La aventura de ser madre lo es por partida doble en Valencia, pues, según dónde una viva, cuenta, o no, con curso de preparación al parto.
 
Algunos centros de salud carecen de matronas (las encargadas de impartir las clases de educación para la maternidad/paternidad) y las embarazadas adscritas a ellos tienen que emigrar.
 
Otros sí tienen comadronas, pero los recursos a su disposición son insuficientes (falta espacio, colchonetas...). El resultado: gestantes hacinadas y padres que tienen que renunciar a acompañarlas para no agobiar aún más. En el peor de los casos, algunas mujeres tiran la toalla y no acuden a las clases preparto (cuatro de cada diez pasan de ir, aunque no sólo por ese motivo, según datos de la Conselleria de Sanidad).
 
Con bombos y hacinadas
 
Centros de salud como el de Benicalap, Luis Oliag, Economista Gay o Pintor Stolz, por poner varios ejemplos, no tienen matrona ni, por consiguiente, educación maternal.
 
Estos ambulatorios derivan a sus embarazadas a otros, y algunos ya no dan abasto. Un ejemplo: el de Torrefiel. Unas 25 gestantes (el número varía de un día a otro) conviven en un pequeño gimnasio. Sus parejas ni se asoman por allí porque no caben  y «algunas mujeres han tenido que dejar de venir», lamenta una de las que resiste.
 
Otro caso que ilustra el hacinamiento, esta vez en Puerto de Sagunto: hay 15 colchonetas para entre 17 y 30 embarazadas (la cifra baila según el turno) y hay que hacer turnos dentro de los turnos: mientras unas aprenden a respirar, otras tienen que ver vídeos. 
 
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Cada matrona toca a 80 partos
 
Un estudio del sindicato de enfermería Satse ayuda a entender por qué faltan matronas. Los nacimientos en la Comunidad aumentaron un 16,3% entre 1997 y 2003 (la tendencia sigue); sin embargo, la cifra de matronas ha subido un 2,5% (en 1997 había 72 partos para cada una y en 2003, 82).