella. "Por ejemplo las leches de alto contenido calórico, para los bebés con problemas cardíacos", explica la neonatóloga María Teresa Moral. Cada bebé prematuro recibe siempre la leche de la misma mamá donante, "para seguir mejor su trazabilidad", explica la doctora Moral.

En estos cinco años, no han tenido que renunciar ni una gota de leche por contaminación. "Las donantes son súper rigurosas, luego hacemos cultivos y análisis y encontramos todas las propiedades nutritivas intactas", explican. El Doce de Octubre se enorgullece de haber conseguido que los bebés "prácticamente no reciban leche de fórmula durante su estancia hospitalaria".

En la sala contigua, Sandra y Rubén, los papás de Iris, continúan literalmente pegados a su pequeña. Fomentando el contacto cuerpo a cuerpo. Los médicos les dicen que les queda un par de meses de permanencia en el hospital. Un tiempo en el que gracias a la leche de una mamá que no conocen Iris conseguirá la fortaleza necesaria para dejar la incubadora.