El juicio por el atropello cometido en enero de 2012 en Bailén (Jaén) supuestamente por un hombre de 36 años y en el que su sobrina, una niña de cinco años, falleció, y una hermana y un cuñado suyos resultaron heridos, ha quedado visto para sentencia en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Jaén después de que las partes elevasen a definitivas sus peticiones, que en el caso de la Fiscalía y la acusación particular pasan por una solicitud de 46 años de cárcel.

El abogado que ejerce la defensa del acusado, Enrique del Castillo, ha indicado a Europa Press que el juicio concluyó este lunes a última hora de la tarde, al tiempo que ha confirmado que, en su caso, ha ratificado su petición de una pena total de nueve meses de prisión para su cliente, al entender que en la comisión de los hechos enjuiciados no hubo "intencionalidad, sino imprudencia".

De esta manera, el letrado de la defensa pide una pena de seis meses de prisión por un delito de homicidio por imprudencia, y otra de tres meses por lesiones cometidas también de forma imprudente, mientras que la Fiscalía y la acusación particular solicitan un total de 46 años de cárcel por un delito de asesinato consumado y dos en grado de tentativa, así como por uno de amenazas graves.

En su declaración judicial, el encartado negó este lunes que tuviera intención de matar a nadie y explicó que todo ocurrió "muy rápido", de modo que "estaba intentando aparcar" con su coche "y de pronto se vio estampado", sin haber visto que antes que en la puerta de la casa de su madre se encontraban los tres familiares implicados en el suceso, que calificó de "desgracia" de la que "lo que más siente" es la muerte de su sobrina, "compañera de juegos" de su hijo.

"En ningún momento tuve intención de atropellar", aseveró el procesado durante su declaración, en la que reconoció que el día en el que ocurrió el fatal suceso "se enfadó" al llegar a casa de su madre y ver que ésta había instalado un candado en la azotea, en la que años atrás su padre —ya entonces fallecido— tenía instalado un palomar al ser, como él mismo, "aficionado a la ornitología", lo que le impedía acceder a dicha habitación.

Según relató en el juicio su hermana Carmen, madre de la niña fallecida, su hermano quería instalar en esa azotea un palomar porque había tenido "problemas" con los vecinos del bloque en el que vivía por los pájaros de los que cuida en su domicilio, algo que el encartado negó, razonando que dispone de "una propiedad de sus padres de 200 metros cuadrados" en la que puede disfrutar de esa afición.

No obstante, el procesado sí admitió que al ver ese candado bajó "enfadado" a preguntarle a su madre "por qué había puesto allí un cerrojo", y a pedirle una llave para entrar en esa habitación. Ha señalado que se lo planteó "a voces", pero que es así como "siempre hablan" entre ellos.

Su cuñado Francisco —marido de su hermana Josefa—, presente en ese momento en la casa, trató de terciar en la discusión, algo que molestó al acusado, que le pidió a éste que "no se entrometiera" en esa "conversación".

Estaba "muy nervioso"

De acuerdo a su testimonio, tras esta discusión —durante la que "movió los brazos" pero "no pegó patadas"—, se marchó a su casa con su hijo, se montó en su coche y regresó al domicilio de su madre —próximo a la suya—, "dio unos golpes en la puerta y pidió que le dejaran pasar". Según su hermana Carmen, cuando volvió, su hermano empuñaba una navaja y amenazaba a su cuñado con ella, "jurando por su padre que lo iba a matar", algo que ratificó, también en la sesión del juicio celebrada este lunes, otra de sus hermanas, Josefa.

Tras este incidente, el acusado contó que se montó en su coche, "muy nervioso" porque acababa de descubrir que tenía "sangre" en el labio, algo que "no sabe" si se lo causó él mismo "mordiéndose el labio" o fue consecuencia de una supuesta agresión de su cuñado. A partir de ahí, "fue todo muy rápido", de forma que, cuando "quería aparcar" en la calle del domicilio de su madre, "de pronto se vio estampado" en la calle, y cuando se bajó del vehículo vio a su cuñado tumbado en el suelo, pero "no se dio cuenta" de que era él. Pensó que era una persona que, en todo caso, estaba muerta.

Tanto su hermana Josefa como su cuñado Francisco y su sobrina Lucía se encontraban en la puerta del domicilio de la madre del acusado, adonde habían salido una vez que éste se había marchado "con la navaja". El procesado afirmó que al ver a su cuñado tirado en la calle le entró "un miedo atroz", y se marchó a su casa.

"No sabía ni dónde estaba", insistió tras reconocer que "le gusta conducir rápido", aunque sin precisar a qué velocidad circulaba en ese momento en una vía cuyo límite es 40 kilómetros por hora, según precisó la fiscal, y tras subrayar que en esa tarde "no había bebido", y que "normalmente no bebe". Además, aseveró que cuando se bajó del coche tras la colisión no vio que su sobrina Lucía estaba allí, porque "de haberla visto no se hubiera movido" del lugar.

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