Los ocho menores imputados en el caso Jokin, el joven de 14 años que se suicidó el pasado septiembre en Hondarribia (Guipúzcoa) por el acoso al que lo sometían sus compañeros de instituto, declararon ayer en San Sebastián que le habían dado algún cachete y se habían burlado de él, pero negaron haberle propinado palizas.
 
Los acusados, siete chicos y una chica, fueron juzgados a puerta cerrada. Acudieron a declarar el padre de Jokin, una veintena de testigos protegidos, amigos y compañeros del joven, psiquiatras y la jefa de estudios del instituto.
 
La madre no asistió
 
Por recomendación médica, la madre de Jokin no pudo acudir al juicio, que se celebró en el Palacio de Justicia para proteger la identidad de los menores, aunque el caso corresponde al Juzgado de Menores. La Fiscalía solicitó una pena de hasta 15 meses de libertad vigilada y la acusación particular pide más de cuatro años de reclusión en centros de régimen cerrado para cada uno. La familia también ha denunciado a cuatro responsables del centro por dejación en sus funciones de tutela del menor.
 
Otros casos de ‘bullying’
 
Jokin decidió saltar desde la muralla de Hondarribia para acabar con el acoso que recibió durante un año. Pero no es la única víctima de este fenómeno denominado bullying. Una compañera suya se tuvo que cambiar de centro, un mes más tarde, por las vejaciones que sufría; y el pasado viernes la Audiencia Nacional condenó al Ministerio de Educación a indemnizar con 3.000 euros a un niño de Ceuta tras recibir una paliza en el colegio.