La desalojan de su piso porque sus vecinos no soportaban los olores

Sanidad ya tenía varias quejas. La mujer sufría esquizofrenia, acumulaba basura y vivía con dos perros, a los que no sacaba.
Se acabó el calvario en el que vivían los vecinos del número 12 de la avenida Primo de Rivera. Al menos, por ahora. Los servicios de Sanidad del Ayuntamiento de Murcia desalojaron ayer a una mujer de su vivienda. Acumulaba bolsas de basura durante meses y no sacaba a pasear a sus dos perros.Los vecinos no soportaban más los fuertes olores y ya habían presentado varias quejas en Sanidad.

Hace unos días se presentó en el domicilio un inspector médico de la Concejalía para comprobar la situación en la que vivía la mujer. Llamó a la puerta, pero no obtuvo respuesta, aunque comprobó que la vivienda desprendía un fuerte olor.

Fue entonces cuando Sanidad acudió al juzgado para ver de quién era la casa. Vieron que la mujer estaba incapacitada y que su tutela la tenía una hermana. Al parecer, la mujer tiene problemas mentales, ya que sufre una esquizofrenia.

Ayer, no hizo falta una orden del juzgado para desalojar la casa porque la hermana firmó la autorización.

La mujer vivía acompañada de sus dos perros, a los que, según algunos vecinos, nunca sacaba a pasear. «Los animales dejaban sus excrementos dentro y ella nunca limpiaba. Tampoco abría las ventanas para que la casa se ventilase», cuenta una vecina, aunque muchos no querían hablar por temor a las represalias de la mujer.

Los vecinos de tres bloques de edificios se han puesto de acuerdo para acudir a Sanidad a quejarse, ya que los tres bloques dan a un mismo patio de luces y todos sufrían las molestias.

La mujer ha sido trasladada al Hospital Morales Meseguer, donde se encuentra ingresada, aunque en un par de días volverá a su hogar.

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Olor a carne putrefacta

20 minutos se acercó ayer hasta la puerta donde vivía la mujer que fue desalojada y pudo comprobar cómo las quejas de los vecinos estaban más que sustentadas. El olor que salía de la vivienda era tal que hasta había que taparse la nariz para aguantar un minuto en el rellano. Olía a basura y a carne podrida, como cuando se va la luz de un frigorífico y los alimentos se echan a perder. A pesar de todo, la mujer no sufría el síndrome de Diógenes, una enfermedad que quien la padece no para de acumular todo tipo de objetos que encuentra por la calle.

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