El ministro de Exteriores alemán, Joschka Fischer, admitió ayer su responsabilidad por no haber tomado medidas para frenar la concesión irregular de visados en consulados alemanes del este de Europa, ya que fue suya la decisión de suavizar las condiciones para su emisión. Estas condiciones permitieron inmigración ilegal. El líder de Los Verdes aceptó comparecer ante un comisión parlamentaria. Fischer, el peso pesado de Los Verdes (que gobiernan en coalición con los socialdemócratas del SPD), se enfrenta estos días a la mayor crisis de su carrera. La supuesta negligencia abrió las puertas de su país a ciudadanos de Ucrania, Bielorrusia, Rusia y Kosovo.