'The Zero Theorem', genial extravagancia de Terry Gilliam

  • Terry Gilliam presentó su nueva película en el Festival de Sitges.
  • Aseguró que es "alegre y emotiva" teniendo en cuenta los tiempos que corren.
  • 'The Zero Theorem' todavía no tiene distribución en España.
Una escena de 'The Zero Theorem' que Terry Gilliam presentó en Sitges.
Una escena de 'The Zero Theorem' que Terry Gilliam presentó en Sitges.
Sitges 2013

La genialidad y el arte acostumbran a no casar demasiado bien con los negocios. O sino que se lo pregunten a Terry Gilliam. El ex integrante de los míticos Monty Phyton y director de títulos de culto del género fantástico del calibre de Brazil, Doce monos o El rey pescador, ha presentado en el Festival de Sitges su nueva obra, The Zero Theorem, por la que tuvo que luchar lo indecible para conseguir presupuesto, pese a su coste moderado.

The Zero Theorem ha costado 13,5 millones de dólares —unos 10 millones de euros-. En todo caso, mucho menos de lo que requería un proyecto de esta envergadura. Pero la frescura, vitalidad y entusiasmo de este veterano de nada menos que 73 años, no parece tener límites. En algunas sesiones en Sitges, fue recibido con honores de auténtico divo por parte del público, con ovaciones sinceras y él mismo dándole un apretón de manos a aquel que se lo pedía.

Un futuro no tan lejano que, con toda su extravagancia e ingenio, Gilliam presenta como si fuera de juguete, dominado por la tecnología, las empresas y la publicidad. Pero en realidad, lo que hace es reflejar la sociedad actual. En este contexto, la excusa de su argumento es el intentar averiguar, nada más y nada menos, cual es el sentido de la existencia humana. Allí es nada, y precisamente las respuestas parecen conducir a lo mismo, a la nada.

"¿Y el tener tanta información nos hace más felices? Mi respuesta es que no", aseguró el propio Gilliam durante la rueda de prensa. Interrogado sobre el tema, también se confesó un adicto a Internet y con su propia página en Facebook. Incluso mostró los dos móviles que llevaba en los bolsillos. "Pero la mayor parte de lo que encuentras en Internet es el cotilleo y el porno, lo demás es un añadido", respondió.

En cuanto a las interpretaciones soberbia es la del doblemente oscarizado —como actor secundario—, Christoph Waltz, el empleado informático al que su superior le encarga la (imposible) misión de descifrar la ecuación del porqué de la existencia. Waltz compone una memorable y arriesgada caracterización de un individuo asocial, obsesivo y solitario que sólo hallará alivio ante la presencia de otro joven genio de la informática y, sobre todo, ante la calidez de una prostituta —una Mélanie Thierry igualmente excelente—.

Lógicamente, hay en The Zero Theorem mucho de Brazil, El rey pescador y Tideland. De hecho, el artista siempre acaba dando vueltas sobre sus mismos temas y obsesiones. Gilliam aseguró que  "Cuando leí el guión, escrito por Pat Rushin, me fascinó porqué había visto absolutamente todas mis películas". Para él la imaginación y la libertad se erigen como los valores esenciales para afrontar la dura realidad junto con un sentido del humor inagotable.

Por ello sorprende que sus propuestas acaben empapadas de pesimismo. "Me parece muy poética y emotiva para los tiempos que corren", valoró el cineasta británico. Y aunque lo que cuente o muestre pueda sonar a visto, Gilliam se encarga siempre de transformarlo y hacerlo a su manera. Ni siquiera los célebres Matt Damon o Tilda Swinton, que tienen unas breves escenas, aparecen fácilmente reconocibles en pantalla.

Presentada en festivales como Venecia, San Sebastián y ahora Sitges, The Zero Theorem —que no dispone de distribución en España—, podrá ser considerada por unos (pocos) como una genialidad —entre los que me incluyo—, y por una obra menor seguramente por la mayoría. Pero al fin y al cabo lo que se trata es de "conectar" con ella. Una conectividad que es otra de las temáticas, tanto en el aspecto tecnológico como humano, del film.

Hielo e infierno posapocalíptico

En esta edición del festival seguimos moviéndonos en producciones de presupuesto modesto, como lo es la canadiense The Colony, dirigida y coescrita por Jeff Renfroe, y aunque su reparto contenga a nombres conocidos como Samuel L. Jackson y Bill Paxton.

Nos presenta un futuro posapocalíptico, un mundo devastado por los cambios climáticos. Un día empezó a nevar y desde entonces el planeta se ha convertido en un lugar casi inhabitable, cubierto de hielo, con escasez de alimentos y donde una simple gripe es mortal. Los pocos supervivientes se refugian en colonias bajo tierra. Con el ajustado presupuesto, Renfroe aún consigue crear unos más que aceptables efectos visuales.

El dictamen es que de la clase de películas que, sin resultar nada original —La cosa, de Carpenter, entre muchos otros títulos, vienen fácilmente a la memoria del espectador—, los aficionados al género pueden disfrutar perfectamente en una sesión a medianoche. También buena noticia es que contará con distribución en España.

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