El 9,3% dice que conoce algún caso de turismo sexual infantil

Nueve de cada diez rechazan esta práctica y el 22% cree que la mayoría de los compatriotas que van a países pobres busca tener relaciones con niños, según dice un estudio de Unicef.
Victoria Noguerol.
Victoria Noguerol.
El 9,3% de los españoles dice que conoce o ha oído hablar del caso de alguna persona que ha mantenido relaciones sexuales con menores durante un viaje, pero el 87,5% dice que ni lo conoce ni ha oído hablar de ello, según refleja un estudio presentado por Unicef sobre la Actitud de la sociedad española ante la explotación sexual infantil en los viajes.
Con una muestra de 1.200 encuestados, el informe concluye que el 90% de ellos considera este fenómeno algo generalizado en países subdesarrollados. Un 22% dice que la mayoría de los que viajan a estos países van buscando relaciones sexuales con niños.

Varón, entre 40 y 60 años

No existe un perfil concreto de estos turistas, ya que son «explotadores ocasionales», pero suele responder al de un varón de 40 a 60 años que al viajar (preferentemente al Caribe, Centroamérica y el sudeste asiático) busca prostitución adulta y, sin planearlo, según Unicef, acaba manteniendo relaciones con menores de edad.

El rechazo a este tipo de prácticas es unánime. Un 85% lo desaprueba y cree que debería castigarse con penas de cárcel. Aunque no existen datos nacionales del número de españoles que practica relaciones sexuales con menores, en diciembre el Gobierno aprobó una reforma del Código Penal que impone sanciones expresas para este tipo de clientes, con penas de hasta cinco años de prisión.

Durante el año 2004, en España 252 menores fueron víctimas de algún tipo de abuso. Hasta 1,8 millones de niños en todo el  mundo se ven obligados a prostituirse. Una práctica que mueve 12.000 millones de dólares al año y que la convierte en el tercer negocio ilegal más lucrativo, detrás de las drogas y el comercio de armas.

Código de Conductas

Las empresas relacionadas con este sector están cada vez más concienciadas. Por ello, cadenas hoteleras como Barceló o Sol Meliá ya han suscrito el Código de Conducta de la ECPAT (del inglés, Final de la Prostitución Infantil, Pornografía y Tráfico de Niños con Propósitos Sexuales), Unicef y la Organización Mundial del Turismo. Con este acuerdo se comprometen a formar a sus empleados contra la explotación infantil o a incluir una cláusula en los contratos en la que declaren su rechazo a este tipo de abusos.

La opinión de dos expertos en la atención a la infancia

Victoria Noguerol. Psicóloga.

«El menor sufre secuelas irreversibles».

Aunque tenemos la experiencia del Tercer Mundo, donde las niñas son usadas en la prostitución o el abuso sexual, en España ocurre lo mismo a otros niveles, sin ese grado de masificación. Aquí tenemos menores usados como modelos pornográficos u objeto de prostitución por redes de personas de niveles culturales muy altos. Ocurra donde ocurra, el uso de un menor como un objeto sexual deja en él secuelas irreversibles. Nuestra experiencia con víctimas y agresores nos demuestra que sin intervención psicológica, esta vivencia degenera en intentos de suicidio, depresiones crónicas, trastornos disociativos de la personalidad, etc. Por ejemplo, en el 96% de los casos, las víctimas de trastornos disociativos han tenido severísimas experiencias de malos tratos durante su infancia.

G. Cánovas. Pdte. ACPI y Protégeles.

«Son sus vecinos».

La inmensa mayoría de los explotadores sexuales de menores en el Tercer Mundo son sus vecinos. Aunque es igual de execrable, el porcentaje de extranjeros es mínimo. En la Asociación Contra la Pornografía Infantil (ACPI) creemos que la solución pasa por dotar de recursos a las familias, así como la sensibilización y presión a los gobiernos de estos países para que adopten medidas de protección a la infancia. En Tailandia se hizo así y está funcionando.

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